Aviación Digital, Sp.- La desaparición del vuelo MH370 sigue siendo, más de una década después, una anomalía inaceptable para un sector que se basa en la trazabilidad, la gestión de riesgos y la mejora continua. La reanudación de la búsqueda en el océano Índico, liderada por Ocean Infinity bajo un contrato “no find, no fee”, reabre no solo la esperanza de respuestas para las familias, sino también un banco de pruebas crítico para la tecnología de búsqueda submarina y para la propia gobernanza de la seguridad operacional global.
Nuevo contrato y arquitectura de la misión
El Ministerio de Transporte de Malasia ha firmado con Ocean Infinity un acuerdo comercial que contempla hasta 55 días de operaciones de búsqueda de fondo marino en una zona prioritaria de unos 15.000 km² en el Índico sur. Se trata de un contrato de tipo “no find, no fee”, con un máximo de 70 millones de dólares pagaderos únicamente si se localizan restos sustanciales del MH370 dentro del área y del marco temporal definidos, trasladando el grueso del riesgo financiero al contratista.
La operación se apoya en el buque multipropósito de apoyo offshore Armada 86‑05, diseñado para operación de baja tripulación y alta automatización, que actúa como “nodo” de despliegue de vehículos submarinos autónomos. El inicio formal de la campaña se fijó para el 30 de diciembre de 2025, con búsqueda “intermitente”: ventanas de rastreo intensivo condicionadas por la meteorología del verano austral, sumando hasta 55 días efectivos de operación sobre el fondo.

Área de búsqueda: 15.000 km² en el Índico sur
Las autoridades malasias han descrito la nueva zona como un área de 15.000 km² en el océano Índico meridional, aproximadamente a 1.900‑2.000 km al oeste/suroeste de Perth, alineada con el séptimo arco de los datos satelitales de Inmarsat. Aunque los límites poligonales no se han hecho públicos, análisis independientes sitúan el foco de máxima probabilidad en torno al denominado “IG Hotspot”, con coordenadas aproximadas próximas a 34,2º S 93,8º E, donde se considera plausible que el avión impactara y que las búsquedas previas no ofrecieron cobertura óptima.
La selección de esta zona deriva de una combinación de fuentes: reanálisis de los datos satelitales de Inmarsat, estudios de deriva de restos hallados en playas del Índico occidental y simulaciones hidrodinámicas que intentan reconciliar la localización de fragmentos confirmados con diferentes trayectorias terminales del 777. Para los operadores de búsqueda, esto implica concentrar recursos en un área más reducida pero de mayor probabilidad, complementando y corrigiendo la batimetría generada en las campañas de 2014‑2017 y en la búsqueda privada de 2018.
Tecnología AUV y capacidad de resolución en fondo oceánico
El núcleo tecnológico de la misión lo constituyen vehículos submarinos autónomos HUGIN 6000, lanzados desde el Armada 86‑05, capaces de operar hasta 6.000 m de profundidad y diseñados para cartografiar en alta resolución amplias franjas de fondo oceánico. Estos AUV integran sonar de barrido lateral de alta frecuencia, ecosonda multihaz, perfilador de fondo, cámaras de alta definición, magnetómetro y sensores ambientales, generando modelos 3D detallados del relieve y permitiendo detectar anomalías compatibles con restos de fuselaje o estructuras metálicas de gran tamaño.

Ocean Infinity ya utilizó una generación anterior de AUV en 2018, a bordo del Seabed Constructor, pero la nueva campaña se beneficia de mejoras significativas en autonomía energética, calidad de los haces sonar, navegación inercial y capacidad de procesado de datos casi en tiempo real. Desde el punto de vista operativo, la posibilidad de desplegar varios HUGIN 6000 en paralelo desde un buque altamente automatizado permite optimizar la cobertura de área y reducir costes por kilómetro cuadrado inspeccionado.
