Alta tensión y turbulencias ante las inminentes elecciones del COIAE

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En ParísEn uno de esos preciosos cafés del centro de París hace un par de semanas, la casualidad quiso que, sin quererlo, pudiésemos asistir a una conversación entre varios ingenieros aeronáuticos españoles sobre las próximas elecciones en el Colegio Oficial de Ingenieros Aeronáuticos de España (COIAE). Sin querer oir, pero imposible no hacerlo, tras la segunda botella de Burdeos abierta en dicha mesa, y con el tono de voz algo subido, pudimos asistir a una polémica sobre los dos candidatos que se retratan el próximo lunes en las urnas: Antonio Martín-Carrillo (actual Decano) y Felipe Navío (AECA). Uno de esos ingenieros, con su potente voz, indicaba que el desánimo de los colegiados era más que patente, y que probablemente él se abstendría. Un segundo contertulio "megafónico", señalaba que alguien estaba recogiendo firmas contra el proceso electoral, y yo, sin quererlo, estaba asistiendo a una tertulia interesante…

"Yo desde la época de los cambios de cerradura, y todo el posterior lío judicial, no me he vuelto a sentir agusto con el Colegio",…, y otro asistente replicaba, "creo que en esa ocasión Antonio (supongo que se referiría al actual Decano), hizo un largo considerable…, se pasó…". "Sí, pero el oscuro apoyo y aval de un antiguo Decano, dicen que está detrás de la candidatura de Navío, con lo que ya sabemos quien está moviendo esos hilos", le inquiría otro ya a voz en grito. Estos sujetos debían pensar que en París nadie habla español y por tanto el aspecto de las personas que cenaban en la mesa a la que asistíamos era nórdico o galo, lo que hizo que tuviese que contener mi risa.

Mientras el camarero nos traía los platos, nadie de los ingenieros asistentes se percató que se dirigía a nosotros en un español casi perfecto, mientras tambien lo hacía en un perfecto inglés a la mesa de los indiscretos aeronáuticos de al lado.

"Yo me abstendré, sentenció de pronto uno de ellos",…,"además", replicaba un segundo (la mesa estaba compuesta por cinco comensales), "eso de convocar por Navidad y con alevosía, el 21 de diciembre, hasta el 4 de enero, ha hecho imposible que muchos compañeros se enterasen, lo que dice mucho de los convocantes".

Era ya tarde, llovía como es habitual, y tras levantarnos, miré a uno de los que habían participado en ese impúdico debate a voz en grito y me despedí con un cortés "!buenas noches!", en un español lo más claro posible. Los rostros de los tertulianos pasaron del sonrojo etílico a la lividez más caucásica posible en cuestión de segundos. Pero ya era tarde tras la sonora indiscrección…

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