Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- Elon Musk ha vuelto a poner fecha a su obsesión: lanzar las primeras Starship no tripuladas hacia Marte en la ventana de transferencia de finales de 2026, aprovechando el alineamiento perfecto entre Tierra y el planeta rojo para minimizar combustible y tiempo de viaje. No es una línea recta, sino una elipse calculada —la órbita de transferencia de Hohmann— que aprovecha la gravedad del Sol como un resorte gigante, un principio de física orbital que lleva décadas en los libros pero que SpaceX quiere escalar a la historia con cohetes reutilizables y carga masiva.
How SpaceX Plans to Reach Mars This November Using the Starship Rocket
— SMX 🇺🇸 (@iam_smx) January 1, 2026
As explained by Elon Musk, SpaceX’s Starship does not fly to Mars in a straight line. Instead, it follows a carefully planned elliptical orbit around the Sun called a Hohmann transfer orbit, which uses… pic.twitter.com/qvPSWxtb2h
La transferencia Hohmann: el truco de gravedad más elegante del cosmos
Si imaginamos un billar cósmico donde la gravedad del Sol es la mesa y los planetas las bolas: la maniobra orbital que usa menos combustible para llegar a Marte o la Luna es la llamada transferencia de Hohmann, ideada por el ingeniero alemán Walter Hohmann en 1925 como un sueño teórico para naves que aún no existían.
✨Dato random del día✨
— Elena Alcina (@elena_alcina) November 1, 2022
La maniobra orbital que usa menos combustible para, por ejemplo, llegar a Marte o a la Luna es la llamada transferencia de Hohmann. Consiste en acelerar una vez para hacer la órbita elíptica y luego volver a acelerar para hacerla circular de nuevo: pic.twitter.com/KnccSw4oVb
Consiste en un solo empujón potente para estirar la órbita terrestre en una elipse gigante que roza la de Marte, aprovechando la velocidad gratis que regala la gravedad solar en el punto más lejano del perihelio. Luego, al llegar, un segundo acelerón circulariza la trayectoria y permite la inserción orbital o el aterrizaje. Simple, barata y tan eficiente que sigue siendo el estándar un siglo después, incluso para cohetes gigantes como Starship.
Lo que hace mágica a la Hohmann es su paradoja: requiere esperar la alineación perfecta de los planetas —cada 26 meses para Marte—, pero una vez en marcha, convierte el vasto vacío interplanetario en una autopista gratuita regida por las leyes de Kepler. Es la razón por la que misiones como las sondas Viking o Perseverance tardaron seis meses en llegar: no por lentitud, sino por inteligencia pura, ahorrando combustible para ciencia en lugar de quemarlo en aceleraciones estériles. Para SpaceX, escalar esta física clásica a flotas reutilizables podría ser el puente entre exploración puntual y tráfico rutinario hacia otro mundo.
La ventana que se abre cada 26 meses
En el baile orbital de la Tierra y Marte, las ventanas de transferencia óptimas no son un capricho, sino una cuestión de física básica. Ocurren cada 26 meses, cuando los dos planetas se alinean en sus trayectorias elípticas alrededor del Sol, reduciendo la distancia relativa a unos 55 millones de kilómetros y permitiendo que una nave llegue al destino en seis a nueve meses con un gasto de propelente mucho menor que en cualquier otro momento.
The First Uncrewed Human Cargo Trip to Mars
— Departing Earth Forever (@ChamberlandNASA) November 28, 2024
Elon Musk has stated that humanity’s first uncrewed human cargo trip to Mars is aspirationally scheduled for the next available window of opportunity opening on Saturday, 15 November 2026. The Hohmann Orbital Catalogue says this… pic.twitter.com/2IxzkQvwDO
La próxima abre sus brazos a finales de 2026, con Marte en oposición —el punto en que se ve más brillante desde la Tierra—. Para SpaceX, es el momento de probar si el cohete superpesado Starship puede no solo llegar al espacio profundo, sino aterrizar intacto en la superficie marciana con suficiente carga para empezar a construir algo permanente. Musk ha repetido que las probabilidades de éxito son “50-50”, una franqueza que contrasta con la ambición de enviar cinco naves no tripuladas en esa ventana, posiblemente con robots Optimus a bordo para explorar hielo y preparar infraestructura básica.
El camino elíptico: de la Tierra a la atmósfera marciana
El viaje no empieza con un disparo directo hacia Marte, sino con un ritual meticuloso en órbita terrestre baja. Starship despega montada sobre su booster Super Heavy, entra en LEO y espera el reabastecimiento orbital: múltiples naves cisterna que transfieren propelente metano y oxígeno líquido en el vacío, un paso crítico que aún debe demostrarse a gran escala.
