
En estas Jornadas tambien se ha expuesto la «importancia de regular la coordinación aérea», esto resulta tambien especialmente preocupante, cuando se ha detectado y se señala que el perfil del «coordinador» no está suficientemente definido, y además, se agrava, con la gestión diferente que se realiza en cada Comunidad Autónoma de esta coordinación. Resulta inaudito que la coordinación se establezca con los criterios exclusivos de extinción de incendios, y no sobreponiendo lo que es la gestión de la operación aérea de la forma más segura posible, en primer lugar, y posteriormente más eficiente para la misión de extinguir el incendio. Esto sucede en ocasiones.
COPAC por su parte ha insistido en la gestión de realizar una buena gestión de los «riesgos asociados» a la extinción de incendios. Se habla de prevención en su nota de prensa, y del factor humano, técnico y organizacional, así como del peculiar entorno operativo específica de esta operación. La operación de extinción de incendios, concretamente en helicóptero es la operación más crítica operacionalmente hablando, incluyendo la propia naturaleza de los helicópteros. La aeronave que más destrezas y habilidades entrenadas se necesitan para dominar. Por esto señala el COPAC que precisamente la «formación y entrenamiento de las tripulaciones son factores imprescindibles para reducir la siniestralidad. Una pregunta sencilla. Si esto es así, ¿no se estará incrementando exponencialmente el riesgo cuando el intrusismo está implantado en este tipo de operación desde hace décadas?. Y una segunda cuestión ¿existe algún estudio en España de la incidencia de ese intrusismo en la siniestralidad? Nos tememos que en este país, tan poco acostumbrado al estudio sistemático, técnico, aséptico y objetivo de las amenazas a la seguridad aérea, y además, a hacer públicos sus resultados con trasparencia, la respuesta es NO.
COPAC no olvida los índices de siniestralidad en los Trabajos Aéreos, además los ha estudiado en profundidad mediante sus Aerobarómetros, donde se señalan las carencias graves en materia normativa, de formación y de supervisión (por ejemplo ¿quién controla en España la actividad y descanso de las tripulaciones, incluídas las intrusistas, y cúales son los resultados de ese control?). Todas estas carencias, evidentemente, se han traducido en unos inaceptables índices de siniestralidad, registrándose, señala COPAC, en la última década 70 fallecidos en operaciones de trabajos aéreos. El año más trágico fue 2011, con 18 fallecidos.






