Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- El Comandante Alberto Díaz de la Quintana ha decidido invertir su tiempo y experiencia en sembrar la pasión por la aviación desde la juventud. Su proyecto, el Campamento Aeronáutico La Loma (CALL), no es solo un lugar de aprendizaje, sino un espacio donde los jóvenes descubren su potencial y forjan su carácter.

Y por ello, el Ministerio de Defensa ha reconocido públicamente su labor al concederle el Premio Ejército del Aire y del Espacio, en la categoría de Promoción de la Cultura Aeroespacial en el Entorno Social. Este galardón, que será entregado el 25 de junio en la Base Aérea de Cuatro Vientos, subraya no solo el esfuerzo del Comandante, sino la trascendencia de su proyecto para las generaciones que sueñan con volar, en todos los sentidos.
CALL: Más que un campamento, una escuela de vida
Formar en aviación, formar en humanidad
Situado en Elche, Alicante, el campamento CALL está diseñado para jóvenes de entre 8 y 21 años. Allí, los participantes reciben una inmersión real en el mundo aeronáutico, con formación adaptada a su edad. Las actividades van desde clases teóricas de aeronáutica y sesiones con simuladores de vuelo hasta dinámicas de multiaventura, formación militar básica y visitas a bases aéreas y aeródromos.

El programa se divide en tres fases:
- Gorriones (8–11 años)
- Cadetes del Aire (12–18 años)
- Avanzado de Vuelo (18–21 años)
Cada nivel adapta sus contenidos con el objetivo de despertar, orientar y consolidar la vocación aeronáutica, pero también de fortalecer el liderazgo, la autonomía y el compromiso personal de los participantes.
Durante su estancia, los jóvenes se enfrentan a retos que los alejan temporalmente de la tecnología. Uno de los puntos clave del campamento es la retirada de móviles durante su duración, lo que fomenta la interacción humana, la observación consciente y la cooperación activa. En palabras del propio comandante, “hay que mirar hacia dentro para saber hacia dónde volar”.
Un líder que combina experiencia, disciplina y alma
El Comandante Alberto Díaz de la Quintana no es un instructor común. Su perfil profesional reúne lo mejor de la formación militar del Ejército del Aire, donde se formó como especialista en transmisiones, y una inusual pero valiosa faceta artística: el teatro.
Esa combinación le permite conectar con los jóvenes desde un plano técnico y emocional. Como él mismo afirma: “Creo en la formación de las personas, no solo de futuros pilotos”. Su metodología se sostiene sobre pilares sólidos que van más allá del aprendizaje tradicional: apuesta por la disciplina como forma de estructurar el carácter, por la empatía como base de cualquier relación humana significativa, y por el valor de lo humano por encima de lo digital en una era dominada por pantallas. Además, cree firmemente en el aprendizaje experiencial, donde cada actividad es una oportunidad para crecer, equivocarse y volver a intentarlo.
No sorprende que quienes lo conocen lo definan como un formador diferente, capaz de dejar huella más allá del contenido académico
Historias que lo avalan: Claudia y muchos más
Uno de los testimonios más destacados es el de Claudia, una joven reportera que asistió al campamento y relató su experiencia en Aviación Digital. Su paso por CALL no solo le ofreció conocimientos aeronáuticos, sino que la ayudó a descubrir una nueva pasión, y sobre todo, a creer en sí misma.
Historias como la de Claudia se repiten. CALL no forma pilotos: forma personas, muchas de las cuales salen del campamento con un rumbo mucho más claro y con una mochila cargada de valores y motivación.
Premio merecido: reconocimiento a una labor silenciosa y efectiva
El Premio Ejército del Aire y del Espacio que ha recibido Díaz de la Quintana no solo honra su carrera, sino que también valida la importancia social de proyectos educativos con propósito. En una sociedad donde los referentes se diluyen en lo inmediato, su ejemplo encarna un liderazgo sereno y firme, capaz de dejar huella.
El evento de entrega, previsto para el 25 de junio en la Base Aérea de Cuatro Vientos, reunirá a representantes del ámbito militar, educativo y aeronáutico. Pero más allá de los aplausos, el verdadero premio para el comandante y su equipo son los rostros de cientos de jóvenes que, tras su paso por CALL, han encontrado «alas para soñar» y disciplina para volar.






