Los controladores advirtieron a los pilotos de que no podían aterrizar, y las tripulaciones hicieron caso omiso

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ACCIDENTE AEREO ASTURIAS/Los controladores del aeropuerto de Asturias advirtieron el lunes a los pilotos polacos de que no podrían aterrizar debido a la intensa niebla. Pese a todo, dos de las tres avionetas optaron por aproximarse y reducir la altitud. Desde la torre de control se les dieron coordenadas y se les ordenó levantar el vuelo. Hicieron caso omiso, tal y como consta en las conversaciones entre los ocupantes de las aeronaves y los dos controladores que en esos momentos estaban al frente de la gestión del espacio aéreo. (EL COMERCIO.es)

La comisión investiga por qué la aeronave que se desvío a Santander carecía de Plan de Vuelo

Uno de los aparatos colisionó en el monte de Bayas. El otro, a escasos tres metros de la torre de control. La visibilidad en esos momentos era nula. Tanto, que ni los propios controladores vieron cómo se aproximaba la avioneta con rumbo errante. Se percataron del siniestro al escuchar un tremendo estruendo. Tras analizar las comunicaciones, y ante las primeras evidencias, la comisión de investigación del Ministerio de Fomento considera que los accidentes de las dos avionetas -en los que fallecieron cuatro hombres- se desencadenaron debido a las adversas condiciones meteorológicas. Sin embargo, trabaja para esclarecer otros aspectos confusos. Una de las aeronaves, la que aterrizó en Santander, carecía de la hoja de Plan de Vuelo obligatorio para volar o despegar desde territorio español.

Además, se investigan los continuos silencios en las comunicaciones entre los aparatos y la torre de control, lo que apunta a que llevaban instalado un sistema de radio interno entre las tres aeronaves. Todo parece indicar que, en los segundos previos a las dos colisiones, los pilotos iban hablando entre ellos y no con los técnicos de la torre de control. El doble accidente tuvo lugar a las dos de la tarde del lunes. Las tres avionetas habían despegado del aeropuerto de Fuenterrabía (Guipúzcoa) hora y media antes. La primera alerta de la aproximación de los aparatos la dieron los controladores de la central de Madrid. Ya entonces, los técnicos de Santiago del Monte manifestaron que no era posible aterrizar con esas condiciones. Pocos minutos después tomaron contacto los pilotos para preguntar sobre el estado del tiempo. No podían proseguir el viaje, que tenían previsto concluir en la localidad portuguesa de Vilar da Luz.

15 minutos de comunicación
Según ha podido saber EL COMERCIO, las comunicaciones se prolongaron durante aproximadamente un cuarto hora. Sin embargo, en ese tiempo hubo continuos silencios por parte de los pilotos. Los miembros de la comisión de investigación consideran que en esos intervalos los cinco ciudadanos polacos y el súbdito alemán estaban tomando decisiones sobre su rumbo. Volaban sobre la línea de costa. El hecho de que no conociesen el aeropuerto de Santiago del Monte y no lo tuviesen detallado en su Plan de Vuelo (como alternativo por ejemplo), a lo que se suma la imposibilidad de guiarse de forma visual, desencadenó la tragedia en pocos minutos. Uno de los aparatos realizó varias maniobras extrañas para acabar empotrado en el edificio de Aulas, a pocos metros de los depósitos de combustible del aeropuerto. La otra avioneta perdió altitud y se precipitó sobre una zona arbolada a los pies del acantilados del playón de Bayas. El tercer biplaza, tras perder contacto con las otras dos aeronaves, inició comunicaciones con la torre de control. Los técnicos fueron claros y concisos. Preguntaron si tenían combustible suficiente para llegar hasta el aeropuerto de Santander y ordenaron que diesen la vuelta. Pese a la insistencia por saber qué había pasado con sus compañeros, los controladores no les facilitaron información alguna al respecto. Una hora después aterrizaron con éxito en Parayas. Janusmareh Zieniewicz (49 años), Jacek Olesinski (54), Stefan Marian Kurylowicz (62 años) y Jacek Piotr Syropolski (39) fallecieron en el acto como consecuencia del brutal impacto de las aeronaves. Los pilotos contaban con la correspondientes licencias de aviación y con muchas horas de vuelo a sus espaldas. Los aparatos eran suyos en propiedad.

Jornada de investigación
Los cinco especialistas que integran la Comisión de Investigación de Accidentes Aéreos formada por el Ministerio de Fomento y desplazada en la tarde del lunes a Asturias, tomaron a primera hora de la mañana de ayer declaración a los controladores, para a continuación escuchar las grabaciones de las comunicaciones entre los técnicos y los pilotos polacos. Ya por la tarde, y tras realizar una exhaustiva inspección ocular en los escenarios de los siniestros, mantuvieron un encuentro con los dos supervivientes del viaje de ocio que acabó en tragedia. Sus testimonios se mantuvieron en la misma línea. Corroboraron, como ya se dilucidaba en la transcripción de las conversaciones de los controladores, que intentaron tomar tierra en Asturias al comprobar que las condiciones meteorológicas empeoraban por momentos. Sus compañeros arriesgaron pese a las reiteradas advertencias. Ellos corrieron mejor suerte. La Comisión de Investigación regresó a última hora de la tarde de ayer a Madrid. El primer informe provisional se espera para dentro de dos semanas. Sin embargo, las causas del doble siniestro parecen estar ya claras. Los restos del fuselaje de la CesSna Skyline 182T permanecían ayer aún en el recinto aeroportuario tal y como quedaron tras el siniestro. No serán retirados hasta que no concluya la fase de investigación. El biplaza Cirrus SR-22 permanece en el bosque de Bayas. En tanto, el aeropuerto de Asturias trataba de ayer de sobreponerse al día más negro de su historia.

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