La Nasa ha activado oficialmente la fase final previa al despegue de Artemisa II, la misión que marcará el regreso de astronautas a la órbita lunar más de cinco décadas después de las misiones Apolo.
Desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, los equipos de lanzamiento ya operan desde el Centro de Control Rocco Petrone, donde se supervisa cada paso de la compleja secuencia previa al despegue.
Se trata del primer vuelo tripulado del Sistema de Lanzamiento Espacial, conocido como SLS, junto con la nave Orion.
Este hito es tanto una validación técnica clave para futuras misiones como un paso decisivo en el programa Artemisa, cuyo objetivo es establecer una presencia humana sostenible en la Luna y preparar el camino hacia Marte.
Activación de sistemas y preparación del cohete SLS
Con la cuenta atrás en marcha, los ingenieros han iniciado la activación progresiva de los sistemas de vuelo. Entre las tareas más críticas se encuentra la verificación de los enlaces de comunicación entre la nave, el cohete y los centros de control, así como la comprobación de todos los sistemas electrónicos y de navegación.
Uno de los procesos más delicados es la preparación del repostaje criogénico. El SLS requiere grandes cantidades de hidrógeno líquido y oxígeno líquido, almacenados a temperaturas extremadamente bajas.
En total, el cohete puede cargar más de 700.000 galones de propelente, una cifra que da idea de la magnitud de la operación.
El llenado de estos depósitos se realiza siguiendo una secuencia milimétrica, ya que cualquier variación de temperatura o presión puede afectar al rendimiento del lanzamiento. Por ello, los equipos técnicos monitorizan en tiempo real cada parámetro para garantizar la seguridad del proceso.
La plataforma 39B y el sistema de supresión de sonido
En paralelo, los trabajos en la plataforma de lanzamiento 39B también avanzan. Uno de los elementos clave es el sistema de supresión de sonido, diseñado para proteger tanto el cohete como la infraestructura del impacto acústico generado en el momento del despegue.
Este sistema utiliza un enorme tanque de agua que libera miles de litros en cuestión de segundos justo antes de la ignición de los motores. El objetivo es reducir las vibraciones y evitar daños estructurales provocados por el intenso ruido que generan los motores RS-25 del SLS, capaces de producir un empuje superior a los 8,8 millones de libras.
La plataforma 39B, utilizada históricamente en misiones del programa Apolo y del transbordador espacial, ha sido adaptada para soportar las dimensiones y exigencias del nuevo sistema de lanzamiento, que es el más potente desarrollado por la Nasa hasta la fecha.
Una tripulación internacional para una misión clave
Artemisa II contará con una tripulación de cuatro astronautas que representan una combinación de experiencia y diversidad.
Reid Wiseman ejercerá como comandante de la misión, acompañado por Victor Glover como piloto. Christina Koch y Jeremy Hansen completan el equipo como especialistas de misión, siendo este último el primer canadiense en participar en una misión lunar.
Los cuatro tripulantes se encuentran en las instalaciones del Edificio de Operaciones y Verificación Neil A. Armstrong, donde completan los preparativos finales. Durante esta fase, permanecen en cuarentena bajo estrictos protocolos médicos para evitar cualquier problema de salud antes del lanzamiento.
Además, siguen un programa riguroso que incluye revisiones médicas constantes, entrenamiento en simuladores y un control detallado del descanso y la alimentación. Estas medidas buscan asegurar que los astronautas lleguen en condiciones óptimas al momento del despegue.
Condiciones meteorológicas bajo vigilancia constante
El factor meteorológico es uno de los elementos que puede determinar el éxito o el retraso de una misión de este tipo. En el caso de Artemisa II, los especialistas del escuadrón meteorológico Delta 45 de la Fuerza Espacial de Estados Unidos están analizando de forma continua las condiciones atmosféricas en la zona de lanzamiento.
Las previsiones iniciales apuntan a un 80% de probabilidad de condiciones favorables, aunque existen algunos riesgos asociados a la presencia de nubosidad y posibles rachas de viento. Estos factores pueden afectar tanto a la seguridad del despegue como a la trayectoria inicial del cohete.
El equipo meteorológico seguirá evaluando la evolución del tiempo hasta el último momento, ya que cualquier cambio significativo podría obligar a posponer la operación. En misiones anteriores, la meteorología ha sido una de las principales causas de retrasos.
Un paso decisivo en el programa Artemisa
Artemisa II no solo es una misión de prueba, es una pieza clave dentro de una estrategia más amplia. Tras el éxito de Artemisa I, que validó el sistema sin tripulación, este nuevo vuelo permitirá evaluar el comportamiento de la nave Orion con astronautas a bordo en condiciones reales.
La misión prevé un sobrevuelo lunar sin alunizaje, con una duración aproximada de 10 días. Durante ese tiempo, se pondrán a prueba sistemas de navegación, soporte vital y comunicaciones en el espacio profundo, aspectos esenciales para futuras misiones.
El objetivo final del programa Artemisa es establecer una base sostenible en la superficie lunar antes de finales de la década. Este plan incluye la construcción de la estación Gateway en órbita lunar y el desarrollo de nuevas tecnologías que permitan estancias prolongadas.
Tecnología, cooperación internacional y futuro espacial
El desarrollo de Artemisa II refleja también un cambio en la forma de abordar la exploración espacial. La colaboración entre agencias, como la participación de Canadá en esta misión, y el papel creciente de empresas privadas forman parte de un nuevo ecosistema espacial.
El SLS y la nave Orion representan la apuesta de la Nasa por sistemas de gran capacidad para misiones de larga distancia.
A su vez, el programa Artemisa integra avances en propulsión, materiales y gestión de recursos que serán fundamentales para futuras expediciones a Marte.






