
Pero no sólo los controladores han sido los más afectados; nadie pone en duda a estas alturas, que este hito ha supuesto un antes y un después para los derechos del resto de trabajadores (Llamazares ha sido el único político que lo ha denunciado). Mientras, los sindicatos de clase siguen desaparecidos en combate y mirando para otro lado, y la casta política sigue alardeando de poder supremo ante los ciudadanos, a la hora de publicar Reales Decretos de dudosa constitucionalidad, sospechosas sentencias judiciales, propuesta de leyes revanchistas y una campaña mediática dirigida por el aparato del Estado sin precedentes.
Pero lo cierto, es que lo sucedido a lo largo del día de ayer en numerosas dependencias de control españolas tuvo más que ver con la celebración de un año de supervivencia que con otra cosa.
Y no es para menos, porque los controladores han conseguido mantener la moral de un colectivo, a pesar de la brutal presión ministerial, empresarial y mediática, y no menos importante, la cohesión sindical necesaria para hacer frente, con autoridad, al arbitraje al que se les ha sometido.






