Un Gobierno contra las cuerdas

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Un colectivo formado por alrededor de 2.400 personas, el de los controladores aéreos, ha puesto en graves apuros a un Gobierno cuya acción en casi todos los ámbitos parece caracterizada por la improvisación y la imprevisión. A pesar de que el actual conflicto con este grupo lleva enquistado desde que el pasado agosto los representantes de los trabajadores y AENA firmaran un acuerdo de bases para avanzar en la negociación colectiva, el Ejecutivo no había previsto la posibilidad de un movimiento de la envergadura del que protagonizaron ayer los miembros de este colectivo. (ABC)

Es más, los controladores habían bloqueado el aeropuerto de Santiago de Compostela en los días pasados y había amenazado con no cubrir las jornadas laborales estas mismas Navidades en varios de los aeropuertos españoles, entre ellos, el de Madrid- Barajas. Pese a ello, el Gobierno no fue capaz de prever la reacción de los controladores y carecía de un plan de urgencia para afrontar una crisis desatada por el abandono masivo de los puestos de trabajo por parte de este colectivo. Tras estallar el conflicto, el Ministerio de Fomento formó un gabinete de crisis para definir la estrategia e intentar manejar una situación que por minutos se iba de las manos. Inicialmente compuesto por el titular de la cartera, José Blanco; el presidente de AENA, Juan Ignacio Lema; el secretario de Estado de Transportes, Isaías Taboas, y el director general de Aviación Civil, Manuel Amejeiras, engrosó posteriormente con los ministros de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y Defensa, Carmen Chacón. Un gabinete creciente Sin embargo, esta célula de crisis, a la que a última hora también se incorporó el jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, José Jiménez Ruiz, el general consejero del cuerpo jurídico militar, José Luis Poyato y el secretario de Estado de Defensa, Constantino Méndez, no lograba hacerse con el control de una situación que en apenas dos horas -el tiempo que tardó en comparecer el presidente de AENA- ya había colapsado los cielos de todo el país. Poco a poco, el Ejecutivo fue ganando reflejos y tras ordenar a los militares que asumieran el control de los aeropuertos y amenazar con castigos penales logró amedrentar a algunos de los controladores y desbloquear la situación en el aeropuerto de Barcelona, si bien al cierre de esta edición,la situación no logró reconducirse en el aeropuerto de Madrid, el de mayor tráfico, ni en la mayoría de los aeródromos españoles. Los servicios públicos, sin embargo, sí se reforzaron. El Metro de Madrid ha mantenido operativa toda la noche la línea 8, que comunica el centro de la capital con el aeropuerto. Por su parte, Renfe puso ayer a la venta 2.000 plazas extra en distintas líneas, mientras que para hoy ha habilitado otros 9.460 asientos adicionales para los corredores de Barcelona, Valencia y Andalucía. Los autocares también reforzaron sus trayectos. Ya entrada la madrugada, el Gobierno ordenó a la Unidad Militar de Emergencias que se desplegara en el aeropuerto de Barajas para atender a los pasajeros afectados. También protección civil activó sus dispositivos en la zona.

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