Una fotografía aérea de la Academia pocos días antes del voraz incendio que la destruiría. Tomada desde un globo aerostático tripulado por pilotos de Aerostación.
Para hacernos una idea en el siniestro se perdían completamente los gabinetes de Construcción, Química, Mineralogía, Fotografía y Física, con todo su contenido incluyendo aparatos de precisión y medida, piezas, modelos únicos, colecciones de minerales y fósiles, así como el archivo histórico de la institución. Pasto de las llamas sucumbieron tambien dos importantes fondos patrimoniales, como el Salón del Trono, donde se exponía la completa colección de retratos de ingenieros militares ilustres de su historia. Pero quizás, y además, la destrucción de su Bibilioteca, con más de 28000 ejemplares en su fondo, con decenas y decenas de incunables, entre los que se incluían los procedentes de la Academia de Matemáticas de Barcelona, hagan que podamos aproximarnos algo a la dimensión irremplazable científicamente que desapareció aquella noche.
El hecho debió tener una enorme repercusión, como lo demuestra que al día siguiente el Presidente del Consejo de Ministros, Miguel Primo de Rivera, y otros miembros del Gobierno, Directorio Militar, se personaran en Guadalajara. Alfonso XIII en persona, que tantas veces había honrado con su presencia a la ciudad, cuna aeronáutica de España, tambien acudía. Entonces el abuelo de nuestro actual monarca declaraba: "enorme aflicción por tan enorme desastre, prometo al alcalde que el edificio incendiado se construirá de nuevo…". El ingeniero militar, Ernesto Villar Peral redactó y presentó el proyecto de reconstrucción el 10 de abril, sólo dos meses después del incendio. Pero las obras se limitaron a escuetas ampliaciones sobre la huerta del barranco del Coquín, y las dependencias se esparcieron entre el Palacio del Infantado y la sede de la Diputación Provincial e Instituto de Enseñanza Media.
Así hasta 1928, y pese a algunos intentos de reconstrucción, una Orden reorganizaba la enseñanza militar, siendo los ingenieros repartidos entre Zaragoza y Guadalajara, hasta que en 1931, ya con la II República, se decretaba la integración de la Academia de Ingenieros en la de Artillería en Segovia a donde fue trasladada. Tras pasar por Burgos una vez concluída la Guerra Civil, definitivamente, desde 1968 se ubica en la localidad de Hoyo de Manzanares (Madrid).
Hoy 90 años después, ningún acto oficial de recuerdo conmemora aquella pérdida. Pero desde AD seguiremos intentando que ese recuerdo al menos no sea borrado de forma irremediable tambien por el paso del tiempo. Al otro lado del barranco del Coquín, la Residencia María Cristina, perteneciente al Ministerio de Defensa, vacía, espera que las gestiones de la Universidad Complutense de Alcalá de Henares, en Guadalajara, con la Junta de Comunidades, llenen otra vez de alumnos en este caso universitarios, sus aulas. Frente a sus ventanas los lienzos defensivos construídos por los ingenieros militares evocan ese pasado que esperemos alguien sea capaz de recuperar para las nuevas generaciones.