Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- El pasado 25 de julio, ACI EUROPE lanzó una advertencia contundente: tras la decisión de la UE de permitir el transporte seguro de líquidos, aerosoles y geles (LAG) de hasta 2 litros en cabina en aeropuertos con tecnología avanzada de detección, surge la evidencia de un fallo estructural. El retraso monumental en la recertificación del equipo desarrollado por un fabricante clave retrasa beneficios y genera inequidad operativa.
100ml liquid limit set to be scrapped for flyers across Europe https://t.co/eWRtbVKTF7
— Metro (@MetroUK) July 26, 2025
La autorización tan esperada llega casi tres meses después de que el Reino Unido ya homologara el mismo equipo, lo que pone de manifiesto una ineficiencia que afecta directamente a terminales europeas que apostaron por la inversión tecnológica. Durante este tiempo, a pesar de contar con escáneres capaces de detectar explosivos líquidos con precisión, muchos aeropuertos debieron seguir aplicando el límite de 100 ml impuesto en 2006.
Tecnología moderna y experiencia de pasajero vs burocracia retrasada
Los escáneres CT 3D introducidos en aeropuertos como Roma, Milán o Múnich tienen la capacidad de analizar líquidos en contenedores de hasta 2 litros, eliminando procedimientos virtualmente obsoletos. Esto no solo mejora la eficiencia operativa, sino que permite a los agentes de control enfocar su atención en amenazas más sofisticadas.
Sin embargo, ACI EUROPE advierte que mientras solo un fabricante cuenta con equipo aprobado, otros desarrolladores con tecnología equivalente o superior no tienen idea de cuándo serán sometidos a pruebas ni recibidos con un marco normativo transparente. La consecuencia directa es que, a pesar del avance tecnológico, decenas de terminales no pueden ofrecer ventajas operativas a los viajeros.
Sistema de certificación que ya no responde a las exigencias actuales
El mensaje es claro: las amenazas geopolíticas, cibernéticas y físicas demandan un nuevo régimen de seguridad aeroportuaria. Según ACI EUROPE , el sistema actual se basa en gran medida en cooperaciones de buena voluntad entre Estados miembros. Las metodologías de prueba no siempre coinciden y la validación de resultados puede tardar meses. Lo más preocupante: mientras tanto, los ciudadanos europeos permanecen expuestos a riesgos sin beneficiarse de las herramientas recientes.
Por todo ello, se reclama un reinicio completo del sistema de certificación, con la Comisión Europea liderando un enfoque unificado, transparente y eficiente, alineado con Reino Unido y Estados Unidos. Solo así, subrayan, se avanzará en la Estrategia de Seguridad de la Aviación de forma efectiva y oportuna.
Flying soon? Here's something you should know.
— The Travel Magazine (@TravelMagazine) July 22, 2025
Some UK airports are scrapping the 100ml liquid rule thanks to new scanners. That means no more squeezing your essentials into tiny bottles but not every airport is on board yet.
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Implicaciones prácticas para aeropuertos y viajeros
Para los aeropuertos que ya cuentan con escáneres avanzados, la recertificación podría desencadenar un ahorro de tiempo en colas, menos interferencias operativas y una mejora significativa en la percepción del servicio. Para quienes operan aún con sistemas tradicionales, el reto persiste: la frustración de haber invertido sin poder desplegar plenamente las ventajas.
La lentitud en la homologación también impacta al sector tecnológico, desincentivando a otros fabricantes a invertir en innovación si no hay plazos claros ni criterios comunes de evaluación y certificación. Sin cambios estructurales, Europa corre el riesgo de quedarse atrás en la adopción de herramientas modernas que ya se implementan en otras regiones.
¿Por qué debe importarle este asunto a Europa?
Este no es solo un asunto técnico: es una cuestión de autonomía estratégica europea. Tener un sistema robusto para validar nuevas tecnologías de seguridad garantiza que el continente pueda responder con rapidez y eficacia a nuevos riesgos, sin depender de otras jurisdicciones o sistemas. Además, refuerza la confianza de los ciudadanos en la aviación, en tiempos donde cualquier fallo en seguridad resuena con impacto político y social.
La presión también proviene del contexto estival: con tráfico aéreo en pleno auge, la insistencia de mantener normas obsoletas durante el periodo de alta actividad pone en jaque el equilibrio entre seguridad, eficiencia y experiencia del pasajero.






