
La explicación no termina ahí… «el rotor de atrás pegó en algún sitio, no sé lo que pasó…» Finalmente señala que «…el caso es que nos salvamos todos y hemos tenido mucha suerte…, porque no todo el mundo que se cae de un helicóptero sale vivo«. Aquí es donde se aprecia más profundamente la incultura de esta Sra. en materia aeronáutica y de su seguridad. Aquí es donde se aprecia que probablemente por esa incultura, el desagradecimiento a la meritoria, rápida, eficaz y procedimentada acción ante la emergencia del piloto y ante la inminencia del impacto contra el terreno es más evidente aún. Aquí es donde el ego la traiciona sin un triste recuerdo a quien probablemente le permitió acudir sana y salva al programa del simpático Bertín…
Esperanza Aguirre desconoce que el piloto al que está haciendo alusión falleció en acto de servicio meses antes en Asturias, el 23 de diciembre de 2015. Una muestra de falta tambien de correcto asesoramiento con el pastizal que se han estado llevando allá donde ella ha gobernado en materia de comunicación. No sabía ni siquiera que había fallecido, pues en caso contrario sería imperdonable esa ligereza al hablar de él de semejante manera. Pero, evidentemente, como se decía en el artículo del piloto Nemesio Rodríguez, tampoco le recuerdan en cada Aniversario de ese accidente en Móstoles que afortunadamente y muy probablemente, gracias a su pericia profesional nadie resultó herido. Y ahí se se puede tener un dato del talante humano que rodea a esta Sra. entre el pijerío y la más absoluta soberbia política. Un verdadero dato del calado de estos personajes públicos lowcost.

Recordamos las palabras de otro «ilustrado» político madrileño como Ignacio González que señalaba entonces que «el Gobierno hará las investigaciones oportunas…» o las de la gracieta de Josep Borrell de que «eso les pasa por ir a los toros en helicóptero». Hicieron las investigaciones oportunas, no el Gobierno, sino la CIAIAC, pero el resultado fue la culpabilización del piloto y su sanción astronómica de 100.000EUR al final. La vida es injusta muchas veces, la vida de los pilotos de helicópteros si cabe, aún lo es más… incluso cuando se tiene el éxito de salvar la vida a tus pasajeros y tripulación con tú pericia.
Con esa ligereza con la que se atrevió a hablar del piloto, rayana la falta de respeto a su profesionalidad, se entiende que además de esa vanidad, típica soberbia de los que se suponen por encima del resto de los mortales, al menos eso es lo que transmite esta Sra., se permite la ligereza en los comentarios sobre una materia que en absoluto domina, apreciándose una falta de modestia propia en sus palabras, como si fuera cuestión divina exclusivamente el que el saldo del accidente fuera el más positivo para un comandante al mando como es que las vidas que iban a bordo se salvaguardaran cumpliendo con esta sagrada obligación. Esto además de costarle una importante sanción, injusta absolutamente según los profesionales que conocen aquel asunto, supuso un cambio en su vida profesional importante.
En este programa por fin pudimos conocer a la verdadera Sra.Aguirre, a la que a esa vanidad tan exagerada se une su torpeza y poca sensibilidad evidentemente con el otro, en este caso con su propio ángel de la guarda.
Quizás para que bajase de su narcisista pedestal sería conveniente para que no se rompiera la crisma-metaforicamente hablando- que contase con un piloto en esa operación, como ese cuyo nombre ni conocerá, al que no respetó minimamente con sus palabras, por muy desenfadado que sea el programa de Osborne.






