“Yo creo que no podía salir. No se debe”

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EC-GJLEl cono de cola del helicóptero accidentado en Torallola (Lleida) en el año 2002, que causó la muerte de sus 8 ocupantes, fue revisado tan sólo dos meses antes del siniestro y estaba "en perfectas condiciones", según el testimonio del mecánico que realizó dicha supervisión, Carlos Mejías.

Mejías ha declarado hoy como acusado en el juicio que se celebra en la Audiencia de Lleida y en el que están imputados, además, el propietario de la empresa operadora del helicóptero, Pedro María Sáenz de Maturana; el director de Operaciones de esta compañía, Andrés García, y el director de Calidad, José Carlos de la Peña.

La Fiscalía pide para cada uno de ellos cinco años y nueve meses de prisión por ocho delitos de homicidio por imprudencia profesional y un delito contra los derechos de los trabajadores, además de una indemnización de 600.000 euros para cada una de las familias de las ocho víctimas: el piloto, el copiloto, tres responsables de la conselleria de Industria y tres operarios de Fecsa-Endesa.

Mejías, que no era empleado de la empresa Helieuropa Services, sino que era autónomo y trabajaba por cuenta ajena, ha explicado que él vivía en Madrid y que se desplazaba puntualmente a Sabadell (Barcelona), donde la compañía tenía su base de operaciones, para llevar a cabo las pertinentes revisiones del helicóptero cada 100 horas de vuelo.

La última la realizó en abril de 2002, tan sólo dos meses antes de que se produjera el accidente, en junio de ese mismo año.

Según Mejías, la cola del helicóptero, un viejo Augusta Bell 205 que Sáenz de Maturana adquirió en una subasta al Ejército del Aire, estaba entonces "en perfectas condiciones" y nada hacía sospechar, como así sucedió, que pudiera desprenderse del resto de la aeronave en pleno vuelo.

"Todo estaba perfecto", ha asegurado el mecánico en referencia a la revisión de abril del aparato siniestrado.

Mejías también ha explicado que este modelo de helicóptero debe someterse a una revisión cada 100 horas de vuelo y que, en el caso del aparato accidentado, había sobrepasado por poco este límite.

"Antes de ir a Baqueira había volado 100 horas y 45 minutos", ha señalado el imputado, que cree que el aparato no tendría que haber despegado en estas circunstancias.

"Yo creo que no podía salir. No se debe", ha dicho.

En esta segunda sesión del juicio han declarado también varias personas que la mañana del 14 de junio de 2002 vieron estrellarse el helicóptero en Torallola, en el municipio de Conca de Dalt, en el Pallars Jussà.

El primero de ellos ha sido Josep Beltran, quien estaba paseando por el monte cuando oyó que la aeronave, que hasta entonces sobrevolaba sin problemas, hizo un ruido "extraño" y seguidamente empezó a caer dando vueltas sobre sí misma.

Este testigo ha comentado que le pareció "como si algo de la cola se desprendiera", aunque no ha podido asegurar de qué parte se trataba, ya que se encontraba a cierta distancia del punto del accidente.

Los demás testimonios han corroborado que el helicóptero hizo "un ruido muy fuerte" antes de comenzar a caer y que el aparato volaba a una altura que era imposible que chocara ningún algún árbol o línea eléctrica.

El juicio continuará el próximo jueves, día 20, con la declaración de más testimonios.

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