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junio, viernes 14, 2024

Los «dragones» chinos y la amenaza que suponen para Taiwán

El caza furtivo J-20 se erige como una potencia aérea muy superior a los cazas que dispone Taiwán

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Alba Sanz/Aviación Digital, Sp.- Las tensiones geopolíticas en la región Asia-Pacífico no han dejado de aumentar. El bipolarismo que protagonizaron Estados Unidos y la antigua Unión Soviética durante la guerra fría dieron paso a un nuevo orden cada vez más multipolar en el que China va ganando más terreno a través de un soft power que es cada vez más latente en continentes como el africano. Sin embargo, esto no obvia que el país asiático esté cada día más armado después de que su gobierno destinase un presupuesto de 230.000 millones de dólares a defensa.

En Asia, China actualmente ostenta el cargo del primer Ejército más poderoso en el continente y el tercero a nivel mundial. Defender sus intereses y el hecho de que en la región cuenta con pocos amigos (Japón es conocido por su alianza con Estados Unidos al igual que Corea del Sur) hacen que los chinos hayan seguido la doctrina de «no atacar. Sino más bien volverse uno mismo invencible».

Además de la poca consonancia con sus vecinos regionales, la disputa por la soberanía de la isla de Taiwán sigue siendo uno de los principales objetivos de la política exterior china por conseguir. En las últimas horas, 10 aeronaves de la fuerza aérea china han entrado en la zona de defensa de Taiwán, acompañando a cinco buques de guerra chinos que se encontraban participando en patrullas de «preparación para el combate», tal y como ha comunicado el Ministerio de Defensa taiwanés, siendo esta la segunda incursión de este tipo en solo una semana.

Estas incursiones aéreas no son una novedad para la isla de Taiwán. De hecho son múltiples las ocasiones en las que los aviones chinos ejecutan entrenamientos militares muy cerca de sus fronteras en una demostración de la fuerza militar que China dispone y que pretende amedrentar a la isla. En este sentido, China tiene varios tipos de aviones de combate en su inventario, incluyendo modelos como el J-10, J-11, J-15, J-16, J-20 que suman a sus fuerzas aéreas más de 1.500 aviones de combate en activo mientras que Taiwán no consigue llegar a las 300 unidades.

Dragones vs halcones

Además de esta gran diferencia, China ha conseguido desarrollar cazas de quinta generación como el Chengdu J-20, conocido como el «Dragón Poderoso», que rivaliza directamente con el F-35 estadounidense. En este sentido, el desarrollo del J-20 forma parte de la estrategia de modernización militar en China ejecutada por el presidente chino, Xi Jinping, específicamente en lo que respecta a la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación.

El Chengdu J-20 es un avión de combate furtivo de quinta generación desarrollado por China y está diseñado para llevar a cabo tanto tareas de defensa aérea como ataques de precisión. En términos de defensa, puede interceptar y derribar aeronaves enemigas que se acerquen al espacio aéreo chino. Además, puede realizar ataques de precisión, lo que significa que puede golpear objetivos específicos con alta precisión, lo que es esencial en situaciones militares para minimizar daños colaterales y maximizar el impacto en objetivos estratégicos.

El J-20 está equipado con sistemas y armamentos avanzados, lo que le permite llevar a cabo diversas misiones y adaptarse a diferentes situaciones. Esto incluye misiles aire-aire y aire-tierra, lo que le brinda capacidades multifuncionales para enfrentar una variedad de escenarios de combate.

Por su parte, Taiwán dispone de cazas de combate F-5F, F-CK-1A, E27-T y Mirage 2000-5EI, entre otros. La joya de la corona de sus fuerzas aéreas son los F-16. En total, son 140 los «halcones» F-16, con una antigüedad de más de 50 años, los que dispone la isla para su defensa. Las nuevas actualizaciones del F-16 está equipado con un radar nuevo fabricado por Northrop Grumman e incorpora un nuevo ordenador de vuelo.

Además, esta aeronave es versátil en términos de roles de combate. Puede llevar a cabo ataques tanto en el aire contra otras aeronaves (aire-aire) como en la superficie contra objetivos en tierra o en el agua (aire-superficie). Por otro lado, el F-16 cuenta con una ametralladora de calibre 20 mm. Asimismo, el avión está equipado con una amplia gama de armamentos, incluidos cohetes, misiles de diferentes tipos (incluidos los antiembarcaciones, diseñados para atacar barcos enemigos) y bombas guiadas, que son armas que pueden ser dirigidas con precisión hacia objetivos específicos.

Así, el J-20 se caracteriza por su faceta de «superioridad aérea», lo que significa que está diseñado para dominar el espacio aéreo y establecer el control sobre otros aviones en combate. Por otro lado, el F-16 se presenta como un «caza multipropósito», lo que hace que sea es un avión versátil capaz de realizar diversas misiones, incluyendo combate aéreo, ataque a tierra y más.

Este desarrollo militar por parte de China demuestran que, en caso de un ataque a Taiwán, la isla estaría en una condición inferior en materia defensiva. Sin embargo, en una situación así, Taiwán estaría apoyada militarmente por Estados Unidos, además de ser actualmente su principal suministrador armamentístico, quien ya ha afirmado en más de una ocasión su respaldo militar a la isla taiwanesa en caso de un ataque chino.

Origen del conflicto chino-taiwanés

El conflicto entre China y Taiwán se basa en diferencias históricas, políticas y territoriales que han persistido durante décadas. Concretamente, la raíz del conflicto se remonta a la Guerra Civil China (1927-1950) entre el Partido Comunista de China (PCCh) y el Gobierno Nacionalista de China (KMT), liderado por el Kuomintang. Después de la victoria comunista en 1949, el KMT se retiró a la isla de Taiwán, donde estableció su propio gobierno y continuó considerándose como la República de China (ROC).

Así, China considera a Taiwán como parte inalienable de su territorio, y el gobierno chino reclama la soberanía sobre la isla. Esta afirmación se basa en la idea de que Taiwán es una provincia china que debe ser reunificada bajo el principio de «una sola China». Sin embargo, Taiwán se ha desarrollado como una democracia multipartidista con instituciones políticas y sistemas económicos separados de los de la República Popular China (RPC). De esta forma, el gobierno taiwanés busca mantener su independencia y autogobierno, mientras que China se opone a cualquier declaración formal de independencia por parte de Taiwán.

La mayoría de los países del mundo reconocen a la RPC como la única representante legítima de China y mantienen relaciones diplomáticas con Pekín. Debido a la presión diplomática de China, Taiwán tiene una presencia limitada en la arena internacional y solo un pequeño número de países reconocen su soberanía.

De esta forma, a nivel internacional, Taiwán opera como una entidad con cierta autonomía, pero no ha declarado formalmente su independencia. Esta situación hace que el estatus político de Taiwán sea complejo ya que está atrapado entre su deseo de autodeterminación y la oposición de China a cualquier movimiento que sugiera su independencia, algo que Pekín demuestra con sus continuadas incursiones cerca de Taiwán que mandan un mensaje claro, así como en sus muestras de poder.

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