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enero, martes 26, 2021

Cuando el diablo está a 430 metros

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A 430 metros. A esa distancia está, según el Google Earth, la casa de Carmen Trujillo (66 años, vecina de Las Puntillas) de la cabecera sur de la pista 03L-21R del aeropuerto de Gran Canaria. "Ahí está el diablo", vocifera esta madre de seis hijos desde la azotea de su inmueble mientras un Boeing de una compañía nórdica enfila con su morro al noreste y calienta motores para despegarse del suelo a más de 200 kilómetros por hora. (A.J.F./LAS PROVINCIAS)

Para escuchar a Trujillo, que hace aspavientos y señala con su mano su oído derecho asegurando: "Por aquí no oigo nada", el periodista tiene que hacer un esfuerzo titánico de concentración. "Dentro de mi casa la cosa no mejora mucho", recalca. Y es que Carmen es la dueña de la vivienda que existe en el número 26 de la calle Kant, a la vera de Gando, una de los pocos inmuebles de esta vía en los que aún no se han llevado a cabo tareas de insonorización con la colocación de puertas y ventanas. "Y no será por papeles, que ya se los llevaron el año pasado", sentencia a modo de queja.

Carmen ha tenido en vida mucha paciencia con la "persecución" que dice sufrir del aeródromo. "Ya me echaron de la playa de Gando hace 50 años y ahora mire lo que soporto. Esta casita la levantó mi padre y mi marido se me fue diciéndome que no vería las puertas nuevas. Y así ha sido. Me tienen que poner 5 o 6 y otras tres ventanas y esto ya se vuelve horrible cuando pasan los otros aviones, los del diablo. Así me tienen, tomando pastillas para dormir desde que se murió mi esposo", narra mientras se bate en franca retirada de la azotea y señala un F-18 que toma tierra por la otra pista, la 03R-021L, la que habitualmente usan los militares.

A unos metros, María Jesús Benítez reporta historia y problemas similares. "Estoy medio sorda. Un especialista me dijo que me comprara un sonotone. A veces empiezo a hablar y ni me escucho", se justifica mientras se acerca a una furgoneta que vende frutas y algo de queso de forma ambulante los miércoles y domingos por el barrio. A ella le va, eso sí, un poco mejor. "Mi casa me la han arreglado a medias, aún me faltan algunas puertas y ventanas, pero sí he notado menos ruido".

Saro Perdomo, que huye de la cámara, se suma a la charla. "Yo estoy cansada de esto. Me expropiaron de Gando por 3.600 pesetas en 1956, cuando mi marido ganaba 21 duros en los hornos de cal. Y ahora escuche".

Vistas para quedar sordo

El que pone el broche a la ruta es Manuel Delgado, de 75 primaveras y titular de una de las casas más coquetas de la playa de Ojos de Garza.

Allí dispone de un balconcito a la derecha del único bar de la cala, con una vista privilegiada en lo alto de una vivienda desde la que casi se puede ver la marca de los neumáticos de las aeronaves cuando aterrizan apuntando al sur y sobre la que no pende demolición alguna. "A mí no me afecta el deslinde. Esto es legal".

El problema que tiene es que la suya fue una de las primeras edificaciones a las que se les metió mano. "Me pusieron ventanas dobles y puertas, pero no todas las que deberían. Me faltan cuatro. Eso creo. Y lo digo porque sigo oyendo el mismo ruido que antes. De día y de noche", advierte con el olor a fritura de pescado tomando la estancia. Manuel recorre su casa en dos minutos para mostrar los vanos con una carpintería de aluminio blanco que, a su juicio, le ha dado más problemas que soluciones. "Por la claraboya que me pusieron me entra agua cuando llueve y en la ventanita del baño de arriba, que pega con el dormitorio, no me pusieron nada, con lo que sigo teniendo zumbido. Si lo llego a saber, no les dejo entrar y dejo mi carpintería de madera".

Tras dos décadas en la playa, describe cómo calibraron los decibelios que soportaba en su hogar. "Se pusieron con un motor ahí fuera y un medidor dentro", resume. Y cuando se le pregunta por las maniobras militares, el primer símil que se le viene a la cabeza es el de comparar a los cazas con "los truenos".

Tres historias de las muchas que se pueden oír en el este grancanario… con permiso de los reactores.

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