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Abrazando a un superviviente de los Trabajos Aéreos y a dos héroes

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Los pilotos de trabajos aéreos tienen un magnetismo parecido al de los toreros. Van de plaza en plaza, ellos lo hacen de fuego en fuego, campaña tras campaña, año a año, realizando la operación asignada, dentro de los márgenes de la seguridad que de ellos, de su habilidad y entrenamiento dependen. La máquina es otra cuestión. Pero, con todos los respetos, sus "mozos de espadas", para la faena contra el fuego, están en manos, generalmente, de soberbios TMAs, personas éstas de absoluta confianza de los pilotos. Este binomio, esta relación piloto-técnico de mantenimiento, es lo que en buena medida ha hecho de la aviación tambien una cuestión de confianza.

Ayer noche, en la Escuela de Ingenieros Técnicos de Montes, de la Universidad Complutense de Madrid, se entregaban los Premios Batefuegos 2012. Una mención especial, una mención a los que dejaron sus vidas sofocando ese fuego que amenaza año tras año, nuestras propias vidas, nuestros propios bienes. Hay ciudadanos que se dejaron la vida en ese empeño, desde el aire, o a pie de tierra.

Tuvimos que tragar saliva, pues esa mención a los que ya no están, hizo que pudiéramos darnos cuenta de que la red que sofoca el fuego en España, Verano tras Verano, siempre tiene detrás personas, hijos, esposas, madres, y todos los años dolor.

La mirada del piloto J.C.Gómez Verdugo sigue siendo clara, "sol y moscas" parece que delatan sus ojos, aunque la noche fuera fría en el exterior madrileño, pero él mantiene la sonrisa. Quizás su conocimiento del terreno, su amor al paraje en el que su base se encuentra, allá en Granada, le hace pensar cada año que es un afortunado en el fondo. Pertenece a la dotación del INFOCA con un AT de carga en tierra. La mención de ayer se refería tanto a su dilatada trayectoria profesional, lleva apagando fuegos desde 1986, fundamentalmente en Andalucía, como tambien lo ha hecho en Portugal, o en el austral Chile.

En Granada lleva trabajando desde 1996, y tiene en su curriculum más de 2.000 incendios bajo sus mandos. Ha sido la propia Junta de Andalucía la que presentó su candidatura. Juan Carlos ha participado tanto en la extinción directa como en la coordinación de numerosos incendios.

Este piloto ha realizado numerosas aportaciones para la mejora del dispositivo, en lo que concierne a operaciones aéreas, el funcionamiento de las pistas y las comunicaciones; además ha colaborado continuamente con las labores formativas del Plan, impartiendo conferencias, cursos y módulos de formación para pilotos del INFOCA, se le reconoce oficialmente.

El año pasado, mientras participaba en las labores de extinción de un incendio en Granada, sufrió un accidente debido a unos cables que se enredaron en el motor, pero gracias a las maniobras que realizó en cuestión de segundos, salió airoso del siniestro afortunadamente. Este suceso no fue motivo para que el piloto desistiera, poco después de recuperarse ya mostró su disposición para volar y combatir las llamas. Una trayectoria profesional avalada con más de 5.500 horas de vuelo que ha sido reconocida por El Batefuegos de Oro 2012. Es decir como los toreros, tras una cornada, volvió a la plaza.

Ayer Juan Carlos se mostraba sonriente, y dispuesto a volver a su lucha, que es la nuestra cada vez que un monte se está quemando. Juan Carlos recibía, sin saberlo previamente, la sorpresiva visita, "a título particular" de un compañero suyo. Un homenaje más. Pero a nuestro medio, a AD, que todos los años sigue la "temporada" sobre los ruedos arbóreos y pastizales de nuestra piel de toro, que se viene tiñendo de sangre con demasiada e inaceptable frecuencia, el poder estrechar la mano de un sobreviviente nos supuso la inmensa emoción de que la suerte, entrenada, es y debe ser posible. Esa suerte que tienen los grandes. Los grandes toreros. Los grandes pilotos.

