La Fiscalía francesa pide prisión para ex director del programa del Concorde

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La Fiscalía francesa pidió hoy dos años de cárcel exentos de cumplimiento para el ex director del programa del Concorde, Henri Perrier, y una multa de 175.000 euros para la aerolínea Continental Airlines, en el juicio por el accidente del avión supersónico que causó 113 víctimas en 2000.

El fiscal, Bernard Farret, consideró a la compañía aérea estadounidense responsable del espectacular accidente, ocurrido el 25 de julio de 2000 cerca del aeropuerto parisiense de Roissy-Charles de Gaulle.

La razón, dijo, es que uno de los aviones de Continental perdió una placa de titanio en la pista, que afectó al despegue del aparato supersónico siniestrado, propiedad de Air France.

Además de la compañía estadounidense, la acusación también pidió sendas penas de un año y medio de prisión exento de cumplimiento para dos de sus empleados, John Taylor y Stanley Ford, el primero por no haber fijado convenientemente la lámina que se desprendió del avión, y el segundo, por haber validado el trabajo de Taylor.

Por lo que afecta a Henri Perrier, quien fue director del programa del Concorde entre 1978 y 1994 en Aerospacial, uno de los constructores del aparato, el fiscal le reprocha no haber tenido en cuenta fallos en la concepción del supersónico tras anteriores incidentes del avión.

Bernard Farret libera de toda responsabilidad a los otros dos acusados en este juicio, que comenzó el pasado 2 de febrero y está previsto que concluya a finales de este mes.

Se trata de Jacques Hérubel, ingeniero de Aerospacial y Claude Frantzen, quien supervisó el avión por cuenta de la Dirección General de Aviación Civil (DGAC). Ambos están acusados de no haber tenido en cuenta fallos en la concepción del supersónico.

Durante el juicio, Air France, como parte civil en el caso, se apoyó en las conclusiones de las pesquisas oficiales dirigidas por la Oficina de Investigación y Análisis (BEA) y recuperadas por la acusación, según las cuales la placa desprendida del DC-10 de Continental provocó el accidente.

Al pasar por ella, un neumático del avión supersónico se reventó y sus restos perforaron uno de los depósitos del aparato, que se incendió y dañó los motores dejando al avión sin control.

Los pilotos trataron de hacer un aterrizaje de emergencia en el vecino aeropuerto de Le Bourget, pero no fue posible y el aparato acabó estrellándose contra el hotel Hotellissimo de Gonesse.

Fallecieron los cien pasajeros del avión, la mayor parte de ellos alemanes, los nueve tripulantes y cuatro personas que estaban en el hotel.

El accidente acabó con la aureola de modernidad que arrastraba el Concorde desde su vuelo inaugural en 1976.

De hecho, tras la catástrofe, Air France aparcó provisionalmente sus supersónicos durante 15 meses y, aunque volvieron a ponerse en servicio, fueron definitivamente apartados de la circulación en mayo de 2003 por sus elevados costes de explotación.

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