El UPMSat-3 completa su integración y apunta a Noruega en el último trimestre de 2026

El microsatélite de la Universidad Politécnica de Madrid entra en su fase de ensayos ambientales antes de volar desde el puerto espacial de Andøya en una órbita heliosíncrona a 500 kilómetros de altitud.

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Aviación Digital, Sp.- Tras varios años de diseño y ensamblaje en la sala limpia del Instituto Universitario «Ignacio Da Riva» (IDR/UPM), el microsatélite UPMSat-3 ha culminado su integración. Elena Roibás, directora del programa, confirma a Aviación Digital que el lanzamiento desde el puerto espacial noruego de Andøya está previsto para el último trimestre de 2026.

Un hito técnico tres décadas en construcción

La Universidad Politécnica de Madrid (UPM) anunció el 30 de junio de 2026 la conclusión exitosa de la integración del UPMSat-3, tercer microsatélite desarrollado íntegramente por el IDR/UPM. El satélite, con una masa de aproximadamente 20 kilogramos, está diseñado para operar en una órbita heliosíncrona (SSO, del inglés Sun-Synchronous Orbit) a unos 500 kilómetros de altitud, con una inclinación orbital de 98 grados respecto al ecuador, lo que equivale a un trayecto que recorre el planeta de polo a polo.

Elena Roibás, directora del programa UPMSat, señaló en entrevista con Aviación Digital la dimensión histórica del proyecto: cuando la UPM lanzó su primer satélite en los años 90, ninguna universidad española hacía algo equivalente. «Cuando nosotros empezamos, rotundamente no», afirmó Roibás, subrayando que, a diferencia de los pequeños satélites tipo CubeSat que han proliferado en el ecosistema académico europeo, todo el hardware del UPMSat-3 ha sido diseñado desde cero en el propio instituto, sin recurrir a estructuras comerciales prefabricadas.

Una plataforma científica y tecnológica de nueva generación

El salto generacional respecto al UPMSat-2 es, según Roibás, sustancial. Entre ambas misiones media prácticamente una década de evolución tecnológica, lo que se traduce en componentes más miniaturizados, cargas útiles más capaces y sistemas de control de actitud considerablemente más avanzados.

Entre los experimentos embarcados destaca un radiómetro fotónico para la observación del fondo cósmico de microondas (CMB), desarrollado en colaboración con la Universidad Carlos III de Madrid y financiado parcialmente por la Comunidad de Madrid. Se trata de un demostrador de fotónica integrada cuyo objetivo último es sentar las bases para instrumentos capaces de estudiar la radiación primordial del universo, emitida miles de millones de años atrás. «La idea es en un futuro embarcar soluciones que permitan entender el origen del universo», explicó Roibás.

El satélite llevará igualmente algoritmos avanzados de determinación y control de actitud (ADCS, del inglés Attitude Determination and Control System) desarrollados por el IDR/UPM. Estos sistemas, que permiten al satélite orientarse de forma autónoma consultando la posición del sol, las estrellas y el campo magnético terrestre, constituyen una de las líneas de investigación más estratégicas del instituto, con aplicaciones en misiones que requieran alta autonomía y precisión. «Tienes que alimentarte de muchas fuentes distintas, pero que funcionen de manera sinérgica y te permitan moverte hacia donde quieres», explicó la directora.

La misión incorpora además un transpondedor de comunicaciones para radioaficionados, en continuidad con la colaboración histórica del proyecto con AMSAT-EA y la comunidad internacional de radioaficionados, y un módulo miniaturizado de gestión y almacenamiento de potencia que funciona como experimento independiente por su baja masa y versatilidad.

Mecanismos de memoria de forma: la alternativa no pirotécnica

Uno de los elementos técnicos más novedosos del UPMSat-3 es el sistema de retención y liberación de los paneles solares, desarrollado por la empresa española SED Systems con sede en Madrid. Frente a los mecanismos pirotécnicos tradicionales, que se destruyen al activarse y no pueden rearmarse, estos actuadores utilizan materiales con memoria de forma: al aplicar corriente eléctrica, el material se dilata y libera el elemento de sujeción. La ventaja práctica es que, en condiciones controladas, el mecanismo puede rearmarse para nuevas pruebas, lo que mejora la fiabilidad del sistema de verificación en tierra y reduce los esfuerzos mecánicos transmitidos al satélite durante el despliegue.

El satélite contará con dos paneles solares fijos y dos desplegables que se activarán tras la separación del lanzador. La energía generada alimenta tanto los sistemas de a bordo como las baterías de respaldo, que toman el relevo durante los periodos de eclipse orbital.

Ensayos ambientales: vibración y vacío térmico antes del vuelo

La integración concluida da paso ahora a la campaña de ensayos ambientales de aptitud, que se llevará a cabo en las propias instalaciones del IDR/UPM en el Campus de Montegancedo. Esta infraestructura convierte al instituto en uno de los pocos centros universitarios españoles capaces de realizar con medios propios campañas completas de calificación de satélites.

Los ensayos de vibración someterán al satélite a los perfiles de carga que genera la ignición de los motores del cohete y el paso transónico, las fases más agresivas mecánicamente del lanzamiento. A continuación, la cámara de vacío térmico (TVAC, del inglés Thermal Vacuum Chamber) simulará el entorno espacial: vacío, temperaturas extremas y ciclos térmicos repetidos que replican el paso sucesivo por zonas iluminadas y periodos de eclipse. «En órbita, cuando te da el sol estás muy caliente; cuando te metes en eclipse, estás muy frío», describió Roibás.

Todos estos ensayos son además un requisito documental obligatorio exigido por los operadores de lanzamiento.

Andøya y la elección de la órbita polar

El lanzamiento está previsto desde el puerto espacial de Andøya, en el norte de Noruega, uno de los nuevos centros europeos de acceso al espacio. La elección de este emplazamiento no es casual: las órbitas heliosíncronas, que garantizan que el satélite sobrevuela cada punto de la Tierra a la misma hora solar local, se ponen mejor en órbita desde latitudes elevadas. «Desde Andøya no está mal para lanzar ese tipo de órbitas«, precisó Roibás.

La duración operativa prevista de la misión es de tres años, aunque el equipo ha sobredimensionado los sistemas en la medida de lo posible. El antecedente es elocuente: el UPMSat-2 estaba diseñado para dos años y operó durante cinco.

Formación de ingenieros y continuidad del programa

El UPMSat-3 es también, por definición, un proyecto formativo. A lo largo de su ciclo de vida han participado estudiantes de grado, máster y doctorado de la ETSIAE, así como de la ETSI Informáticos, la ETSI de Telecomunicación y la ETS de Ingeniería de Sistemas Informáticos. «Uno de los mayores orgullos de este programa es ver cómo nuestros estudiantes crecen profesionalmente a medida que el satélite avanza y toma forma«, declaró Roibás en la nota oficial.

La directora también confirmó en la entrevista que el programa no concluye aquí: el UPMSat-4 está ya en fase preliminar. «Detrás de UPMSat-3 viene UPMSat-4, estamos ya haciendo cosas y ya iremos contando«, avanzó, aunque sin proporcionar detalles de calendario ni de carga útil.

Al proyecto han contribuido empresas del sector espacial como DHV Technology, OCCAM Space e HYDRA Space, junto al apoyo institucional de la Comunidad de Madrid y patrocinadores industriales como MISUMI.

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