Sobrevolando el páramo

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Avión abandonadoHace tan sólo quince años las empresas de transporte aéreo españolas sumaban una flota combinada de unos 350 aviones. Hoy, esa cifra no llega a la mitad. El panorama se resume en 15 compañías desaparecidas, como el reciente caso de Spanair, sin olvidar AirComet, Futura o LTE; empresas en franca retirada como Air Europa, aerolíneas absorbidas por sus propias filiales en ejercicios intolerables de terrorismo empresarial como Bínter Canarias, o anuncios por parte de compañías emblemáticas como Iberia de convertirse, contraviniendo además un acuerdo explícito con sus trabajadores, en aerolínea de Bajo Coste para ser entregada a British Airways junto con la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid- Barajas.

En su lugar, el cielo español se ha poblado de aviones de aerolíneas extranjeras de Bajo Coste, como ese paradigma de la identificación del pasaje con ganado que es Ryanair, o de cutre- productos como Vueling, que cobra 18.000 euros a los pilotos por ingresar en su plantilla.

Que nadie se confunda, ni esto ha sido producto de la leal competencia, ni esta presunta concurrencia ha traído beneficios al usuario. Lo que ha ocurrido con la Aviación española no es sino otra muestra más de la ceguera de políticos incompetentes e incapaces de reconocer lo que es estratégico para una nación, y como tal debe ser protegido; y del puente de plata puesto a mucho directivo sin escrúpulos que ha dejado las empresas de aviación españolas en situación de postración después, eso sí, de llenarse copiosamente los bolsillos.

Por cada pasajero que transporta en España, Ryanair recibe una subvención del orden de los 100 euros provenientes de alguna administración local o autonómica española; es evidente que en esas condiciones no se puede competir, porque la competencia como tal no existe. Son legión los reyezuelos autonómicos y municipales que, con tal de que alguien vuele a sus aeropuertos, han creado un mercado falso en virtud del cual un turista europeo puede venir a tomar el sol a España mientras Vd. y yo le pagamos parte del billete. Son los mismos que, una vez expira el contrato de patrocinio, se ven sometidos al chantaje de la aerolínea irlandesa que amenaza con irse si no se da continuidad al dispendio. No es la incapacidad de dar servicio lo que hunde a las aerolíneas tradicionales, no lo son sus presuntos costes laborales, no lo es la oferta de calidad…es la imposibilidad de pelear de igual a igual con empresas que venden sus billetes en despachos institucionales y a las que se les tolera cosas que jamás fueron permitidas en España hasta su llegada, algunas de ellas directamente relacionadas con la Seguridad. Hablamos, en algún caso, de empresas que ni siquiera rinden impuestos ni pagan la seguridad social en España, hablamos de un flujo de riqueza inmenso que se escapa de España y que a España le cuesta dinero.

Les puedo garantizar que si vuelan Vds. por cualquier país de nuestro entorno verán cielo y aeropuertos donde abundan aviones de British, Lufthansa, Air France, KLM… pero de ninguna manera contemplarán la anegación de aeronaves de bajo coste que inundan el nuestro. No verán un aeropuerto de la importancia del de Barcelona ayuno de aerolíneas que ofrezcan un producto diferenciado por su calidad, ni estará en el horizonte la entrega a una empresa extranjera de una inversión que costó al contribuyente 7.000 millones de euros, como la T4 madrileña.

Es impensable en cualquier país serio de la Unión Europea que esta industria esté superpoblada de compañías extranjeras que emplean pilotos contratados a través de un "bróker". Trabajadores de fortuna que no hablan nuestro idioma (como se exige en los demás Estados) que hoy están aquí, mañana allí, y que jamás pasaron los controles que pasamos los españoles para el ejercicio de nuestra profesión, ni los pasarán. Mientras, nuestros pilotos, formados aquí y examinados aquí para la obtención de su licencia, vagan por Vietnam, China, Emiratos Arabes, Qatar, Panamá…en busca de un trabajo que se les niega en su tierra por una imposición tramposa que favorece a quien viene, se lo lleva, y no deja aquí nada. Y cuando, como es el caso de los trabajadores de Iberia, algunos se plantan en la defensa de la integridad de su empresa, en la lucha por su puesto de trabajo, se les expone en la plaza pública para recibir toda clase de calificativos injustos.

No soy partidario del proteccionismo, ni me anima un ñoño espíritu patriotero, pero sí creo que existen sectores que son estratégicos para un país, y para España la Aviación lo es. No es comprensible que una nación como la nuestra no tenga un sector aeronáutico propio, de calidad y pujante; no es de recibo que en algo que para España es vital, como su Aviación, seamos tan laxos y tolerantes con quien no sólo no añade valor, sino que además lo saca de aquí. Al final, como ha ocurrido con tantas cosas, la economía española perderá otra industria vital para su desarrollo, otro motor real de recuperación; y 2.000 trabajadores de Spanair se irán mañana a la calle a acompañar a tantísimos que hicieron lo propio, mientras muchos cuya formación no evaluamos, cuyo domicilio fiscal está en las Cayman o la Isla de Mann disfrutan de un puesto de trabajo bastante mejor remunerado de lo que sospecha el ciudadano.

No son los trabajadores de las compañías aéreas, como se trata de hacer creer, ni sus presuntos costes, la causa de los números rojos de las compañías aéreas españolas. Ha sido la miopía de muchos políticos y la permisividad con tanto empresario y directivo que se ha ido con el riñón bien tapado a base de "bonus", opciones sobre acciones y compensaciones sin cuento los que han convertido a esta industria, antaño una de las primeras del Mundo, en un páramo que sobrevuelan con demasiada frecuencia los nuevos corsos pintados de colores.

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