
«Parecía que iba a viajar el Príncipe o el Rey»
El próximo 1 de julio se cumplen 22 años del aterrizaje del 'Concorde' en Villanubla, contratado por la cooperativa Acor para premiar a sus socios
Hace siete años que el 'Concorde' dejó de surcar los cielos. El primer avión supersónico comercial no pudo superar los efectos de la crisis aérea provocada por los atentados del 11-S y las compañías Air France y British Airways empezaron a perder a los viajeros del 'pájaro blanco' dispuestos a desembolsar alrededor de 5.000 euros por billete. A la lista de sus ilustres pasajeros -Margaret Thatcher, la reina de Inglaterra y el Papa Juan Pablo II, entre otros- se unieron el 1 de julio de 1988 los nombres de 400 castellanos y leoneses que, gracias a los llamados 'viajes sociales' de la cooperativa azucarera Acor, pudieron sentir en primera persona la sensación de volar a 2 .405 kilómetros por hora. Su destino no era en aquella ocasión Nueva York, sino la isla de Gran Canaria. Para ello, Acor destinó alrededor de treinta millones de las antiguas pesetas. «Acor pasa la barrera del sonido», rezaba un anuncio de media página en EL NORTE DE CASTILLA del 5 de julio de 1988. «Siguiendo una carrera más rápida que la del Sol, a dos veces la velocidad del sonido, han volado hacia Canarias nuestros socios con el único fin de que puedan disfrutar también de las técnicas aeronáuticas más avanzadas del momento», decía el texto que acompañaba aquel titular. Y así fue. 200 socios y trabajadores de la cooperativa vallisoletana subieron al 'Concorde' el 2 de julio de 1988 en el aeropuerto de Villanubla -100 en un vuelo por la mañana, y otros 100, por la tarde- para iniciar una estancia de once días en la playa del Inglés. A su llegada al aeropuerto de Gran Canaria, otros 200 cooperativistas que ya habían disfrutado de sus vacaciones en la isla se subieron al mismo 'pájaro blanco', también en dos turnos, rumbo a Valladolid. Una noche en Villanubla «Cuando aterrizamos recuerdo que nos quedamos esperando allí una hora para ver despegar el avión. El despegue era lo que más no había impresionado, así que todos queríamos ver cómo salía. Parecía que iba a necesitar mucha más pista de la que había y salió sin apenas utilizar un trozo pequeño», recuerda José Luis Muñoz, uno de los privilegiados socios de Acor que tomó uno de aquellos dos vuelos Valladolid-Gran Canaria del 'Concorde Sierra Delta' de Air France. Aunque el primer viaje del Concorde desde Valladolid no saliera hasta la mañana del día 2 de julio, la tarde anterior la nave ya aterrizó en el aeropuerto de Villanubla. «Expectación y curiosidad en Villanubla ante el aterrizaje de un Concorde», titulaba EL NORTE DE CASTILLA en su portada del 2 de julio de 1988. «Varios centenares de personas se congregaron desde primeras horas de la tarde para presenciar de cerca este moderno aparato que, por primera vez, aterrizaba en el aeropuerto de Villanubla y la quinta en toda España», se podía leer en el artículo con el que se abría la sección de Valladolid aquel día. «La presencia de un 'Concorde' en Valladolid creó ayer expectación y curiosidad en Villanubla, a cuyo aeropuerto y sus inmediaciones se trasladó numeroso público, que dio lugar a que en algunos momentos se organizase un verdadero embotellamiento en la carretera de León», describía el redactor que cubrió la noticia para este diario. «Lo que mejor recuerdo es la expectación que había en el aeropuerto de Valladolid con tanta prensa. Parecía que iba a viajar el Príncipe o el Rey», rememora Mari Cruz Torres, otra de las afortunadas cooperativistas que viajó en uno de aquellos cuatro vuelos del 'Concorde'. «El avión era muy elegante, estrechito y muy largo. El viaje fue tan rápido -en hora y media ya estábamos en Canarias- que no nos dio tiempo a enterarnos de mucho, pero el ruido de los motores lo recuerdo muy bien», explica esta socia de la localidad salmantina de Cantalapiedra.