Tres pilotos de TTAA

Junto a Juan Carlos, Uwe Umbach y Xavier Rovira, otros dos pilotos de Trabajos Aéreos, recibían una mención especial por su labor, heróica, que posan para nuestro medio, entre la satisfacción y el asombro por este reconocimiento. Estos dos pilotos de helicóptero, intervinieron el 21 de julio en el rescate de los 17 hombres de la Brigada de Refuerzo contra Incendios Forestales (Brif) de Daroca, en Aragón, que escaparon del incendio de Horta de Sant Joan. De ahí lo de héroes. A pesar de su actuación, tuvieron que soportar algún tipo de críticas al respecto. No coment. No es el momento.

Buscando por la hemeroteca electrónica que nunca olvida, nos encontramos con este artículo que se le dedicaba en septiembre de 2011, en El IDEAL de Granada, titulado "Vamos allá", en el que el periodista Gregorio Morales describe al piloto en cuestión:

Qué hermoso lema para vivir: “!Vamos allá!”. El piloto del Infoca Juan Carlos Gómez estaba a punto de estrellarse con su avioneta el pasado viernes. Estaba a punto de morir. Pero en aquellos segundos decisivos, no se resignó, no se entregó a lo inevitable, no se dejó ganar por el fatalismo. Determinó que saldría de aquello. “!Vamos allá!”, se dijo. Y se estampó de la mejor manera que pudo contra las hermosas faldas de la Resinera, en Arenas del Rey. Salió por su propio pie, aunque herido. Y ahora, inmovilizado en la cama del hospital, sigue diciendo: “!Vamos allá!”. Qué gran pericia la de este hombre que ya ha salvado la vida dos veces más, una tras caer al Mediterráneo y lograr salir de una cabina sumergida. Pericia para vivir.

Cuando ante los obstáculos, las limitaciones, las enfermedades y las crisis no decimos “!vamos allá!”, la muerte se posee de nosotros. Vivir en el miedo, en el rencor o en el victimismo es muerte. !Cuántas personas no viven muertas! Cuando hago como que leo el periódico en la barra del bar, escucho a los parroquianos contar una enfermedad detrás de otra. Cada cual regodeándose en sus males, amparándose en ellos para justificar su inania o su fracaso o su desamor. Rivalizando por ganar en la carrera de los desahuciados. !Los camareros no pueden más! Cuando regresan a casa, no tienen el cuerpo cansado, sino la psique.

Juan Carlos Gómez representa lo opuesto: es un ejemplo de superación, de arrojo, de valor. Él niega ser un héroe porque es un verdadero héroe. Pero no es un héroe por haberse salvado de aparatosos accidentes. Lo es por su forma de pensar. Una forma que rebate el culto a la desgracia de la sociedad en que vivimos. Parece que para que nos quieran más debemos ser infelices o estar enfermos. El padecimiento se usa como un arma arrojadiza para culpar a otros. Siempre hay alguien que tiene la culpa de nuestros males, confirmando así lo perversa que es la sociedad. Sólo los héroes invierten la cuestión. “No he estado a punto de morir, mis heridas sanarán, no soy un héroe, sino simplemente una persona que ante los obstáculos sigue adelante“, clama Juan Carlos Gómez con su comportamiento. Veo su foto y se me aparece un hombre fuerte, optimista, viril, positivo… !Qué ejemplo para plañideros!

AT accidente

Foto de publicada en El País del estado del avión que pilotaba Juan Carlos


Con su audacia, este hombre no morirá jamás mientras inspire a bocanadas la vida. Pues el destino está en la mente. Y una mente sana es un destino sano. Debemos grabar sus palabras en nuestro entrecejo. Pase lo que pase, nada ni nadie puede quitarnos la plenitud. Dejemos el miedo para los políticos y los agoreros, y quedémonos con el ensalmo de Juan Carlos: !Vamos allá! Para quien sigue adelante, no hay problema que no quede lejos ni meta que no pueda alcanzar.

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