La agonía y el éxtaxis de los cuatrimotores

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Amelia E., Aviaciondigital.- Hace 66 millones de años los dinosaurios desaparecieron en una extinción masiva sin precedentes. Hoy son las turbulencias de una gran tormenta de vicisitudes lo que está matando poco a poco a dos grandes especies mastodónticas de la aviación: el Airbus A- 380 y el Boeing 747. Dioses de dioses, dueños indiscutibles en los cielos, ahora permanecen varados en tierra, mientras asistimos a la decadencia de su imperio.

La crisis provocada por la pandemia en el sector aéreo no ha hecho más que acelerar lo que se consideraba la crónica de una muerte anunciada para los cuatrimotores, reduciendo de manera considerable el número de aeronaves con las que contaban en sus respectivas flotas.

Esta situación ya venía de antes de aparecer el COVID-19, cuando otro de los gigantes de los cielos, fuera uno de los primeros sacrificados al empeorar la situación del sector aéreo. Fue en 2011 cuando el A340 se dejó definitivamente de fabricar. Los cuatro motores, una de las claves de su éxito, se convirtió junto con otras razones, en el toque de gracia que le dio la estocada final. Batalló contra los Boeing 747, pero las drásticas medidas buscadas para reducir su excesivo consumo, le avocaron a un desenlace fatal siendo víctima de la subida de precios del combustible, del alto coste de mantenimiento y en algunas versiones su falta de potencia crítica de los despegues a alta altitud. De este excelente modelo recordaremos su fiabilidad, su comodidad y su gran capacidad.

La realidad es que no solo para el A340, sino para todos los cuatrimotores llámense A380 o 747, su extinción parece cuestión de tiempo.

Es un asunto de economía principalmente. Los tiempos han cambiado mucho y la tecnología ha evolucionado lo suficiente como para hacer a un avión de 2 motores fiable, y, además, éstos han salido reforzados durante la pandemia, dejando a los cuatrimotores en el olvido.

Algunos han tenido que ser almacenados en grandes plataformas de aeropuertos o aparcamientos remotos a la espera de ver cuál será su destino. Y aunque se intenta levantar el vuelo, la realidad nos aporta más interrogantes que certezas.

Todo se reduce a que el transporte aéreo es una actividad económica y como tal, se rige por números: costes excesivos, inestabilidad del petróleo, complejidad del mantenimiento, y que las mejoras tecnológicas han dado paso a las nuevas generaciones de bimotores, el Airbus A350 y el Boeing 787 que no solo son más fiables, sino que se siguen introduciendo mejoras para la optimización de la operación aérea, y que han condenado a sus antecesores de cuatro motores a una jubilación anticipada.

Para todos los amantes de la aviación, es una pésima noticia perder a estos dos grandes. Su majestad el A380 no fue solo un avión, fue exitoso desde el primer momento. Afrontó con valentía el monopolio sin límites que había erigido el Boeing 747 en el segmento de las rutas largas y luchó constantemente contra muchas adversidades.

Fue un proyecto complejo desde sus inicios, en el que Airbus tuvo que convencer a sus cuatro socios Alemania, Francia, Reino Unido y España. Más tarde a nosotros nos tocaría el ensamblaje del timón de cola. Y hacer este proyecto realidad dio bastantes quebraderos de cabeza. Había que dar cabida a los 800 pasajeros que harían de éste el mayor avión comercial del mundo, con dos plantas de asientos. Se tuvo que dotar a la criatura de unas alas de enorme longitud con unos dispositivos en los extremos (winglets) que redujesen el vórtice que generaba el aparato al surcar los cielos y, además, conseguir aligerar el fuselaje con un novedoso elemento, el glare. Pero dadas sus colosales dimensiones, se tuvo que contar con instalaciones acordes a las mismas donde poder fabricarse, y coyuntura suficiente para poder transportar las piezas de un país a otro.

Así nació la bestia Airbus A-380 en 2005 en las instalaciones de Toulouse, a pesar de que Boeing seguía proclamando a los cuatro vientos que el 747 era el que marcaría por siempre el reinado de los vuelos comerciales y que cualquier otra opción no sería viable.

