90 años del incendio de la Academia de Ingenieros de Guadalajara

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Guadalajara, SP, 11 de febrero de 2014.- La noche del 9 al 10 de febrero de 1924, muy probablemente sea una de las más tristes para los que piensan que la historia escribe las posibilidades de éxito de futuro de cualquier disciplina científica. En este caso de la aeronáutica y la aviación con todas sus disciplinas adyacentes. Esa noche sucumbía pasto de las llamas la Academia de Ingenieros de Guadalajara, es decir, el primer hogar ("casona" la llamaban los ingenieros), de nuestros pioneros de la ingeniería aeronáutica, del pilotaje de aeronaves y del desarrollo de las comunicaciones y el diseño industrial relacionado con el sector. La crónica de la época decía "objetos de indescriptible valor, moral el de unos, material el de otros, se han exitinguido como si nunca hubiesen existido"(Rev.Aérea marzo 1924). Efectivamente, una mente minimamente sensible con la cultura aeronáutica cuando menos se entristece al pensar en lo que en ese incendio se perdió. Se perdió para siempre. La foto de la Academia después del incendio, la obtenían los propios aerosteros desde el aire poco después de producirse el incendio firmada como Foto:Susanna.

Las hojas de estudio manuscritas de todos los pioneros que pasaron por sus aulas, y que celosamente atesoraban entre sus muros fueron pasto de las llamas aquella nefasta noche de fuego. Los retratos de los más prestigiosos antepasados que desde 1833 habían llenado de enseñanzas sus paredes, desaparecían, así como las fotos de los primeros aviadores muertos en campaña como Castellvi, Oizu, Jimenez Millas, Rojas, etc…



Una fotografía aérea de la Academia pocos días antes del voraz incendio que la destruiría. Tomada desde un globo aerostático tripulado por pilotos de Aerostación.

Para hacernos una idea en el siniestro se perdían completamente los gabinetes de Construcción, Química, Mineralogía, Fotografía y Física, con todo su contenido incluyendo aparatos de precisión y medida, piezas, modelos únicos, colecciones de minerales y fósiles, así como el archivo histórico de la institución. Pasto de las llamas sucumbieron tambien dos importantes fondos patrimoniales, como el Salón del Trono, donde se exponía la completa colección de retratos de ingenieros militares ilustres de su historia. Pero quizás, y además, la destrucción de su Bibilioteca, con más de 28000 ejemplares en su fondo, con decenas y decenas de incunables, entre los que se incluían los procedentes de la Academia de Matemáticas de Barcelona, hagan que podamos aproximarnos algo a la dimensión irremplazable científicamente que desapareció aquella noche.

El hecho debió tener una enorme repercusión, como lo demuestra que al día siguiente el Presidente del Consejo de Ministros, Miguel Primo de Rivera, y otros miembros del Gobierno, Directorio Militar, se personaran en Guadalajara. Alfonso XIII en persona, que tantas veces había honrado con su presencia a la ciudad, cuna aeronáutica de España, tambien acudía. Entonces el abuelo de nuestro actual monarca declaraba: "enorme aflicción por tan enorme desastre, prometo al alcalde que el edificio incendiado se construirá de nuevo…". El ingeniero militar, Ernesto Villar Peral redactó y presentó el proyecto de reconstrucción el 10 de abril, sólo dos meses después del incendio. Pero las obras se limitaron a escuetas ampliaciones sobre la huerta del barranco del Coquín, y las dependencias se esparcieron entre el Palacio del Infantado y la sede de la Diputación Provincial e Instituto de Enseñanza Media.

Así hasta 1928, y pese a algunos intentos de reconstrucción, una Orden reorganizaba la enseñanza militar, siendo los ingenieros repartidos entre Zaragoza y Guadalajara, hasta que en 1931, ya con la II República, se decretaba la integración de la Academia de Ingenieros en la de Artillería en Segovia a donde fue trasladada. Tras pasar por Burgos una vez concluída la Guerra Civil, definitivamente, desde 1968 se ubica en la localidad de Hoyo de Manzanares (Madrid).

Hoy 90 años después, ningún acto oficial de recuerdo conmemora aquella pérdida. Pero desde AD seguiremos intentando que ese recuerdo al menos no sea borrado de forma irremediable tambien por el paso del tiempo. Al otro lado del barranco del Coquín, la Residencia María Cristina, perteneciente al Ministerio de Defensa, vacía, espera que las gestiones de la Universidad Complutense de Alcalá de Henares, en Guadalajara, con la Junta de Comunidades, llenen otra vez de alumnos en este caso universitarios, sus aulas. Frente a sus ventanas los lienzos defensivos construídos por los ingenieros militares evocan ese pasado que esperemos alguien sea capaz de recuperar para las nuevas generaciones.

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