El Estado nos ha engañado

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accSr. Director: Asisto desde hace un tiempo perplejo y desde la barrera al debate, cuando no enfrentamiento abierto, existente entre controladores civiles y militares a cuenta de la amenaza irrealizable lanzada por el ministro de Fomento del gobierno español de habilitar a toda prisa a controladores aéreos militares a fin de sustituir llegado el caso a controladores aéreos civiles cuando la falta de personal en la forma de "circunstancias excepcionales" según su particular y más que seguro erróneo criterio pudieran aconsejarlo.

Dejando a un lado el brindis al sol realizado por nuestro inefable e incapaz ministro, he de reconocerle no obstante su habilidad para mentir y confundir a la opinión pública, demonizar a unos ciudadanos sin despeinarse ni preocuparle su conciencia porque no tiene y sacar partido personal mientras observa, probablemente divertido, como unos y otros se tiran los trastos a la cabeza en discusiones inocuas y faltas de contenido que sólo consiguen enrarecer el ambiente más aún si cabe mientras él, parapetado y a buen recaudo, continúa deshaciendo su ministerio y a España.

En la actualidad, unos y otros se encuentran enfrascados en valorar como desacertadas o convenientes las declaraciones ante los medios de un portavoz sindical e infravaloran y hasta desprecian las aclaraciones y disculpas de un nuevo, inteligente y respetuoso líder sindical que tiene ante sí una ardua tarea por delante tanto dentro como fuera del colectivo al que representa. Considero esas críticas fuera de lugar y las disculpas pedidas suficientes para acallar las conciencias de unos, aplacar el resquemor de otros y restituir el honor de todos.

Desde mi doble personalidad de controlador aéreo civil y militar creo encontrarme en situación de opinar con conocimiento y ponderación acerca del actual debate.

Vaya por delante, que como profesional del ATC siempre he considerado inapropiado y de mal gusto hacer referencia al accidente del VOR de Nantes ocurrido en 1973 cada vez que se mentaba la posibilidad de que el control aéreo militar español pudiera hacerse cargo en tiempo de paz de las misiones del control aéreo civil con ocasión de un conflicto laboral. Y también, que considero al control aéreo militar como una institución perfectamente capaz de llevar las operaciones del tráfico aéreo de la circulación aérea general. Así lo están demostrando día a día en numerosas dependencias militares que también ofrecen el servicio de control a las aeronaves de la aviación comercial. Aunque es un hecho y no descubro nada, debía dejar constancia de ello.

Ponerse a discutir ahora sobre el nivel de inglés, la fraseología o los procedimientos que emplea el ATC militar para dar el servicio a la aviación es un debate estéril que no nos lleva a ningún lado y que sólo consigue desviar nuestra atención de lo que realmente importa. Y esta es la cuestión, porque si nos atenemos a las inapropiadas manifestaciones del ministro de Fomento es fácil darse cuenta de que su plan es irrealizable en el plazo que propone, por no mencionar que de intentar por las buenas integrar en una misma plantilla de profesionales con formación similar pero pautas de trabajo con frecuencia contrapuestas nos puede llevar a generar tensiones personales que atentarían de forma grave contra la seguridad de vuelo, un concepto que tanto él como otros ignorantes de su entorno a buen seguro desconoce. Lo que me lleva a pensar que el mensaje que nos está enviando es otro.

Si no hay nada que lo remedie, dentro de poco tendremos por obra y gracia de la liberalización promovida por los señores Blanco y Lema y los lobbies a los que de forma escondida representan a controladores aéreos low nómina pero high cost con la formación mínima y hasta es muy probable que insuficiente en aeropuertos hoy con pérdidas que empezarán a dar beneficios en cuanto los controladores cobren menos. Como si los sueldos fueran la causa de los problemas financieros de Aena cuando nuestro sueldo proviene de las tasas que pagan los pasajeros con su billete de avión: unos dos euros tienen la culpa. Una situación que es susceptible de provocar tensiones entre los profesionales, que el gobierno seguramente atajaría en su momento con el mismo procedimiento al que ya nos tiene acostumbrados: por la bravas y decretazo mediante. Salvo que hagamos algo.

El Estado nos ha engañado. Esta es una realidad palpable, tangible e indiscutible a estas alturas. Nos ha tendido una trampa muy bien orquestada cuyos resultados están, tal y como yo lo veo en mi personal paranoia, muy cerca de materializarse. Una trampa que siempre ha perseguido el objetivo de que nadie pusiera impedimentos a que todo lo que implica el Cielo Único se implantara en España y, de paso, que gente con mucho poder y muy poca vergüenza ganara mucho dinero a nuestra costa y a costa de los que es de todos los españoles. Se contrató a una empresa especializada en liquidar convenios colectivos y en orquestar un plan de "mobbing" laboral con el objetivo de reducir la resistencia a los cambios que sería necesario acometer para conseguir el objetivo, hostigar a los trabajadores para "animarles" a pedir la rescisión del contrato o bien adoptar soluciones personales más drásticas, como el suicidio (lo ocurrido en France Telecom es prueba de ello porque se trata de la misma empresa). Todo vale si el objetivo se cumple. Y en esas están.

