Claudia C./Aviación Digital, Sp.- El regreso del ser humano a la Luna en 2027 amenaza con convertirse en uno de los hitos más ambiciosos de la exploración espacial. En ese escenario, la colaboración entre NASA y ESA adquiere protagonismo gracias a la aceleración del desarrollo del European Service Module (ESM‑3), pieza clave del vehículo Orión, que proporcionará propulsión, energía y soporte vital durante la misión Artemis III.
In order to safely carry out our upcoming #Artemis missions to the Moon with astronauts, we are now targeting September 2025 for Artemis II and September 2026 for Artemis III.
— NASA (@NASA) January 9, 2024
Safety is our top priority. https://t.co/AjNjLo4U6E pic.twitter.com/VE74OtlUr6
Europa toma impulso con el ESM‑3 para Artemis III
Desde los talleres de Airbus en Bremen, el tercer módulo de servicio europeo (ESM‑3) ya está en camino hacia Estados Unidos. Este módulo es el corazón fuerte y energético de la cápsula Orión: gestiona la propulsión orbital, genera electricidad mediante paneles solares, regula la temperatura, y suministra agua y oxígeno a los astronautas durante la misión.
La estructura del módulo representa una obra de ingeniería trascendental: 11 km de cableado, 33 propulsores y cuatro depósitos de combustible de 2.000 litros cada uno. Esto permite alimentar sistemas clave y garantizar varias semanas de misión lunar.
En agosto de 2024 se completó la integración del motor principal en Bremen, integrando tecnología heredada del programa Space Shuttle. Ahora, el ESM‑3 viaja rumbo al Centro Espacial Kennedy, donde será acoplado a su módulo tripulado mediante el adaptador diseñado por NASA y ESA.
Un sistema vital para el viaje lunar
El ESM‑3 será responsable de maniobras cruciales: colocará a Orión en la órbita halo lunar, permitirá acoplamientos con la nave Starship —sistema encargado del alunizaje— y facilitará el retorno desde la órbita lunar hasta la Tierra.
Con una masa en lanzamiento superior a las 13 toneladas y generadores solares de casi 20 metros de envergadura, el módulo se convertirá en una central eléctrica y de soporte en pleno espacio profundo .
La integración entre el ESM‑3 y el Crew Module Adapter (CMA) ya ha comenzado desde finales de 2024 en el centro de operaciones de Cape Canaveral . Posteriormente se realizarán rigurosas pruebas de diseño, funcionalidad, sellado y soporte de sistemas antes de dar luz verde al vuelo.
Mission Accomplished! Artemis ROADS III National Challenge Competitors Celebrate their Achievements
— Cerebral Overload (@CbrOvld) June 24, 2025
The NASA Science Activation program's Northwest Earth and Space Sciences Pathways (NESSP) team has successfully concluded the 2024–2025 Artemis ROADS III National Challenge, an … pic.twitter.com/Iodnob6RzV
Artemis III, una complejidad sin precedentes
La misión Artemis III, cuyo lanzamiento está previsto para mediados de 2027, combina varios elementos que no se habían entrelazado jamás: un cohete SLS, la cápsula Orión con módulo de servicio europeo, acercamiento con la nave Starship-HLS en órbita lunar, descenso al Polo Sur de la Luna, exploración científica in situ y regreso por derribo atmosférico en el Océano Pacífico .
Las rutas técnicas implican encuentros orbitales complejos, transferencia de carga, separación de módulos y maniobras de retorno, todo ello gestionado por los sistemas propulsivos y de soporte del ESM‑3.
Un esfuerzo entre continentes
El ESM‑3 no es solo una pieza de ingeniería; simboliza una integración transatlántica. Fabricado con componentes de más de diez países europeos, el módulo se basa en la herencia del ATV y proyectos de cooperación tecnológica como el Lunar Gateway, donde ESA participa también con módulos como Lunar I‑Hab, ESPRIT y otros elementos de soporte internacional .
A pesar de la incertidumbre financiera generada por recortes presupuestarios en EE. UU., ESA ha reafirmado su compromiso con la misión Artemis III, aunque también contempla alternativas como colaboraciones con India o un enfoque más autosuficiente .
Rumbo a una nueva era lunar
En el contexto de la evolución de la aviación y el espacio, el ESM‑3 representa una pieza clave que conecta Europa y Estados Unidos en una empresa histórica. Lejos de ser una colaboración simbólica, supone capacidad técnica real, desarrollo sostenible y compromiso político con la exploración humana.
En 2027, cuando los astronautas pisen la Luna por primera vez en cinco décadas, el ojo europeo estará presente en la misión. No solo como observador, sino como impulsor con paneles solares, propulsores y sistemas de soporte vital.
La pregunta hoy es si mantendremos ese impulso técnico e institucional ante los vaivenes presupuestarios en Washington. Si lo hacemos, el ESM‑3 será recordado no solo como un módulo más, sino como el corazón energético que permitió a la humanidad regresar a un satélite olvidado.