Una vez con los tanques llenos, llega la Inyección Transmarciana (TMI): los motores Raptor se encienden para estirar la trayectoria en una elipse gigantesca que cruza la órbita de Marte. Durante seis a nueve meses, la nave realiza correcciones mínimas de rumbo, ahorrando combustible y confiando en la mecánica celeste para que la gravedad haga el trabajo pesado. Es un principio tan elegante como antiguo —descrito por Walter Hohmann en 1925—, pero aplicado a una nave de 150 toneladas de carga útil, convierte a Starship en un “tren interplanetario” potencialmente reutilizable.
El aterrizaje que lo decidirá todo
Al acercarse a Marte, viene la prueba de fuego: entrada atmosférica a velocidades hipersónicas. El escudo térmico de miles de teselas de acero inoxidable debe resistir temperaturas extremas mientras la atmósfera enrarecida frena la nave en una maniobra de “belly flop” —barriga al aire—, controlada por aletas aerodinámicas que generan sustentación y resistencia.
Los motores Raptor de la nave espacial se encienden durante la separación de la etapa caliente. El Super Heavy regresa a su lugar de amerizaje y se prepara para su experimento de combustión de aterrizaje. pic.twitter.com/iknuFfrm3X
— William Romero Contreras (@WillromC) October 14, 2025
A pocos kilómetros del suelo, los motores Raptor se encienden para un aterrizaje vertical propulsado, el mismo que SpaceX ha perfeccionado en Falcon 9 pero a escala marciana, con gravedad menor y polvo fino que puede dañar los motores. Si funciona, Starship demostrará ser la primera nave capaz de llevar 100 personas o 150 toneladas de carga a la superficie, allanando el camino para misiones tripuladas en 2028-2030 y, a largo plazo, una “civilización multiplanetaria”.
¿Por qué noviembre de 2026?
Musk ha ajustado el reloj varias veces —de 2024 a 2026—, reconociendo que el desarrollo de Starship depende de pruebas orbitales exitosas, reabastecimiento en órbita y aterrizajes limpios. La ventana de finales de 2026 da margen para más vuelos de prueba desde Starbase, Texas, y para demostrar el ciclo completo: lanzamiento, órbita, TMI, viaje interplanetario y descenso controlado.
Elon Musk: 'Making life multi-planetary is the most important thing we can do.'
— Aristo (@2pEmporium83503) January 2, 2026
2026: First uncrewed Starships head to Mars.
Are you watching history unfold?
Follow for more mind-blowing SpaceX & Elon updates! 🚀🔥#ElonMusk #Mars #SpaceX #Starship #Humanity" pic.twitter.com/yGyYifq2JD
Para SpaceX, el objetivo es exponencial: lanzar docenas de Starship por ventana futura, construyendo una flota que transporte miles de personas en cada ciclo de 26 meses. Pero el realismo de Musk es claro: si 2026 falla, la siguiente oportunidad es en 2028, y las misiones tripuladas se retrasarían a 2030.
Desafíos que van más allá de la física
Técnicamente, la órbita Hohmann es impecable, pero el verdadero reto es la cadena operativa. El reabastecimiento orbital requiere hasta diez acoplamientos precisos, un ballet en el vacío que aún no se ha ejecutado con propelente criogénico a escala real. El aterrizaje en Marte añade complicaciones: polvo abrasivo, vientos impredecibles y una atmósfera delgada que exige un escudo térmico perfecto.
Lo fascinante es cómo SpaceX aplica lecciones de la aviación comercial —reutilización, operaciones densas, reducción de costes— a la exploración interplanetaria. Pero también hay sombras: dependencia de un solo proveedor de lanzadores para misiones críticas, plazos ajustados y la presión de inversores que ven en Marte un activo de valoración.
Hacia una flota marciana
Si noviembre de 2026 marca el arranque, Musk imagina miles de Starship cruzando el vacío en cada ventana, con aterrizajes masivos que acumulen megatoneladas de carga en Marte. Robots Optimus explorarían hielo subterráneo, prepararían hábitats y probarían producción local de propelente, sentando bases para humanos en 2029-2030.
With a little help from SpaceX!
— Mars (@Marylou64286705) December 31, 2025
The reality of a Moon base with Starships and Cybertrucks is only one Starship away!
Wishing the Moon and Earth a happy new year! pic.twitter.com/Hg2iFwWF4A
Para la aviación espacial, este plan Hohmann aplicado a Starship representa un salto: de misiones puntuales a tráfico rutinario interplanetario, donde el viaje de seis meses se convierte en algo tan “normal” como un vuelo transatlántico actual. Si SpaceX lo logra, el cielo de Marte dejará de ser un sueño y empezará a llenarse de siluetas plateadas descendiendo en llamas controladas.