Estudiaron muy bien al "enemigo", su debilidad (el dinero, como todo mortal, y su fuerza, la capacidad de llevar a cabo huelgas dolorosas para la economía y los pasajeros de las que siempre se nos ha acusado a pesar de no poder ser constatadas). Compraron a los medios de comunicación, al menos a los más influyentes y de ámbito nacional. Daba igual si eran cutres o de prestigio porque lo importante era la audiencia. Y cuanto más borrega, mejor. Maquillaron los datos que enviaban a Eurocontrol para que realizara la estadísticas que luego utilizarían contra nosotros. Eligieron a un par de sinvergüenzas sin escrúpulos para dirigir la orquesta y difundir a los cuatro vientos las "maldades" del enemigo y se ganaron la confianza ciega de un pueblo atenazado por una crisis económica profunda y sediento de culpables a los que hacer responsables de sus desgracias. De paso, se desviaba la atención de los auténticos culpables de la situación: los promotores de esta aberración social en la forma de gobierno del pueblo pero sin el pueblo. El resto ya es historia.

Pero esto aún no ha acabado. Porque el Estado, haciendo uso de sus prerrogativas, entre las que se encuentran las leyes que promulga y las más altas instituciones del supuesto "Estado de derecho" ha utilizado a su antojo y conveniencia el poder legislativo, ejecutivo y judicial sin importar las consecuencias. Aunque pudieran llevar a un accidente aéreo. Lo mismo les daba con tal de alcanzar el objetivo. El culpable ya estaba señalado.

Las últimas decisiones del gobierno publicando decretos a troche y moche e interfiriendo adrede y de forma calculada en la negociación laboral Aena-sindicato demuestran el poco respeto que tiene hacia el colectivo de controladores aéreos, delata sus mentiras y vislumbra su siguiente paso en la consecución de su estrategia: abocarnos sin que se note a una huelga que siempre nos hemos resistido a convocar para a continuación reaccionar de forma drástica aunque prevista y organizada cuando decidamos incumplir los abusivos servicios mínimos que, a buen seguro, nos van a imponer. Una solución final que pasará casi con total seguridad por una militarización de facto del control aéreo español.

No hablo de incorporar a unos cuantos militares a suplir a otros tantos civiles, hablo de instaurar el Código de Justicia Militar como garantía y respaldo legal para "restablecer" el orden en el servicio de control de la circulación aérea y asegurar la continuidad del mismo sin sobresaltos para el usuario, ya que por alguna extraña lógica su derecho a viajar es más importante que nuestros derechos constitucionales. Si este pálpito se confirmara, sería la peor noticia a la que se enfrentaría el colectivo de controladores aéreos, el transporte aéreo nacional e internacional y toda la sociedad. Este vaticinio puede parecer apocalíptico y hasta demencial si se quiere. Pero no hay que olvidar, que el gobierno español se enfrenta en la actualidad a un nivel de descrédito tremendo por razones de sobra conocidas y que está decidido a dar un vuelco a las encuestas de intención de voto que vienen publicándose. Digamos, en fin, que de un plumazo y a nuestra costa se haría con el paquete completo.

Siempre he sido contrario a la huelga. Siempre he creído que el servicio público que proporcionamos al interés general debía estar por delante de nuestros intereses como colectivo y que había que agotar de forma pacífica y responsable todas las posibilidades que ofreciera la negociación. Delante de nuestros intereses, no de nuestros derechos como ciudadanos de un país supuestamente democrático. De hecho, he criticado la huelga en algún que otro artículo, especialmente si esta se lleva a cabo en época de vacaciones. Uno de ellos fue publicado no hace mucho en este medio y en algunas publicaciones especializadas a cuenta de desaconsejar implantar el Cielo Único con calzador, que es por cierto lo que se quiere hacer en España a pesar de que ni nuestros políticos ni nuestros gestores están capacitados para ello, ni nuestro país tiene aún la madurez suficiente para asumir ese importante y, quizá, innecesario reto.

Desgraciadamente, la realidad que experimento hoy como controlador aéreo me ha hecho cambiar de opinión y no sólo contemplo la posibilidad de apoyar sin reservas una convocatoria de huelga este mes de agosto, sino que la veo absolutamente necesaria. Y lo siento. De verdad. El impresentable gobierno que tenemos en nuestro país lleva tiempo haciéndome la puñeta con todos sus recursos, ya sean legales o ilegales para salirse con la suya (no olvidemos, que es correligionario de aquél que promovió el infame "Terrorismo de Estado" de hace unos años). Y la suya no es implantar sin estorbo el Cielo Único -esa es sólo la excusa-, sino hacer más ricos a los lobbies que le apoyan y remontar unas encuestas de intención de voto muy desfavorables.

Y no sólo apoyaría una convocatoria de huelga cuanto antes, sino que no voy a estar por la labor de consentir los, a buen seguro, abusivos servicios mínimos que nos van a imponer desde empresa y gobierno. Pienso ir a por todas, aunque pierda el trabajo que tantas satisfacciones me ha reportado durante cerca de tres décadas (y no me refiero a las económicas, que tampoco ha sido tanto), aunque me quede en la calle con una mano delante y otra detrás. Respetar la ley a estas alturas ya es lo de menos cuando vengo comprobando que el gobierno de mi país crea a su antojo las que le parecen para precisamente saltarse la ley y hasta nuestra Constitución y que manosea la judicatura abocándola a una vergonzante prevaricación que, espero, pase factura más pronto que tarde a esta pandilla de desgraciados.

No es una cuestión de dinero. Es una cuestión de dignidad, de honor y de responsabilidad. Si esta situación se mantiene cualquier día cometeré un error y se matará mucha gente. No pienso permitirlo. Ha llegado el momento de movilizarse. Y si con ello otros no pueden moverse lo sentiré en el alma. De verdad. Pero para mí es más importarte su vida que sus vacaciones. Y mis derechos como trabajador más que los suyos como usuarios de mi trabajo.

Reciba un cordial saludo

Jorge Ontiveros

Controlador aéreo

Número de licencia 1335.

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