La precaria situación del control aéreo en España

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La entrada en vigor del Real Decreto 5/2010 y la Ley 10/2010 producen una merma de seguridad importante en las operaciones del control aéreo. Ello obedece a las siguientes medidas, implantadas por la ley promulgada:

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l Retiro forzoso de los controladores de más de 57 años. A una plantilla escasa desde hace años se añade el retiro de estos controladores que, en la aproximación a Barajas, suponen casi un 20% del personal. Su trabajo consiste en aproximar los aviones al aeropuerto para que aterricen el mayor número de aviones en el menor tiempo posible. Mediante órdenes constantes de rumbo, velocidad y altitud, son acercados entre sí para dejarlos muy juntos en dos filas aprobadas con las pistas del aeropuerto. Las contingencias son numerosas: tormentas, vientos fuertes, emergencias médicas, combustible, etc. Por ello, los controladores más experimentados son un capital imprescindible.

l Recortes de personal. Desde 2009, AENA viene nombrando menos controladores para prestar el servicio de control, para recortar gastos. Estos recortes obligan a que pasen menos aviones por el mismo espacio aéreo. Cuantos menos carriles hay en una autopista, menos coches pasan y se producen atascos. Esto causa unas demoras importantes, puesto que AENA está obligada a establecer regulaciones, poner un filtro en el número de aviones que maneja un controlador que lleva el trabajo de dos. Ello provoca congestiones de tráfico obligando a los aviones a asumir las demoras en el aire en vez de hacerlo en tierra, con el riesgo que esto conlleva. En todas las dependencias de control se está trabajando por encima de las capacidades publicadas por la propia AENA hasta en un 10% del volumen de aviones establecido. Es difícil recortar y no producir demoras y en ningún caso es imputable al servicio de control.

l Circulares operativas. Para justificar las sobrecargas que a diario se producen, AENA publica una circular imputando dichas sobrecargas al trabajo de los controladores, puesto que recortamos las rutas de los aviones y los subimos por encima de los niveles de vuelo que piden. En dicha circular obligan a los trabajadores a que los aviones no se salgan de la ruta de su plan de vuelo, sin atajos, y a no subirlos por encima del nivel de vuelo requerido con el consiguiente gasto extra de combustible.

En la aproximación a Barajas, durante muchos años hemos flexibilizado el uso de las dos pistas de llegadas, permitiendo que los aviones aterrizaran indistintamente por cada una y en función del rodaje para su aparcamiento. Ahora también lo tenemos prohibido.

l Comisarios políticos. Además de la situación de incertidumbre y acoso en la que se está prestando el servicio, la ley permite a los gestores de AENA fiscalizar la labor de los controladores y suspenderlos de empleo y sueldo como paso previo a un despido disciplinario.

El 25 de mayo, al producirse una sobrecarga en el Centro de Control de Madrid, el director regional y el jefe de Operaciones han estado en la sala de control midiendo la distancia entre los aviones, porque las esperas llegan hasta los 30.000 pies. El impecable trabajo de los profesionales que estaban solucionando esa congestión, ha evitado represalias disciplinarias. No se estaba desaprovechando ni una sola milla náutica en la separación entre aviones. Las regulaciones han vuelto a fallar. Nuestro trabajo, impecable.

l Salud laboral. Desde la entrada en vigor de la Ley 10/2010, se han producido evacuaciones en ambulancia de controladores en diversas dependencias. Cuadros de estrés, subidas de tensión, arritmias cardiacas, subidas de adrenalina, etc., están empezando a generar bajas, certificadas por la Seguridad Social. El resultado de meses de desprestigio público, de decisiones arbitrarias, de reducción de descansos, de incremento obligatorio de horas de trabajo, de incertidumbre en muchos aspectos de la profesión están empezando a pasar factura.

l Seguridad. Los incidentes, como AENA reconoce en documentos propios, han aumentado espectacularmente en toda España. El colectivo demanda del Ministerio de Fomento y de AENA el replanteamiento de la situación a la que nos ha llevado la Ley 10/2010. Estamos a tiempo de parar la dinámica en la que se ha entrado y que no ha mejorado en nada la calidad del servicio de control en España. No reclamamos dinero: reclamamos que las condiciones de seguridad en las que se prestaba el servicio, vuelvan a ser el objetivo prioritario de nuestra empresa, que a día de hoy tiene como máxima preocupación seguir ahorrando costes, que no inversión, y eso sólo se traduce en importantes fallas de la seguridad de las operaciones.

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