Hasta siempre, Culopollo: la Patrulla Águila pone fin a la era del C-101 con un homenaje inolvidable

La Patrulla Águila dice adiós al mítico Aviojet en un emotivo homenaje cargado de historia, acrobacias y orgullo español

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Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- El rugido de los motores, el zumbido inconfundible de una escuadrilla en formación y los cielos de San Javier teñidos de humo rojo y amarillo. Este fin de semana, el Ejército del Aire y del Espacio cerró un capítulo imborrable de la historia de la aviación española con la despedida oficial del CASA C-101 Aviojet, conocido cariñosamente como “Culopollo”, en el festival aéreo Aire 25, celebrado en Murcia. No fue solo un evento técnico ni una efeméride más: fue una despedida con alma, un adiós a una leyenda.


Festival con corazón y memoria

Aire 25 no fue una exhibición cualquiera. Fue una fiesta aérea y nostálgica que celebró el 40º aniversario de la Patrulla Águila, pero también el adiós definitivo a uno de los aviones más simbólicos del Ejército del Aire: el CASA C-101, el reactor de entrenamiento y acrobacia que ha forjado generaciones enteras de pilotos y emocionado a millones con sus exhibiciones.

El evento, que tuvo lugar en el aeródromo de San Javier, reunió a miles de personas, familias, veteranos y entusiastas de la aviación que vinieron a despedirse de un símbolo nacional. La presencia del Rey Felipe VI, quien voló en un Pilatus PC-21, el avión suizo que sustituye al C-101, añadió solemnidad y relevancia institucional al homenaje.


¿Por qué “Culopollo”? El apodo que conquistó los cielos

El sobrenombre “Culopollo” no es oficial, pero sí profundamente español. Hace referencia a la peculiar forma de la parte trasera del avión: redonda, compacta y entrañable, como el trasero de una gallina. Una forma que lo hizo único y querido.

Este avión, nacido del genio técnico de la industria aeronáutica española en los años 70, fue una joya de ingeniería nacional. Su primer vuelo tuvo lugar en 1977 y entró en servicio en 1980. Desde entonces, el C-101 ha sido testigo y protagonista de las transformaciones del Ejército del Aire y un embajador perfecto de la destreza española por todo el mundo.


Último vuelo de una era

El momento más esperado del festival fue la última formación oficial de la Patrulla Águila con los C-101. En formación cerrada, con precisión quirúrgica y elegancia española, los aviones dibujaron en el cielo los colores de la bandera. En un gesto simbólico y emotivo, uno de ellos se separó de la formación: el “despegue del alma, un homenaje aéreo que rinde tributo a lo que se va, pero deja huella.

La Patrulla compartió aire con un F-86 Sabre y un PC-21, marcando el paso del testigo entre generaciones de aviones. Una postal aérea con olor a historia.


La industria que pudo ser y no fue

El adiós al C-101 también deja una sombra inevitable: el lamento de una industria nacional truncada. El C-101 fue el último avión a reacción totalmente diseñado y fabricado en España. Su despedida simboliza no solo la retirada de un aparato, sino también la pérdida de autonomía industrial en el sector aeronáutico militar.

Proyectos como el Airbus AFJT y el olvidado CASA AX no pasaron del plano conceptual, mientras países como Italia siguen diseñando y fabricando sus propios entrenadores como el M-346 Master. En cambio, España ha optado por comprar aviones suizos (PC-21) o, próximamente, posiblemente turcos (TAI Hürjet) para sustituir también al F-5BM.


¿Fin del vuelo o inicio de otra travesía?

Pero no todo es tristeza. Si algo ha demostrado el C-101 es que los sueños también vuelan. En cada maniobra, en cada exhibición y en cada piloto formado, queda el legado de este noble reactor. Su silueta, sus giros, su humareda tricolor seguirán grabadas en la retina colectiva de un país que aprendió a mirar al cielo con orgullo.

Además, el 25 aniversario de la Patrulla Águila, que se celebró también en Aire 25, puso de relieve la importancia de seguir contando estas historias. De rendir tributo a lo que fuimos y sembrar lo que queremos ser. Porque la aviación no es solo tecnología: es memoria, es nación, es vocación.


Hasta siempre, C-101

Desde su base en San Javier, el “Culopollo” se retira como se merece: entre aplausos, acrobacias y lágrimas. Pocos aviones han logrado volar tantos años, enseñar a tantos y emocionar a tantos otros. El C-101 no era solo una aeronave; era un símbolo de lo que España fue capaz de construir por sí sola.

Y aunque sus motores ya no rugirán como antes, su eco seguirá surcando los cielos de la memoria.

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