Una vez más, Fomento actúa mal y tarde

Sobre la crisis de Vueling

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Barcelona, SP.- (Meritxell Codina Blog)/Hace ya semanas e incluso meses que las críticas y protestas hacia la aerolínea Vueling se multiplicaron. Testigo de ello, han sido, en especial, las redes sociales. Pero, en los últimos días y coincidiendo con el arranque de la temporada de verano, a las quejas de los pasajeros porque cada vez hay más gente en los aviones y menos espacio entre los asientos, porque tienen que pagar un fee para poder comprar vuelos a través de la web y porque han de hacer frente a precios cada vez más altos –más propios de una aerolínea tradicional que de un servicio low cost-, se han sumado las miles de reclamaciones por los grandes retrasos, cancelaciones e incidencias con los equipajes.

Ante este panorama, debemos plantearnos tres preguntas clave: ¿cómo se ha llegado a esta situación?, ¿qué consecuencias tiene para los pasajeros y los trabajadores de Vueling?, y ¿se podría haber hecho algo más para evitarlo?

¿Cómo ha llegado Vueling a la situación de caos que se está viviendo en los últimos días?

Vueling afronta este verano el programa comercial más ambicioso desde su fundación, ofertando a sus clientes más de 400 rutas. Pero, para poder llevarlas a cabo, necesita disponer de recursos. Poder sacar adelante la temporada tal y como estaba programada implica que las aeronaves de las que dispone la compañía deben estar operando al máximo de sus posibilidades, al igual que su personal. En este horizonte previsto por la compañía, no hay lugar para los imprevistos. No obstante, la experiencia dice que no se puede planificar en base a la teoría pensando que “el papel lo aguanta todo”, sin valorar todos los factores y sin prever un mínimo margen de actuación ante posibles eventualidades.

Una planificación débil y deficiente de la temporada supuestamente realizada por el anterior equipo directivo, que lideraba Álex Cruz, ha dejado un caramelo envenenado a la nueva cúpula encabezada por Javier Sánchez-Prieto, que se ha encontrado con una planificación muy justa, sin demasiado margen de tiempo para actuar y realizar los ajustes y cambios que hubieran sido necesarios para normalizar, o mejor dicho, racionalizar la operativa de la aerolínea de cara al verano.

La tensión ha llegado a todos los eslabones de la compañía, alcanzando cotas máximas. Vueling vive sumida en un caos y descontrol que ha llevado a sus directivos a tomar decisiones que son, cuanto menos, cuestionables, en opinión de quien escribe. Ejemplo de ello es el hecho de ignorar las advertencias de los sindicatos y profesionales que alertaban desde hace tiempo de la falta de planificación y del riesgo de colapso así como haber prescindido a la Directora de Programación por ser crítica y haber puesto objeciones a la planificación.

¿Qué consecuencias tiene para pasajeros y trabajadores?

Miles de pasajeros se han visto afectados en los últimos días por cancelaciones de vuelos o grandes retrasos en los trayectos de Vueling. A muchos les ha impedido iniciar las vacaciones en el momento previsto, a otros les ha imposibilitado acudir a reuniones de trabajo… la afectación ha sido evidente. Ante esta situación, los pasajeros tienen derecho a asistencia y en algunos casos a compensaciones. En este sentido, cabe recordar que las aerolíneas están obligadas por las autoridades aeronáuticas y el reglamento internacional y comunitario a dar asistencia y compensar a los pasajeros en caso de que se produzcan situaciones de este tipo que, si bien son puntuales y excepcionales, pueden suceder.

De lo que se ha hablado menos estos días, es de las otras víctimas de la situación: los trabajadores de Vueling. En las terminales de los aeropuertos, se ha tenido que reforzar la seguridad ante los mostradores de facturación y atención al pasajero de la aerolínea con presencia policial, a fin de evitar altercados, pero sobre todo para preservar la integridad física de los trabajadores de handling, colectivo que tiene su propia batalla por la situación de precariedad laboral en la que se encuentran. Son ellos quienes dan la cara por la compañía ante los pasajeros atendiendo y gestionando sus quejas. Y lo hacen a cambio de 700 euros al mes. Es lamentablemente e intolerable que algunos hayan llegado a ser agredidos físicamente por pasajeros que han perdido los nervios.

Por su parte, los miembros de las tripulaciones tanto pilotos como TCP’s están trabajando al límite de los márgenes permitidos, lo que está llevando al personal a situaciones de estrés y fatiga que pueden llegar a suponer un riesgo para la seguridad de las operaciones. A pesar de que la compañía ha venido contratando personal en los últimos meses, no pueden disponer de ellos por encontrarse todavía en fase de instrucción.

¿Se podría haber evitado esta situación?

Una vez más, el Ministerio de Fomento y la Secretaría General de Transportes actúan mal y tarde, algo que, por desgracia, ya no sorprende y parece ser que los profesionales del sector en España ya han normalizado en los últimos tiempos. Es cierto que ni Aviación Civil ni AESA pueden interferir en la gestión de los recursos de una aerolínea, pero no es menos cierto que el principal cometido de AESA consiste en velar por garantizar la seguridad de las operaciones, y para ello, entre sus competencias, está la de comprobar que una aerolínea que está creciendo a pasos agigantados a un ritmo sin precedentes en nuestro país dispone de todos los recursos que garanticen su viabilidad. En este sentido, dispone de instrumentos como la División de Supervisión Económica de Compañías.

No hay que olvidar que además, AESA es la encargada, a través de Dirección de Seguridad de la Aviación Civil y Protección al Usuario, de velar por el cumplimiento de los derechos que asisten a los pasajeros. Por lo que la Agencia ostenta doble responsabilidad en el caso que nos ocupa.

Se prefiere dejar que las cosas sucedan para actuar en consecuencia buscando la sanción, que hacerlo preventivamente y evitar así que se produzcan situaciones tensas, delicadas o peligrosas. El Ministerio de Fomento, ante tal situación, debería volcar todos sus esfuerzos en solucionar el descontrol que se está viviendo, poniendo todos los medios a disposición de ello y trabajando codo con codo con la aerolínea para normalizar la operatividad de Vueling. Y a habrá tiempo para analizar lo sucedido, y, si fuera necesario, suspender, sancionar y depurar responsabilidades.

En esta ocasión, la Generalitat de Catalunya, a través de la Secretaria de Transports, dependiente del Departament de Territori i Sostenibilitat, aunque sin marco competencial para ello, se ha adelantado a Fomento solicitando explicaciones a Vueling y ejerciendo la única baza de la que disponen, que es la de garantizar que se cumplen los derechos de los pasajeros a través de la Agència Catalana de Consum.

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