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julio, lunes 4, 2022

Deconstruyendo a Lema (3)

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Obviar el cúmulo de factores que a lo largo de casi dos años fue gestando el contencioso entre los controladores aéreos españoles y AENA es cuando menos un error y cuando más una tergiversación torticera de la realidad que impide hacer un análisis criterioso de las circunstancias que desembocaron en la crisis del 3 de diciembre de 2010. (Lo C.Gutiérrez/AN EYE IN THE SKY)

Durante todo ese año expresiones del tipo "huelga encubierta", "como otro años por estas fechas", "rehenes", "país en jaque", "bajas injustificadas" o "privilegios" salpican las comparecencias en prensa del ministro Blanco y del presidente de AENA.
La expresión "como todos los años por estas fechas" es particularmente alevosa y revela la premeditación de una campaña orquestada contra el colectivo con el único fin de poner a la opinión pública en su contra. Los medios de comunicación contribuyeron a ello al asumir el papel de meros transmisores del mensaje y olvidar el análisis riguroso, pues bastaba con consultar la hemeroteca para comprobar que los periodos de verano, de Semana Santa y Navidad de la década 2000-2010 fueron tranquilos y sin problemas laborales importantes en el ámbito de control que entorpecieran la operatividad, habida cuenta de la creciente densidad de un tráfico aéreo en claro aumento hasta 2008.
El primer conflicto real de la década se produjo en diciembre de 2009 generado por la situación de caos vivida en Barajas y Canarias en plena campaña navideña. Blanco acusó claramente al colectivo de estar en huelga encubierta e incurre en la demagogia al hacer declaraciones del tipo:

"..el que menos cobra, deben saberlo todos los ciudadanos, cobra, ha cobrado el año pasado aproximadamente 370.000EUR…"
Ese puede ser considerado el pistoletazo de salida; el preciso instante en que comienza la escenificación de un storyline creado con el único objetivo de criminalizar a un grupo de trabajadores que por algún motivo resultaba incómodo para un proceso de privatización previsto desde hacía ya algún tiempo por el gobierno y enmascarar, a su vez, la pésima gestión llevada a cabo por los directivos de AENA. El sindicato, que no cuenta en aquel momento con un departamento de prensa adecuado, no reacciona a tiempo y no logra ofrecer resistencia a la estrategia de acoso y derribo que se intensifica tras la comparecencia de Blanco en la Comisión de Fomento el 12 de Enero de 2010:
"Los controladores aéreos son una pieza básica de la navegación aérea. Su participación y compromiso en este proceso de transformación es fundamental. La naturaleza de su actividad y su relación con la estructura y volumen de costes de navegación aérea hace que estos profesionales sean los que en mayor medida tendrán que protagonizar un particular compromiso con estos objetivos. Sé que esto va a requerir un esfuerzo por su parte, pero es imprescindible que AENA aborde una racionalización de sus condiciones de trabajo. Sé que la inmensa mayoría de los afectados y de la sociedad comparte la necesidad de este proceso de racionalización. Por ello, apelo a su responsabilidad, señorías. Como profesionales, también apelo a la responsabilidad de los controladores y también de los ciudadanos para alcanzar en breve plazo un acuerdo que nos permita ofrecer un mejor servicio a los pasajeros de forma sostenible y viable. A nosotros como Gobierno y al Parlamento como poder legislativo corresponde defender, en todo caso, el interés general. En este sentido, habremos de abordar de forma inmediata las medidas necesarias para que el proveedor de servicios AENA cuente con los mecanismos necesarios para garantizar la continuidad de servicio, asumir la organización del trabajo e incrementar la productividad del sistema de control."
A finales de los años 90 el número de controladores aéreos en España era de 1300 aproximadamente, de los que 1200 eran operativos. Ya entonces tenían que realizar un gran número de horas extras pues el tráfico no hacía sino aumentar. La situación se convirtió en insostenible y tras diversos conflictos laborales con la empresa se pactó un incremento de plantilla de 741 nuevos controladores que debían incorporarse entre el 1 de Enero de 1998 y el 31 de diciembre de 2003, como así consta en el acuerdo décimo noveno del primer convenio colectivo. Es decir, la idea era fijar una cifra de entre 1900-2000 controladores en un periodo de 5 años. Esto contradice otra de las ideas ampliamente extendida entre la sociedad de que el colectivo vetaba el acceso a la profesión convirtiéndola en un coto cerrado para privilegiados.
El crecimiento que se produjo entre 1998 y 2003 fue enorme. Eurocontrol, en su informe anual de 2002 establecía que se había situado en 5,2% para el año 1998 y en un promedio anual de 14,7% hasta 2002. A la insuficiente plantilla se le pedía absorber este aumento sostenido en un escenario que implicaba doblar el tráfico aéreo con un incremento de personal de tan solo un 55%. Un esfuerzo de envergadura por parte de la empresa en aspectos organizativos, tecnológicos y de gestión de incorporaciones era requisito indispensable para enfrentar el reto pero a juzgar por el resultado, parece que no se estuvo a la altura.
En 1999 se firma el primer convenio colectivo profesional para los controladores aéreos españoles para hacer frente a la enorme carga de trabajo y, a cambio de una consolidación salarial, se firmó una cláusula que aceptaba un aumento temporal de la jornada obligatoria del 20%. En un principio eso debió de haber bastado para cubrir el tiempo necesario para incorporación de 741 nuevos profesionales que reducirían el número de horas extraordinarias al mínimo. El problema es que esos controladores no se incorporaron en el plazo previsto sino muchos años después.
En el año 2004 Eurocontrol preveía un crecimiento sostenido del tráfico aéreo de entre el 2,5 % y 4,5 % anual. Así las cosas, el incremento de plantilla solicitado por los controladores en el Primer Convenio Laboral resultó del todo insuficiente a causa del enorme aumento del tráfico, del incumplimiento de los plazos previstos para esas contrataciones por parte de AENA y del retraso tecnológico y organizativo de la empresa.
Desde 2006 los controladores han requerido con insistencia un aumento de plantilla pues la situación se hacía insostenible. Se pactó la contratación de 150 nuevos profesionales, pero a fecha de hoy, inexplicablemente, esta convocatoria todavía no ha sido publicada. Han pasado 5 años sin que AENA convoque una sola plaza para control.
La manera de paliar el problema fue pedir más y más horas extras a los controladores existentes y retribuirlas cada vez mejor para poder cubrir las configuraciones mínimas del tráfico. Luego, quizá quepa cuestionarse la capacidad de AENA para adaptarse al ingente crecimiento del tráfico aéreo y la eficiencia para gestionar sus recursos. Una inoperancia que dura ya una década y que Europa pone por fin en evidencia.

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