El temporal desata un infierno en los cielos canarios

Controladores Aéreos.org

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Las Palmas de Gran Canaria, SP.- (Controladoresaereos.org) Caras descompuestas, decenas de vuelos desviados o cancelados, voces quebradas, nervios y un controlador aéreo en Urgencias son las consecuencias de la inédita situación vivida el domingo pasado por la tarde en el Centro de Control Aéreo de Canarias.

Algo antes de las tres, la sala de briefing del Centro de Control se iba llenando con el personal del turno de tarde, como cada día, para esperar a que uno de los supervisores salientes les informara de las condiciones bajo las que iban a trabajar. Saludos, bromas y chanzas como es habitual se cortan en seco en cuanto un controlador aéreo del turno de mañana con la cara descompuesta entra en la sala.

Los supervisores no pueden venir. La situación es muy muy seria. Id entrando en silencio y relevad ordenadamente

Uno a uno, los controladores del turno de tarde van entrando en la sala de control para encontrarse un panorama desolador: un muro de personas delante de cada pantalla, la zona de la Jefatura de Sala llena de gente con caras de preocupación y carreras entre los sectores de ruta y aproximación. Una vez leído el briefing, uno a uno van relevando a los compañeros del turno de mañana, algunos de los cuales se quedarán hasta pasadas las cinco de la tarde dada la situación.

Y empieza el baile. El temporal, previsto desde hace días, hace su aparición de la peor forma. Ya por la mañana había habido muchos problemas en los aeropuertos de Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria, pero nada podía preparar a los controladores del turno de tarde para lo que se les venía encima.

Rápidamente, el sector de aproximación a Gran Canaria se satura de aviones, a los que se suman los que están siendo desviados de los aeropuertos occidentales, provocando que tres pilotos se declaren cortos de combustible y otro declare directamente emergencia/MayDay. El controlador a cargo del sector no da crédito, teniendo que explicarle a los pilotos que no puede darles prioridad por mucho que quiera, al ser varios en la misma situación.

En el sector de la aproximación a Lanzarote y Fuerteventura la situación no es mucho mejor. Los pilotos no pueden realizar la aproximación al aeropuerto de Lanzarote por la baja visibilidad, empezando a frustrar y a amontonarse en las esperas.

Y llega el caos. Los aeropuertos de La Palma, Tenerife Sur y Tenerife Norte se quedan inoperativos. Los vuelos se desvían hacia Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, añadiéndose a los que ya estaban allí. Gran Canaria se queda sin parkings y Fuerteventura también, haciendo que en un momento dado nueve aviones estén dando vueltas al norte de Lanzarote sin poder entrar en Lanzarote ni dirigirse a ningún otro aeropuerto.

Y ocurre lo nunca visto: los supervisores llaman a los Centros de Control de Casablanca y Lisboa para declarar el rate cero. Canarias no acepta un sólo avión destino a ningún aeropuerto canario. Y empiezan a producirse desvíos impensables: aviones que tienen que aterrizar en Marrakech, Agadir, Faro, o volverse al aeropuerto de origen.

Nervios, gritos, y los supervisores corriendo de teléfono en teléfono coordinando con los aeropuertos para que hagan hueco como sea para los aviones que están en el aire. En Gran Canaria consiguen habilitar la plataforma militar para acoger algunos vuelos. En Fuerteventura van coordinando uno a uno los parkings que va dejando libre cada avión que despega. La fraseología estándar y los procedimientos saltan por los aires y en pocos minutos la situación pasa de muy grave a extrema, con pilotos y controladores hablando de tú a tú entre ellos para ver cómo hilvanar manualmente ese inmenso puzzle en el que cada vez iban quedando menos piezas disponibles.

Y el tiempo, en aviación, significa combustible. Los controladores empiezan a chequear con los pilotos el combustible que les queda en sus aviones para hacerse un esquema mental de las posibles secuencias de acciones a tomar. Y entonces se abre un rayo de luz. Un supervisor grita: “Tenerife abierto!”

Rápidamente, los controladores empiezan a informar a los pilotos en su sector de la posibilidad de dirigirse a Tenerife Sur, opción que varios aceptan aliviando en cierta medida la sobresaturación de los demás sectores.

Y cuando parecía que la situación estaba en vías de solucionarse, otro fallo de previsión golpea a los controladores a cargo del sector de la aproximación a Tenerife Norte y Tenerife Sur, que ven estupefactos como una ristra de aviones van despegando de los aeropuertos canarios hacia allí mientras que otra pelota de aviones llegan por el oeste. No caben. Se paran todos los despegues destino Tenerife Sur y los aviones van incorporándose a los circuitos de espera, esta vez sobre la isla de Tenerife, esperando su turno. Un piloto, desesperado, se queja amargamente de que lleva siete horas volando, ha sido desviado a Gran Canaria, y ahora tiene que esperar de nuevo. La contestación del controlador es desoladora: no hay parking en Tenerife para él de momento.

Pasados unos minutos interminables y después de varias gestiones, el mismo controlador informa al piloto de que va a ocupar el último parking disponible. La respuesta del piloto lo expresa todo: “I could kiss you right now”.

Una tarde sin precedentes en el espacio aéreo canario, en el que un grupo de aguerridos profesionales se vieron llevados al límite, y en la que tanto pilotos como controladores aéreos salvaron una papeleta imposible y por momentos preocupante, y por la que deberían sentirse tremendamente orgullosos. En cuanto se recuperen, claro.

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