Fases operativas: de la batimetría a la identificación de anomalías
Aunque Malasia solo ha publicado la cifra de 55 días de búsqueda de fondo marino, la estructura típica de una campaña de este tipo se organiza en tres bloques operativos: rastreo sistemático, “relleno” de huecos y análisis intensivo de anomalías. En una primera fase, los AUV siguen patrones de “cortacésped” sobre el núcleo de máxima probabilidad, volando a baja altura sobre el fondo para maximizar la resolución del sonar; cada inmersión puede extenderse durante 48‑72 horas antes de la recuperación y descarga completa de datos en el buque.
En un segundo bloque, el equipo ajusta los patrones de búsqueda para cubrir áreas con batimetría incompleta o datos de calidad insuficiente, guiado por mapas de cobertura y métricas de confianza; aquí la toma de decisiones se apoya tanto en algoritmos de clasificación como en la experiencia de analistas especializados en pecios. Finalmente, las “anomalías” que superan determinados umbrales de tamaño, forma o firma acústica se someten a un análisis más exhaustivo, evaluando si justifican futuras misiones de inspección visual con ROV u otros medios, que no forman parte de esta fase contractual pero que serían el siguiente paso lógico si se identifican indicios sólidos.
Impacto potencial en normativa y sistemas de seguimiento
La desaparición del MH370 ya impulsó la creación de nuevas normas y recomendaciones sobre seguimiento global de aeronaves, como los requisitos de localización en tiempo casi real derivados de la iniciativa GADSS de OACI y las soluciones comerciales de seguimiento vía satélite. Sin embargo, la falta de hallazgo del fuselaje ha dejado sin respuesta definitiva cuestiones clave sobre el perfil de vuelo final, las causas exactas del siniestro y la eventual existencia de fallos sistémicos que podrían requerir nuevas acciones de certificación o de diseño.
Si la actual búsqueda con Ocean Infinity lograra localizar el avión, la posterior investigación técnica abriría un nuevo ciclo de análisis de datos de vuelo, restos estructurales y sistemas, con potencial para generar nuevas recomendaciones de seguridad operacional, tanto en el ámbito de la aviónica y la gestión de comunicaciones como en el de los procedimientos de coordinación SAR y de búsqueda submarina. Para EASA, FAA y otras autoridades, esto podría traducirse en ajustes normativos sobre equipos de localización subacuática, redundancias de transmisión de datos y criterios de certificación para operaciones de largo radio sobre áreas oceánicas remotas.
Memoria de 2018 y lecciones para 2025‑2026
La propia Ocean Infinity llega a esta nueva campaña con un historial directo sobre el MH370: en 2018, la compañía rastreó más de 110.000 km² de fondo marino, sin encontrar el fuselaje, pero generando una cantidad de datos batimétricos y sonar sin precedentes en la región. Estos datos, junto con el informe final de la Oficina Australiana de Seguridad en el Transporte (ATSB) sobre la búsqueda inicial, han servido de base para refinar modelos, identificar áreas infraexploradas y mejorar la comprensión de las corrientes oceánicas y de la deriva de restos.
La “segunda oportunidad” que representa la actual misión plantea también un reto reputacional para la propia compañía: demostrar que la maduración de su tecnología de AUV, de su arquitectura de datos y de su capacidad de análisis puede marcar la diferencia allí donde dos grandes operaciones previas fracasaron. Para la comunidad profesional, el resultado será una referencia clave sobre la eficacia real de los nuevos enfoques de exploración profunda y su posible extrapolación a otras investigaciones de accidentes en aguas profundas.
La reactivación de la búsqueda del MH370 con Ocean Infinity es mucho más que un nuevo intento de encontrar un avión desaparecido: es un laboratorio vivo donde convergen tecnología de exploración profunda, modelos económicos innovadores y las expectativas éticas de un sector que se define por aprender de cada accidente. Si finalmente se localiza el avión, el impacto en la seguridad operacional, en la normativa de seguimiento global y en la percepción pública de la aviación será profundo; si no aparece, la industria tendrá que preguntarse cómo gestionar el legado de un misterio persistente en un sistema que se construye sobre la evidencia.






