Carta de una ex-trabajadora de Aena tras su “liberación”

Carmen Esteban Martín/ "Cuando un verdadero talento aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: TODOS LOS NECIOS SE CONJURAN CONTRA ÉL". (Jonathan Swift).

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Alicante, SP.- Queridos ex-compañeros:Supongo que no me recordareis; “tranquis”, el sentimiento es mutuo-.

Pero, resulta que, con la legendaria rapidez y eficacia de, como sea que se llame ahora vuestra empresa, acabo de recibir nada menos que un buro-fax firmado por la Directora vitalicia de RRHH, Begoña Gosálvez, “comunicándome”, que todos los Tribunales a los que me han llevado: el de lo Social, el Superior y el Supremo, han fallado a mi favor, en el ignominioso caso de mi despido “objetivo”.

Que no cunda el pánico: no volvería allí ni por todo el oro del mundo. Solo se trataba de dirimir el monto de mi indemnización legal: unos 110.000 euros, que vuestros inefables próceres pretendían liquidar con 37.000, incluida la multa por premeditación, alevosía y no preaviso.

Hace casi medio año que cobré el total que me debían. Se ve que me consideran uno de los suyos, -que no necesita mirar su cuenta bancaria-, y han tenido a bien comunicármelo por escrito de inmediato.

Me ha parecido de mera buena educación, -de la que no carezco-, responder a su rápida misiva. Además, necesitaba manifestar mi inconmensurable y eterna gratitud a todos los implicados, por acción u omisión, que sois legión. Salvando las contadísimas excepciones a la regla que, por aquello de la estadística, siempre hay.

Además, ahora que cobro una pensión del 100% de mi sueldo, -y ¡no cotizo a Hacienda!- mis achaques y operaciones aún me dejan mucho tiempo libre para hacer cosas interesantes, divertidas y ¡útiles! -aunque ésta no sea una de ellas-.

Guardo un lejano recuerdo de la pesadilla diaria de acudir a un cubículo irrespirable a ¿trabajar? Contar y recontar las horas y los minutos a pasar en el cálido y profesional ambiente con el que me obsequiabais, calcular los años restantes hasta mi jubilación, y, llegar a la irrevocable conclusión, de que, de seguir así, perdería la cordura sin remedio.

Jamás de los jamases, ni en el mejor de mis sueños, hubiera imaginado que serían mis propios torturadores los que pondrían fin a mi tormento. Los que me liberarían y me darían la oportunidad de volver a la auténtica vida. De nuevo: gracias.

Confío que entenderéis que, a mis 50, con un hijo pequeño, un rutilante CV, casi 25 años dedicados a vuestra empresa, víctima colateral del caso “Gürtel”, habiendo dada por finiquitada mi carrera y aterrizada en Alicante con la sana intención de dormir tranquila y jubilarme en el mar, una vez constatado un nivel profesional y de carga laboral fuera de este mundo, contuviera a duras penas un comprensible impulso por huir, pese a las nefastas consecuencias que vuestra incomparable consideración laboral tenían sobre mi salud física y mental.

Sospecho que no era esta vuestra intención, -soy muy perspicaz.-. Es más, sospecho incluso que fueron ese tipo de talentos con los que fui bendecida, los que incordiaban e involuntariamente ponían en triste evidencia a los protagonistas de una obra tan insufriblemente mediocre, y, me procuraron semejante admiración y cariño por vuestra parte.

Lamentablemente, como bien decía mi abuelita: para ser malo, hay que ser listo. Y, mucho me temo que solo de lo primero andáis sobrados.

De hecho, gran parte del mérito de mi triunfo es todo vuestro. Es de justicia, -y yo, siempre diferente de ese rebaño, soy una persona justa-, reconocer que sin la legendaria eficacia y excelencia laboral de vuestra empresa(?),-cuyo mayor capital son sus trabajadores, bajo el siempre preclaro liderazgo de sus líderes-, quizá el resultado hubiera sido otro.

Mención especial merecen vuestro excelso director, Santiago, de RRHH, “erodes”, “el grande”, mis encantadores ex-compañeros de gabinete y prensa, sin olvidar las valientes actuaciones personales de individuos como Encarna y, por supuesto el brillante equipo legal, tanto en Alicante como en los Servicios Centrales.

Me atrevo a augurar que el responsable de no presentar la alegación en plazo, llegará lejos entre vosotros. Mirad a Santiago, que me dicen que lo han ascendido a Gran Canaria, sin ir más lejos.

Me abruma el pensamiento de que mi humilde y molesta personita, haya motivado tal derroche de inteligencias, estrategias, medios y dinero, en una empresa de ese calibre…En fin: para eso está la pasta.

Concluyendo: os exhorto encarecidamente a continuar en esa, vuestra línea. A seguir calentando sillas con ahínco, tragando con alegría y yendo a trabajar enfermos, -a mi ya no me vais a contagiar-. Por favor, perseverad en la estulticia y castigad duramente cualquier atisbo de pensamiento lógico, manteniendo vuestra extraordinaria productividad y eficacia.
No sé si heredareis algún ladrillo, pero, veréis, mi niño y yo necesitamos que continuéis pagando mi carísima pensión hasta que la diñe, y ya sabéis lo que se dice de la mala hierba…
Salud y sumisión para todos,

Carmen Esteban Martín

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