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abril, sábado 13, 2024

100 Años de Historia: La caza de avutardas en aviones biplanos

El inventor de este deporte fue el piloto y instructor, el teniente José Rodríguez Díaz de Lecea, quien posteriormente se desempeñó como ministro del Aire desde 1957 hasta 1962.

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Antonio Olmedo / Aviación Digital, Sp.- Se cumplen cien años desde que, nuestros pioneros aviadores comenzaron su afición por cazar avutardas utilizando aviones monomotores de tela y madera.

Sí, yo también puse esa cara de asombro la primera vez que oí hablar de esta modalidad de deporte aeronáutico hoy, naturalmente, en desuso. Y no solo por ser la avutarda una especie protegida desde 1980, pero también por las dificultades de tipo técnico y legislación aeronáutica que implicaría.

La avutarda es un ave en peligro de extinción, con aproximadamente unas 40.000 unidades en la península Ibérica. De un tamaño tremendo, que puede alcanzar 1 metro de longitud y una envergadura de hasta 2,5 metros. El macho puede pesar 18 kilos, lo que le compromete claramente sus capacidades de vuelo, por lo que suele desplazarse caminando. Hasta que se ve acosado y entonces inicia el vuelo.

Al parecer, el inventor de esta modalidad deportiva fue el piloto-instructor el entonces teniente José Rodríguez Díaz de Lecea, que luego fue Ministro del Aire entre el 25 de febrero de 1957 y el 5 de julio de 1962.

Durante un vuelo de instrucción, y al divisar una bandada de avutardas, le pareció una buena práctica para su alumno perseguir a estas aves en vuelo hasta conseguir el trofeo.

Al cabo de un rato la persecución termina por agotamiento de las perseguidas, momento que aprovecha el aviador para aterrizar en cualquier sembrado cercano y conseguir el trofeo de la avutarda totalmente exhausta.

La revistaNuevo Mundo el 27 de octubre de 1922, publicó un artículo titulado “Cetrería Moderna” en su sección de “Informaciones Pintorescas”. En este artículo se explica con detalle como el teniente Lecea pide permiso al general jefe de la base de Getafe para,  y cito literalmente, “Mi general, ¿nos autoriza usted para cazar una avutarda esta tarde con el <Avro>?”.

El general Echagüe no muestra ninguna sorpresa, por lo que cabe deducir que no era la primera vez que el teniente realizaba tan atrevida actividad. Incluso que se hacía con relativa frecuencia y normalidad.

Las razones del teniente para convencer al general de que conceda su permiso nos aclaran mucho sobre las bondades de esta práctica deportiva. Vuelvo a citar literalmente:

“¡ Yo creo, mi general, que después de esta labor – se refiere a las horas de vuelo en instrucción- , que usted bien sabe lo que representa, no es mucho pedir esa pequeña expansión de caza que solicitamos! Además, eso es para mí un gran entrenamiento, y una continuación de la clase para mis alumnos, que ven virar, “resbalar”, tomar tierra en un campo labrado…”

En fin, lo normal en cualquier clase de vuelo inicial. En su réplica, el general, le hace algunas consideraciones, como que su deseo sería que los aristócratas aficionados a la caza formaran una Sociedad para practicar el deporte de “la caza de la avutarda en aeroplano”, incluso comprando un par de aparatos, “deporte que es entretenidísimo y que, además, tiene una rancia tradición en España”.

El general se refiere a la cetrería, la caza con halcón, que estuvo muy de moda en toda Europa en los siglos medievales. En realidad está comparando esta modalidad deportiva recién nacida, con la ancestral cetrería: “Esto de la caza de la avutarda en aeroplano es la misma cosa, solamente que el ave cazadora es el avión”. El general finalmente se ablanda y autoriza la caza para por la tarde.

