La Culpa No Vuela

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Oscar Molina

La gran mayoría de la gente cree que las investigaciones de los accidentes e incidentes aéreos tienen como objeto la determinación de responsabilidades o la búsqueda de culpables.

No es así. La función primordial de estas investigaciones y los informes que generan es aprender; es descubir qué se hizo mal para que la experiencia sirva como instrucción, para evitar que el suceso vuelva a repetirse, porque el entorno de la Aviación es lo que se denomina, un “entorno no punitivo”.

Y lo es de arriba abajo, desde la óptica corporativa, en virtud de la cual las empresas de aviación desarrollan y se adhieren a esa cultura no punitiva, a la práctica diaria de las tripulaciones que operan cada vuelo.

Los pilotos no manejamos la palabra “culpa” cuando reflexionamos sobre un incidente, nos haya ocurrido a nosotros o no, porque esa palabra no existe en nuestro vocabulario profesional. La práctica de un piloto se centra más en tratar de comprender qué ocurrió, por qué ocurrió y qué puede hacerse para que el futuro no traiga una situación similar, o para mejorar nuestra reacción ante ella si se vuelve a presentar.

Ésta es, precisamente, una de las muchas características que hacen del transporte aéreo una industria formada por organizaciones de las denominadas de Alta Fiabilidad, HROs por sus siglas en inglés. Pero, sobre todo, el entorno no punitivo es un pilar fundamental de las instituciones y equipos de alto rendimiento.

Esta cultura, este aspecto de nuestro día a día, es perfectamente trasladable de la cabina a la oficina, del asiento de la izquierda a la mesa del despacho de cualquier líder empresarial.

No estamos hablando, por supuesto, de sistemas que castiguen conductas maliciosas, negligentes, ignorantes de reglamentos, temerarias o volitivamente fraudulentas.  Nos referimos a ambientes incomprensivos con el error como parte de la condición humana.

La culpa, su uso, es una tendencia humana, debemos admitirlo. Pero su destierro produce efectos tremendamente beneficiosos, por lo que eliminarla de la cultura empresarial tiene una doble consecuencia positiva: los malos usos que se abandonan y las buenas costumbres que se implementan.

los malos usos que se abandonan y las buenas costumbres que se implementan.

La culpa genera miedo y se refiere a hechos pasados, por eso salir de una cultura punitiva y evolucionar a lo que en el mundo anglosajón se ha bautizado como una “cultura justa” centra a las personas en el futuro y en la mejora. La culpa, además, acaba inhibiendo la capacidad de asumir riesgos, aunque sean calculados, y cegando la habilidad de reconocer, aceptar y enmendar los fallos del sistema. En este tipo de contextos, la gente tiende a esconder sus errores, de los que nadie se entera y de los que nadie aprende.

El abandono de los entornos punitivos tiene como resultado sobre las personas su traslado de una mentalidad maquinal o estrictamente funcional a otra creativa, implicada en el proyecto común y fomentadora de la participación. Es infinitamente más fácil para cualquiera sentirse parte de una organización empresarial, y hacer del éxito de ésta un triunfo propio, cuando se mueve en un marco en el que sus errores no le van a penalizar profesional o laboralmente. Y de la misma manera, es mucho más probable que nuevas y buenas ideas duerman un sueño eterno cuando su autor teme las consecuencias de una equivocación al ponerlas en práctica.

La cultura punitiva genera personas obedientes pendientes del reloj que marca el fin de su jornada. La cultura justa genera personas implicadas pendientes de su desarrollo personal a través de la organización en la que trabajan.

Por supuesto, la culpa existe por algo y tiene su sitio, pero ese sitio no es otro que los juzgados. Por eso, a la hora de gestionar o formar equipos hemos de elegir entre tener gente disciplinada o contar con gente responsable.

Los pilotos practicamos esa cultura justa en nuestras cabinas de mando, y la hacemos extensiva a la totalidad de la tripulación, porque sabemos que una atmósfera no punitiva trae como consecuencia la efectividad y dispara los niveles de seguridad. Lo hacemos a través de herramientas comunicativas que nos son propias, eliminando la culpa como discurso y, sobre todo, a través de una actitud humilde y honesta en nuestro liderazgo. Necesitamos que sea así, ya que nuestra labor incluye formar un equipo desde cero cada vez que vamos a trabajar, un equipo de más de treinta personas que nunca se habían visto antes y que a veces incluye otras tantas nacionalidades y culturas.

Nuestra operativa diaria, nuestras técnicas para crear un clima desde el minuto 1, todo lo que hemos aprendido, en realidad todo lo que la Aviación como industria ha aprendido a base de no buscar culpables, es de tremendo aprovechamiento para cualquier organización empresarial.

1 Comentario

  1. Nadie se ha preguntado porque en los trabajos aereos con un indice de siniestrabilidad muy superior al de la aviaion comercial, el numero de informes de seguridad oficiales es practicamente inexistente y los pocos casos en los que alguien se atreve a denunciar acaban en despidos o bajas incentivadas. Eso es la tan conocida cultura del miedo donde NUNCA pasa nada, hasta que pasa.
    Que la mayor compañia operadora de helicopteros de España tenga el dudoso honor de ser una de las peores y mas peligrosas a nivel internacional y que esto haga que continuamente esten buscando nuevos pilotos para cubrir a los que se van, es algo que no deberia sorprender a nadie.
    No habra seguridad en la aviacion hasta que no haya proteccion real y juridica al denunciante.
    Mientras tanto mejor seguimos mirando hacia otro lado esperando que el siguiente le toque a otro.

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