El chico que vio 1,5 millones de luces donde nadie miraba

La historia de Matteo Paz, el “chico de la NASA” que usó inteligencia artificial para descubrir 1,5 millones de nuevos objetos astronómicos y captó la atención de Jared Isaacman.

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Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- Hay historias espaciales que empiezan con un cohete despegando y un rugido de motores. Y luego está la de Matteo Paz, un adolescente de Pasadena que, sin traje de vuelo ni centro de control, ha firmado uno de los avances más sorprendentes de la astronomía reciente con algo mucho más silencioso: código, paciencia y datos olvidados de la NASA. Su hazaña no se mide en órbitas completadas, sino en 1,5 millones de nuevos objetos celestes que nadie había identificado antes en los archivos de la misión NEOWISE.

Para quienes ven el espacio normalmente desde la cabina de un avión, su trabajo es casi el equivalente a descubrir rutas aéreas enteras en mapas meteorológicos que otros habían dado por rutinarios. Y, sin embargo, esto lo ha hecho un estudiante de instituto de 18 años armado con una idea clara: la inteligencia artificial puede ver patrones donde el ojo humano se rinde.


De las charlas públicas a un hallazgo histórico

Matteo no empezó en un laboratorio de élite, sino sentado en las butacas de las charlas públicas de Caltech, adonde su madre lo llevaba desde niño. Allí, escuchando a astrónomos hablar de galaxias lejanas, se fue gestando la misma pregunta que a muchos pilotos les nace al mirar la meteo: “¿Hasta dónde podemos llegar con lo que ya tenemos delante y no estamos aprovechando?”.

Pasadena es ciudad de tradición espacial, vecina de JPL y de algunas de las misiones más emblemáticas de la NASA, pero Matteo seguía siendo “solo” un estudiante de instituto, sin acceso a telescopios profesionales. Lo que sí tenía eran tres piezas clave: curiosidad, Python y un conjunto de datos públicos de la NASA. NEOWISE, un satélite pensado originalmente para buscar asteroides cercanos a la Tierra, llevaba más de una década acumulando observaciones del cielo infrarrojo, con casi 200.000 millones de mediciones almacenadas en una tabla gigantesca.


NEOWISE, el “radar meteorológico” del cosmos

Para entender la magnitud de su trabajo, conviene pensar en NEOWISE como el radar meteorológico del espacio: diseñado para seguir “tormentas” muy concretas (asteroides potencialmente peligrosos), pero generando a la vez un registro continuo del “cielo” completo en infrarrojo. Esa información secundaria —los cambios de brillo de estrellas, agujeros negros o cuásares— llevaba años ahí, como capas de nubosidad ignoradas, porque examinarla a mano era sencillamente inviable.

Donde muchos veían un archivo imposible, Matteo vio una oportunidad: si la aviación ha aprendido a usar modelos numéricos y big data para anticipar turbulencia y optimizar rutas, ¿por qué la astronomía no iba a hacer algo similar con la variabilidad del cielo? El reto era convertir ese océano de datos en algo navegable con una herramienta capaz de detectar cambios minúsculos de brillo en miles de millones de registros.


VARnet: el algoritmo que “vuela” sobre 200.000 millones de datos

Durante un programa de verano en Caltech, Matteo se integró en el proyecto NEOWISE y empezó a trabajar con el astrónomo Davy Kirkpatrick, uno de los científicos que mejor conoce ese archivo. Allí nació VARnet, la herramienta de machine learning que acabaría cambiando el mapa del cielo: un modelo entrenado para reconocer patrones de variabilidad en la luz infrarroja, combinando transformadas de Fourier y wavelets para separar la señal del ruido.

En términos técnicos, VARnet procesó cerca de 200 terabytes de datos, analizando del orden de 200.000 millones de filas en busca de fuentes cuyo brillo cambiara con el tiempo. El resultado fue un catálogo preliminar de 1,9 millones de objetos variables, de los cuales unos 1,5 millones no figuraban en ningún registro previo, es decir, eran potenciales nuevos objetos para la astronomía. No hablamos de “puntos de luz” genéricos, sino de candidatos a supernovas, agujeros negros supermasivos, estrellas jóvenes y estrellas pulsantes de largo periodo, entre otros fenómenos.


Cuando la IA se convierte en instrumento científico

Lo que empieza como un proyecto de verano suele quedarse en una memoria interna. En este caso, terminó como un artículo científico firmado en solitario por un estudiante de instituto en The Astronomical Journal, una revista de referencia en astronomía. El trabajo describe tanto el funcionamiento de VARnet como la estructura del catálogo, conocido ya en el entorno profesional como VarWISE.