El redactor del artículo continúa con la narración de cómo fue la cacería, la técnica de vuelo, y resulta una descripción apasionante:

A las cuatro de ella llegamos cerca del cerro de las Brujas, más allá de Pinto, en el automóvil del general. Este viene a caballo con algunos alumnos y ordenanzas. Poco después aparece en el horizonte el <Avro> de Lecea, a quien acompaña el capitán Estefani, armado de escopeta. El avión se acerca con ruido de moscardón. Vuela sobre los rastrojos a poca altura y algunos minutos más tarde vemos que ha levantado un bando de avutardas, al que sigue hasta que separa de él una de las aves. Entonces comienza una interesantísima persecución de la avutarda por el aeroplano, que la acosa, la corta el terreno, la da alcance. El animalito huye despavorido ante aquel monstruo que se le viene encima; pero es inútil, porque el avión evoluciona como ella y la gana en velocidad. La lucha dura unos 20 minutos.  A veces vemos brillar las blancas plumas de la pechuga del ave perseguida. Al fin, rendida de cansancio, cae cae al suelo extenuada. El aparato describe círculos cerrados sobre sitio donde ha caído, y los jinetes se lanzan a todo el correr de sus caballos hasta que la encuentran acurrucada en un surco, acezando como un perrillo cansado, y sin fuerzas para correr ni para defenderse. Otras veces la avutarda corre y da pequeños vuelos. Súbenla a la grupa de un caballo, y prosigue de igual modo con otro bando la cacería.”

María Bernaldo de Quirós, alumna y amante

Alumna de Díaz de Lecea fue María Bernaldo de QuirósMiss Golondrina”, primera aviadora española, que murió con 91 años y en un más que discreto olvido.

Lecea enseño a María el noble arte del vuelo, y a decir del propio Lecea en una revista de la época, no se le daba nada mal la caza de la avutarda. Queda incluso un testimonio gráfico, en la cual se muestra una avutarda capturada por María junto a su instructor en el aeródromo de Getafe.

En cuanto a la relación amorosa que al parecer mantuvieron hay cierta controversia. Lecea, militar, tradicional y machista recalcitrante, y María, aristócrata, feminista, divorciada y moderna no parece un buen comienzo. 

De lo que no hay duda es que les unía el amor por el vuelo, y este sí es un buen principio.

La caza de la avutarda estaba de moda. Incluso el presidente del consejo de ministros José Sánchez Guerra se dejó retratar entonces para la revista Mundo Gráfico «con una de las piezas cobradas en la cacería en que tomó parte en día 10 de noviembre de 1922, en Getafe»

¿Qué fue el Hyperclub?

Pues nada menos que un club de chiflados intelectuales con mucho sentido del humor. Y no era en absoluto fácil que te admitieran como miembro.

En octubre de 1920, en medio de un ambiente científico revolucionado por los nuevos avances científicos y teorías como la mecánica cuántica, la relatividad y otras nuevas ideas que parecían contradecir el razonamiento lógico, un grupo de intelectuales funda el club social más disparatado de la época.

Esta sociedad solo aceptaba socios que hubieran llevado a cabo algún proyecto insensato, o que presentaran algún estudio que fuera contra la lógica o la intuición.

La falta de sentido común era el ideal del club, y sus miembros debían personificar este ideal al formular sus proyectos. En su mayoría eran militares, ingenieros, aviadores y otros intelectuales del Madrid de los años 20.

En sus reuniones solamente se tenían en cuenta ideas y proyectos disparatados, como, por ejemplo, como la de recitar el Tratado de Mecánica Celeste en verso del científico Laplace que hizo el aviador vasco Legorburu o la propuesta de pasar una Nochebuena en globo.

No menos disparatada fue la propuesta del aviador Gómez Spencer que, en cierta ocasión, concibió una fórmula matemática que determinaba la jornada de trabajo de los serenos de Madrid.

Pues bien, la propuesta de José Rodríguez Díaz de Lecea de perseguir avutardas hasta derribarlas con las alas del aeroplano fue la que le sirvió al ilustre aviador para ingresar en el selecto club de chiflados.

Lo que no cuentan las crónicas es que, si cuando aquella disparatada propuesta años más tarde se convirtió en realidad, Lecea fue expulsado del club.

Para nuestro querido Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010), profesor, periodista, cazador, padre de siete hijos, y ecologista entre otras cosas, tampoco la caza de avutardas con aeroplano pasó desapercibida.  Delibes en su ‘El libro de la caza menor’ (Editorial Destino, Barcelona 1973), hace un magnifico relato de esta práctica deportiva, dando total naturalidad a esta nueva cetrería moderna.

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