Trablisa acusa de “huelga de celo” en Barajas y anuncia acciones legales inmediatas

El conflicto laboral revela tensiones sobre pluses salariales y jubilación anticipada que exceden las competencias de una empresa concesionaria.

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Claudia C./ Aviación Digital, Sp.-
El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, principal puerta de entrada aérea a España, continúa siendo epicentro de un conflicto laboral que amenaza con extenderse en el tiempo. La empresa Trablisa, concesionaria del servicio de seguridad en los filtros de pasajeros, ha difundido un comunicado en el que acusa a parte de su plantilla de mantener una “huelga de celo” que estaría ralentizando de forma deliberada los controles, provocando colas kilométricas y retrasos en la operativa. La compañía advierte de que la situación supone un incumplimiento de los servicios mínimos del 100% decretados por la Delegación del Gobierno y anuncia que emprenderá medidas legales y disciplinarias inmediatas.


Una huelga bajo sospecha de ilegalidad

En su comunicado, la compañía califica el paro como “ilegal, abusivo y desproporcionado”. Según Trablisa, la convocatoria ha sido impulsada únicamente por 21 trabajadores de una plantilla de más de 850 vigilantes, sin el respaldo de los sindicatos mayoritarios del Comité de Empresa. Para la empresa, este hecho confirma que no se trata de un movimiento consensuado, sino de una acción aislada que persigue alterar lo pactado en el Convenio Colectivo Estatal de Seguridad y en acuerdos previos firmados con el Comité.

Desde el punto de vista jurídico, Trablisa sostiene que se trata de una “huelga novatoria”, figura expresamente prohibida por el ordenamiento legal, al pretender modificar compromisos ya establecidos. Además, subraya que esta actuación vulnera el llamado deber de paz social derivado de la negociación colectiva, principio fundamental en las relaciones laborales.


Exigencias del Comité de Huelga: pluses y condiciones adicionales

El enfrentamiento se agrava con la lista de peticiones del Comité de Huelga, que, según el comunicado, incluye pluses salariales que superan los 1.000 euros mensuales (kilometraje, plus Madrid, plus verano, plus festivo nacional, entre otros). También reclaman una paga extra adicional en concepto de cesta de Navidad y lotería, el incremento en un 75% del valor de las horas extra, y que la empresa asuma el coste del aparcamiento de los trabajadores.

Una de las reivindicaciones más polémicas es la equiparación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para poder acceder a la jubilación anticipada a los 52 años, una medida que excede claramente las competencias de la empresa privada. Asimismo, solicitan modificaciones técnicas en el uso de los nuevos escáneres, como eliminar el tiempo dedicado a visualizar las imágenes, algo que Trablisa considera inasumible e irresponsable en términos de seguridad.


La empresa insiste en que ha cumplido “estrictamente” con todas sus obligaciones, tanto las derivadas del convenio colectivo como las específicas del centro de trabajo en Barajas. Por ello, considera que el paro no tiene justificación y que está generando un perjuicio directo a los pasajeros y a la operativa del aeropuerto, una infraestructura crítica para el país.

Trablisa asegura que ejercerá todas las acciones legales que le corresponden en derecho, en todos los órdenes jurisdiccionales, con especial énfasis en la exigencia de responsabilidades penales y patrimoniales. Esto podría traducirse en sanciones disciplinarias, despidos e incluso reclamaciones de daños económicos a los convocantes de la huelga.


Consecuencias para los pasajeros y para la aviación

Mientras tanto, los viajeros que pasan por Barajas se convierten en víctimas colaterales de un pulso laboral que afecta directamente a su experiencia de vuelo. En jornadas recientes, los tiempos de espera en los filtros de seguridad se han disparado hasta superar la hora y media en la Terminal 4, lo que ha provocado pérdida de vuelos, retrasos en conexiones y quejas masivas en redes sociales.

Desde la perspectiva de la aviación, este tipo de conflictos ponen de relieve la fragilidad del engranaje aeroportuario. Cuando los controles de seguridad se ven ralentizados, no solo sufren los pasajeros: también se afecta la coordinación de horarios de salida, la gestión de slots y la puntualidad global de las operaciones. Barajas, que funciona como hub internacional, es especialmente sensible a cualquier alteración de este tipo.


Un conflicto abierto con repercusiones políticas y sociales

Más allá del ámbito laboral, el enfrentamiento entre Trablisa y un sector de sus trabajadores abre un debate más amplio: ¿hasta qué punto debe una empresa concesionaria asumir reivindicaciones que exceden su marco competencial? Y, sobre todo, ¿cómo garantizar que los derechos de los empleados no entren en choque con la seguridad nacional y la protección de los pasajeros?

Trablisa, en su comunicado, lamenta los perjuicios ocasionados a los viajeros y reitera su compromiso de demostrar el carácter abusivo de la huelga. El desenlace dependerá de las negociaciones en marcha, de la intervención de las autoridades laborales y, posiblemente, de los tribunales.


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