Aviación Digital, Sp.- El Consejo de Ministros aprobó ayer el anteproyecto de la Ley de Consumo Sostenible, presentado como un avance hacia la reducción de emisiones mediante la prohibición de publicitar vuelos cortos con alternativas sostenibles, combustibles fósiles y vehículos contaminantes.
Sin embargo, esta propuesta, envuelta en una narrativa verde, parece más un ejercicio de propaganda que una medida efectiva, limitada por su diseño, las resistencias sectoriales y un Gobierno al borde del abismo por la corrupción política que lo rodea, necesitado de medidas populistas.
Un gesto verde con impacto cuestionable
Liderado por Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, el anteproyecto veta la publicidad de vuelos peninsulares cuando exista una alternativa sostenible, como el tren (que utiliza tambien fuentes de energía fósiles y tiene un fuerte impacto medioambiental por la infraestructura que necesita: greenwashing), con una diferencia de duración no superior a dos horas y media.
También prohíbe la promoción de combustibles fósiles (excluyendo el gas) y vehículos no sostenibles. Aunque alineada con la Agenda 2030, los vuelos cortos seguirán operando, debido a la falta de trenes competitivos, con múltiples interrupciones del servicio y la falta de un sistema intermodal, que permita conectar con los grandes Hubs de conexiones que utilizan las compañías aéreas para conectar a los destinos finales.
Un proceso de tramitación bajo presión
El anteproyecto ha entrado en la fase de audiencia e información pública, un periodo para recoger aportaciones de ciudadanos y sectores afectados, posteriormente, el texto volverá a ser debatido en el Consejo de Ministros y finalmente, será enviado al Congreso para su aprobación.
Sin embargo, el Gobierno, con una coalición minoritaria, carece de los apoyos necesarios para aprobar una ley. El bloqueo de proyectos similares, como la Ley de Movilidad Sostenible y la falta de presupuestos, sugiere un futuro incierto para esta normativa, realmente parece un parche superficial más diseñado para generar titulares que para reducir emisiones .
¿Un titular verde sin sustancia?
Aunque el anteproyecto se alinea con directivas europeas como la Directiva 2024/825 sobre la transición ecológica, su carácter propagandístico es evidente. La Ley de Consumo Sostenible promete un futuro sostenible, pero su diseño limitado, las presiones sectoriales y la fragilidad política del Gobierno la convierten en un esfuerzo con poca profundidad. Sin un plan integral que combine inversión, regulación y consenso, prohibir la publicidad de vuelos cortos parece más una estrategia para proyectar compromiso medioambiental que una solución real.






