¿INCONSCIENCIA O PREPOTENCIA FRENTE AL COVID?

Mientras el milagro en forma de vacuna se va gestando, queda en nuestras manos batallar diariamente contra este enemigo imposible

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Cristina Fernández

Cristina Fernández, Aviaciondigital.- Cuando en Enero de ese año se nos informaba de un virus que, procedente de China estaba expandiendose dentro del país asiático, pocas fueron las personas y ningún gobernante (a los que intencionadamente excluyo del grupo personas), que tomaron dimensión de lo que estaba por suceder.

En realidad, un poco de tos, un poco de fiebre, cierta dificultad para respirar y la perdida del gusto, no eran sintomas alarmantes como para pensar que esta gripe chinesca, igual que las sombras, nos perseguiría por el planeta de una forma tan letal.

La lejanía del virus hacía imposible en el imaginario colectivo la posibilidad de ver transferido ese veneno a nuestro territorio. Cuando las advertencias tajantes y claras de la OMS se desoyeron y cuando la vida continuó, descuidando aspectos tan importantes como la protección de los grupos de riesgo, el refuerzo del sistema sanitario, la compra masiva de material de protección y la realización exhaustiva de test…fue entones cuando quedamos a merced de un virus que, a algunos les hacía toser, y a muchos les hizo morir. 

Por suerte o por desgracia, para nosotros, las distancias son cercanías, los países son hogares y las millas, caminos andados o por andar. 

Pero las personas que desarrollarmos nuestra actividad laboral en el entorno de la aviación, hemos pasado ya, con más alarma que realidad,  por distintos virus (SARS, gripe aviar, gripe A). Por suerte o por desgracia, para nosotros, las distancias son cercanías, los países son hogares y las millas, caminos andados o por andar. 

Por eso, cuando esa letanía constante de ¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO MAL EN ESPAÑA? retumba en nuestras cabezas, es nuestro deber hacernos eco de lo que vemos fuera, de lo que vivimos cuando viajamos. Podemos, con conocimiento de causa, decir qué está pasando y en qué estamos errando.  

Ahondar en las medidas tomadas por los gobiernos de los distintos países que evidentemente, están siendo a todas luces ineficaces, sería redundar en los mil argumentos que tratan de encontrar soluciones frente a la infinita ignorancia sobre este virus que tanto nos asusta. 

Por eso un nuevo planteamiento se hace determinante. Si el virus es el mismo en todo el mundo, ¿es la forma de gestionarlo social e individualmente la que determina su propagación?. ¿Cómo es posible que en países menos desarrollados la virulencia del Coronavirus sea inferior? ¿Se lo han tomado más en serio en Sudamérica que en la sabia Europa? ¿Son más disciplinados los ciudadanos de, pongamos por ejemplo Paraguay o Ecuador que los españoles o franceses?

Comparativa entre Madrid y Quito

Para intentar centrar este debate, quisiera hacer una pequeña comparativa entre Madrid y Quito (en el que he pasado varios días durante el mes de octubre).

Al llegar al aeropuerto Mariscal Sucre en Quito, el despliegue sanitario es sorprendente. Por supuesto se toma la temperatura a TODAS las personas que ingresan al país (tripulantes de Lineas Aereas incluidos).

En Madrid, esta medida es obviada y no se comprueba la fiebre de casi ningún pasajero y de ningún tripulante.

Llegamos al hotel y un conserje solícito nos acerca de nuevo el termómetro a la muñeca para determinar nuestro estado. A la hora de registrarnos en recepción, toman una fotografía de nuestro pasaporte para evitar la manipulaciòn del mismo

En Madrid, esta medida es obviada y no se comprueba la fiebre de casi ningún pasajero y de ningún tripulante.

Nos dirigimos a los pocos espacios de restauración que permanecen abiertos y llama la atención la disposición de mesas y sillas respetando rigurosamente la distancia social, así como el retractilado de todo lo manipulable (incluidos platos de comida).

En cualquier establecimiento (desde un supermercado, hasta una pequeña tienda) toman la temperatura y desinfectan con spray a cada cliente. y una de las peculiaridades es que se desinfectan billetes y monedas. No olvidemos que el dinero es un importante foco de contagio al aferrarse el virus a las superficies durante varios días. 

Cabina de Ozono

En la entrada del Hotel Casa Gangotena, hay instalada una cabina de ozono en la que obligatoriamente hay que permanecer entre 15 y 20 segundos para salir desinfectado y…una vez más someterse al control de temperatura. 

Grandes círculos amarillos dibujados en las aceras,  indican el lugar exacto en el que deben situarse los transeuntes para mantener el distanciamiento social. Y lo sorprendente es que los ciudadanos se posicionan en cada uno de los puntos indicados transmitiendo sin embargo normalidad a lo que parece una formación militar. 

Y como estas muestras de disciplina frente al Covid, hay un sinfin más que van desde a ubicación de lavabos en las calles -medida ésta también observada en Asunción- hasta el autoconfinamiento voluntario que mantiene casi desiertas las calles que bullían de personas en la era precovid.

Vuelvo a la cuestión que nos ocupa: ¿por qué en España, nos está costando tanto desinfectar, tomar la temperatura, respetar la distancia social o evitar las reunioes multitudinarias?

Después del terrorífico confinamiento obligatorio en el que pusimos a prueba tanto nuestra paciencia, como nuestra capacidad de supervivencia y la  tolerancia al vecindario, solo mostramos cierto respeto hacia el virus  sometiendonos a alguna voluntaria cuarentena (curiosamente esta palabra tiene un origen religioso y hace referencia a los 40 días que Jesucrito luchó contra el diablo en el desierto. ).

Los ciudadanos no tenemos ningún mecanismo de control sobre los contagios, excepto utilizar la mascarilla-bozal-mordaza y pensar que con esta medida ya hemos hecho nuestra generosa aportación para acabar con la pandemia. 

Obviamente los test que se están realizando son insuficientes. Seguimos contemplando diariamente en los informativos grupos de personas que en celebraciones familiares, deportivas o de ocio interactuan sin mantener distancia y sin mascarilla… Esos individuos, ¿son menos listos, más prepotentes o unos inconscientes redomados?.

¿Pensábamos que por nuestra privilegiada pertenencia al primer mundo, solucionaríamos el problema de la pandemia en un par de semanas? Quizá ha llegado el momento de pararnos, reflexionar, y girarnos a contemplar cómo lo están haciendo aquellos a los que nunca consideramos ejemplares y que hoy están dando una lección de disciplina y humildad. 

Si bien es cierto que las cifras de contagios en esos países no tienen nada que envidiar a las del viejo continente, la conciencia individual de los ciudadanos es infinitamente mayor. 

Ha pasado casi un año y seguimos sometidos a la voluntad de esa ponzoña llamada Covid que se está llevando por delante vidas, arruinando empresas, paralizando el comercio, desertizando ciudades y acabando con el equilibrio mental de la mitad de la humanidad. 

Mientras el milagro en forma de vacuna se va gestando, queda en nuestras manos batallar diariamente contra este enemigo imposible en una guerra que, por ahora, vamos perdiendo. 

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