Delincuencia de altos vuelos

Atalayar/Diego Carcedo

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(Atalayar/Diego Carcedo) Madrid, SP.- Mientras muchas personas se mueren contagiadas por el coronavirus, hay otras muy vivas que se forran con la pandemia. Todos los días recibimos correos de amigos o compañeros alertándonos de los trucos de los que se valen teledelincuentes de diferente ralea para aprovecharse de la situación dramática en la que la pandemia ha sometido a familias, negocios e instituciones. Son delincuentes de medio pelo. 

Algunas de sus triquiñuelas son relativamente fáciles de detectar, pero otras vuelan más alto, y se están cometiendo desde los más variados niveles sociales, incluidos poderes públicos. El embrollo que estamos viviendo en España con la incautación realizada por Turquía de un cargamento de respiradores artificiales adquiridos, y pagados, por las autoridades autonómicas de Castilla La-Mancha y Navarra para atender con urgencia necesidades de vida o muerte, es ejemplo. Mejor dicho, una alerta. 

Un ejemplo revelador de la falta de escrúpulos incluso de algunos gobiernos, de un acto de piratería el llevado a cabo por Turquía -un país miembro de la OTAN y aspirante a ingresar en la Unión Europea-, secuestrando el cargamento clínico, de vital necesidad, de un avión chino destinado a Madrid. La explicación que, en medio de argumentos burocráticos inconsistentes, dio el Gobierno turco, casi empeoró la imagen deplorable del incidente. 

Fue una razón tan contundente como hiriente para la sensibilidad humana. Los necesitamos nosotros, vinieron a decir; cuando podamos prescindir de ellos, los enviaremos a su destino. Puede entenderse que, ante el riesgo de muerte ajena, que no de otra cosa se trata, primero yo. Entramos en el sálvese quien pueda. Nauseabundo argumento. Lo peor es que refleja la lucha que se ha iniciado en esta guerra por conseguir los remedios quitándoselos a los demás.

Hay constancia de que algunos equipos clínicos poco menos que están siendo subastados y adjudicados al mejor postor. (Sin olvidar que puede tratarse de engaños con equipos falsos como ocurrió con los test chinos). La vida ha empezado a tener un precio ante el cual los países ricos y sus ciudadanos siempre tendrán ventajas insalvables cuando tienen la vida en riesgo. La seriedad que debe presidir las actividades comerciales internacionales debe de ser revisada con urgencia. 

España no podía permanecer impasible ante el expolio oficial que estuvo a punto que sufrir en el aeropuerto Ankara. Después de horas de dudas, contradicciones y negociaciones a cara perro, se ha impuesto la fuerza de la razón y parece que los respiradores estarán en poder de sus compradores el lunes. Las organizaciones internacionales, desde la OTAN hasta la OMS, no pueden dejar caer en saco roto esta alerta: la pandemia es una amenaza universal a la que hay que sumarle la tentación usurera y criminal de quienes, sin escrúpulos, intentan, e intentarán cada vez más, convertirla en una gigantesca oportunidad de hacer negocios.

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