Pasillo de honor aeronáutico

Francisco Javier Aparicio de Arriba, Presidente Real Aeroclub de Sevilla

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Sevilla, SP.- En escasas ocasiones los aviadores, los técnicos, los miembros de seguridad, los aeropuertos, las empresas de servicios aeroportuarios, las compañías de vuelo, los medios de comunicación y el personal relacionado con el mundo aeronáutico se alinean tan perfectamente como sucedió el 21 de marzo de 2019.

Esta fecha quedará grabada en la historia del Real Aeroclub de Sevilla por la generación de la ventana en el tiempo con un pasillo de honor en los aires para una de sus aeronaves, de la cual formaba parte de la tripulación D. José Luis De Augusto Gil. Este hecho tiene su relevancia desde el momento en el que en el aeropuerto internacional de Sevilla suelen confluir en el tiempo y en una misma pista cada día más aeronaves de diferente peso y velocidad y, lo que es más importante para el caso, distinta influencia en la prioridad para el aterrizaje en función de su idiosincrasia. ¿Cómo fue posible entonces que una aeronave pequeña obtuviera prioridad en su operación en momentos tan críticos como el despegue y el aterrizaje?

Días antes se sucedieron las urgentes coordinaciones, las peticiones de alta prioridad, las gestiones para conseguir accesos a través de los puntos de seguridad, los correos, las llamadas y los trámites necesarios entre todos los implicados. En el mundo de los aeropuertos y de la aviación de hoy en día, la seguridad es algo crucial que se mira, ya no con lupa, sino con microscopio laser, desde las tarjetas de acceso, a las revisiones de aeronaves, pasando por los arcos de detección de metal. Todo debe estar correcto en forma, lugar y tiempo. De lo contrario, saltan las alarmas y hay que buscar soluciones inmediatas o detener la operación. Todo el personal de seguridad, tanto del aeropuerto, como los miembros de seguridad del estado, tienen claras sus responsabilidades y los márgenes de error son estrechos. Facilitarles su trabajo suele ir en beneficio y tranquilidad de todos y así sucedió.

Bien temprano, los personajes de esta historia comprobaron la documentación del vuelo por última vez, hicieron las últimas llamadas y se dirigieron a la plataforma donde les estaba esperando la aeronave totalmente lista y revisada. Allí mismo, a pie de avión, recibió José Luis las preguntas, las fotos y los vídeos de las diferentes cadenas de televisión. Posteriormente, tras unas explicaciones de seguridad sobre el vuelo, hicieron rugir los motores e iniciaron el rodaje hacia la cabecera de la pista.

Hasta en cuatro ocasiones, para cada cadena de televisión, se siguieron estas mismas pautas. En cada una de ellas la torre de control pudo gestionar convenientemente los turnos de rodaje, los de despegue y los de aterrizaje de modo que la pequeña monomotor pudiera realizar toda la operación sin perder tiempo ni maniobrar para ceder el paso a los extraordinarios aviones comerciales, los cuales suelen tener los segundos contados. Seguramente los controladores aéreos de ruta, aproximación y de aeropuerto hubieron de coordinarse entre ellos para arañar esos preciosos segundos.

Sería necesario realizar una redacción interminable de implicados a los que agradecer haber realizado tan correctamente su función, respetando la seguridad y facilitando que tan insólito hecho se hubiera producido: “un piloto discapacitado sale por televisión volando un avión en Sevilla y los demás, no sólo le dejan, ¡además le hacen un pasillo de honor!”

PASILLO DE HONOR AERONÁUTICO

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