Pese a todo, Singapur Airlines y Emirates fueron los principales clientes. Como era de esperar, y tras tanto tropiezo en el camino, la producción del A-380 de carga se canceló cuando Francia y Alemania repararon en que sus cálculos no eran acordes y las instalaciones de cableado que habían realizado de manera independiente, no llegaban a buen puerto: no conectaban y se quedaban cortas.

Singapur Airlines estrenó el A-380 en 2007 y muchas otras compañías se lanzaron a hacer sus reservas. Lamentablemente, su reinado duró un suspiro, comparándolo con el del Boeing 747, ya que a principios del 2019 se anunció su cierre cuando las grandes compañías empiezan a decantarse por los bimotores.

Algo parecido ocurre con la otra joya de la corona, el conocido como la reina de los cielos, el Boeing 747, el Jumbo. Otro que no tuvo una vida fácil, aunque tiene poco que envidiar al mastodonte A-380. Cuando vio la luz allá en la década de los 70, sorprendía a todos por su enorme joroba, donde albergaba además de la cabina de los pilotos, un lugar selecto y privilegiado para los pasajeros de primera clase. Sinónimo del lujo y del glamour de los viajes de larga distancia, consiguió ser la estrella de la aviación comercial durante décadas.

Este dios de los cielos logró revolucionarlo todo, ya que dada su envergadura redefinió la forma y tamaño en hangares y aeropuertos, y además, fue elemento indispensable de

las empresas de transporte de carga. En sus inicios llevó el sello militar ya que iba a ser el proyecto de un gran avión de transporte. Pero empezó a coger carrerilla por la pista y no solo se construyó como el avión más grande del mundo, si no que obligó a que se levantara el edificio más grande existente para construirlo. Con una capacidad de hasta 550 pasajeros, y a pesar de las grandes dificultades, muchos vieron una gran oportunidad y de lujo, en los largos recorridos.

Somos muchos los que tanto para sus majestades A-380 y 747, siempre guardaremos un hangar donde podrán descansar en nuestros corazones

Al igual que su rival el A-380, los bimotores más económicos y capaces de volar mucho más lejos han ido hiriendo de muerte a este gran portento. Puede que se destine a ser un avión de carga, ya que inicialmente ese fue su objetivo, pero somos muchos los que tanto para sus majestades A-380 y 747, siempre guardaremos un hangar donde podrán descansar en nuestros corazones. La teoría de la evolución cobra más razón que nunca aplicándola a la aviación. Solo sobreviven los que mejor se adaptan a la actual situación.

La luz a final del túnel

Cierto es que la situación al día de hoy causada por la pandemia ha hecho que estos dioses que un día conquistaron los cielos descansen, entre tinieblas, en la incertidumbre de no vislumbrar un claro destino y a la espera de pasar a mejor vida. Pero el destino es inesperado y en ocasiones, puede dar un revés de realidad. Se abre ante nuestros ojos la luz. Puede que el éxito de que se puedan transportar las vacunas contra el COVID-19 esté en manos de estos flamantes aviones. De repente, los más de siete mil millones de vidas del planeta, esperan la llegada de la vacuna, una vacuna que será distribuida de manera global y para la que se necesitará contar con grandes aeronaves destinadas a su transporte.

¿Volverán A-380 y 747 a ser los dioses del olimpo de la aviación? Dios salve a las reinas.

2 Comentarios

  1. me.encata. soy seguidor de este diario y este artículo me ha gustado . señora Amelia su manera de contarnos cosas es muy entretenida. cuente algo más y amenice nuestro café

  2. No he visto ,a lo largo de muchos años, aviones cuatrimotores en extasis y agonia mientras realizaban su actividad como medio de transporte. Si he conocido en auge o incremento y en ocaso o disminucion el uso y utilizacion de los mismos, en funcion de las variables economicas, que deciden su rentabilidad positiva o negativa en las compañias que los operan.

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