Ese rigor fue clave para el siguiente salto: el Regeneron Science Talent Search 2025, el concurso de ciencia y matemáticas para estudiantes preuniversitarios más prestigioso de Estados Unidos. Mateo —Matteo Paz, según la grafía anglosajona— se presentó con su proyecto y terminó ganando el primer premio y 250.000 dólares por “diseñar algoritmos de machine learning capaces de rastrear eficazmente 200.000 millones de entradas de datos infrarrojos de NEOWISE y clasificarlas en diez tipos de objetos”. El premio no era un trofeo simbólico: era el reconocimiento público de que su IA se había convertido en un instrumento científico real, comparable en impacto a un nuevo sensor a bordo de un satélite.


Un nuevo mapa del cielo variable y una lección para el sector aeroespacial

En astronomía, descubrir 1,5 millones de objetos no es solo una cifra llamativa; ecambiar el orden de prioridades del telescopio. Cada uno de esos puntos variables puede convertirse en objetivo de observaciones de seguimiento con telescopios terrestres, misiones espaciales o, en algunos casos, futuros observatorios como el Nancy Grace Roman Space Telescope. El catálogo de Paz actúa como una especie de “plan de vuelo” preliminar que dice a la comunidad científica dónde merece la pena gastar tiempo de observación.

Su historia encaja con una tendencia que afecta igual a aerolíneas, controladores y fabricantes: los datos heredados son un tesoro cuando se reinterpretan con herramientas nuevas. Lo que Matteo ha hecho con NEOWISE se parece a lo que ya empieza a hacerse con años de registros de tráfico aéreo, turbulencia o consumo de combustible: aplicar IA para descubrir patrones que mejoren seguridad, eficiencia y sostenibilidad sin lanzar una sola aeronave adicional.


Una oferta desde la NASA… y un guiño a reacción

En esta historia ya de por sí cinematográfica faltaba una escena: la de la propia NASA llamando a la puerta de Matteo Paz. Cuando su descubrimiento saltó de los círculos especializados a los grandes medios y a las redes sociales, el nuevo administrador de la agencia, el multimillonario y piloto de vuelos espaciales privados Jared Isaacman, decidió intervenir públicamente. Desde su cuenta oficial en X, Isaacman elogió el trabajo del joven, le ofreció una oportunidad profesional en la NASA y añadió un guiño muy personal: la promesa de un vuelo en avión de combate como incentivo adicional, un detalle coherente con su propia trayectoria al frente de empresas como Draken International.

Lejos de ponerse solemne, Matteo respondió con la espontaneidad de cualquier estudiante que recibe un mensaje soñado: un “¿Dónde firmo?” acompañado de una selfi, dirigido a Isaacman desde su cuenta @matteopaz06, gesto que convirtió la interacción en un pequeño momento viral dentro de la comunidad aeroespacial. A la conversación se sumó Will Boyington, director de comunicaciones de la agencia, con otro mensaje igual de directo —¡Hablemos, Matteo! Envíame un mensaje privado”— que sonó menos a cumplido público y más a precontrato en abierto delante de toda la audiencia.

No hay, por ahora, un anuncio formal de incorporación ni un cargo concreto definido, pero el tono de los mensajes y la implicación del máximo responsable de la NASA y de su equipo de comunicación sugieren algo claro: es cuestión de tiempo que Matteo Paz tenga un sitio estable en la agencia que ha sabido convertir su descubrimiento en un símbolo de la nueva generación espacial.

Un chico normal en medio de una historia extraordinaria

Lejos del foco mediático, Matteo sigue siendo estudiante en Pasadena High School, donde preside un club de investigación y ayuda a otros alumnos a desarrollar sus propios proyectos científicos. No hay narrativa de genio aislado: hay un entorno de apoyo, docentes, programas como el Summer Research Connection de Caltech y una cultura que trata a los adolescentes como posibles autores, no solo como oyentes.

Su plan declarado es seguir vinculado a la investigación, abrir públicamente el catálogo VarWISE y permitir que otros grupos lo exploren, lo refinen y, sobre todo, apunten sus telescopios hacia esos 1,5 millones de destellos recién catalogados. En un mundo que a veces romantiza más al astronauta que al analista de datos, la historia de el chico de la NASA” recuerda algo esencial: no todo el que cambia la exploración espacial despega del suelo.

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