
La comunicación es la base. Comunicación con mayúsculas. Visual, anímica, la risa o el gesto serio. Todavía apenas había estallado nada. El mensaje fue sencillo según bajaba el nivel de mi coca-cola, en un sitio cercano a una antigua cárcel de mujeres (literalmente hablando). Muchas veces había recorrido aquellos andurriales de chaval. Ya se sabe. Pelo largo, mucha labia y a pasarlo bien de contínuo. Aquel día yo escuchaba, atento al gesto y con todos los sentidos en alerta. Quería simplemente comprender quién se escondía al otro lado del fanal. Corría el año 2010. Aún lo más duro no había empezado para ellos. Decretando el futuro desde la Castellana.
Dificilmente en dos simples horas alguien que se dedica a esto de dotar de contenidos a un medio, probablemente nadie lo haya hecho, se habrá tomado tanta molestia en empatizar con este colectivo, en comprenderlo. Quizás por eso, pudiendo ver el otro lado de la barrera, la conversación tenía lugar muy cerca de Las Ventas-resulta curioso-, hemos podido llegar hasta aquí con la cabeza alta aceptablemente del deber con la verdad cumplido, siguiendo el devenir de estos ciudadanos, que además son humanos/as.
Al otro lado ellos, en sus edificios majestuosos que ahora vemos se desmoronan. Piovera Azul, Luca de Tena, Arturo Soria. Moles mastodónticas llenas de poder y de mal gusto arquitectónico en general. Despachos fríos, con gente fría dentro, frente a un modesto bar con nuestra interlocutora al otro lado de la mesa. Verdades como puños sobre la mesa, extrañas intenciones que ya se intuían fuera, en edificios faraónicos poco humanos.
Encontrar tras aquella conversación, con todo lo que ha pasado, una relación con el arte, en medio de tanta geometría es más que curioso. El destino nos sorprende muchos días gratamente, pero tendemos a ver el caos como una amenaza en lugar de una oportunidad para dedicarnos a lo que nos hace plenos, por ejemplo el arte. El arte tiende al descontrol, por esto resulta más curioso que encontremos a un controlador artista. Aparentemente contradictorio, salvo que hayamos intentado comprender el otro lado del fanal… !Qué gozada!






