CRM: LA MUERTE DEL MITO O EL RESUGIMIENTO DEL FENIX

Rosalía Rodríguez (CRM y FFHH) Universidad Camilo José Cela

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Empezaré mi exposición con una afirmación irrefutable “el CRM ha muerto, viva el CRM”.

Madrid, SP.- Me atreveré a decir que el CRM entendido como tal ha muerto y evolucionado hacia un análisis global de muchos y diferentes factores. El principal problema, desde mi punto de vista, es que en el pasado analizábamos el error o fallo humano y la causa efectiva del accidente de una forma individualizada y, casi siempre, centrando el análisis en la última ficha “caída” por el efecto dominó, no teniendo así en cuenta la primera (y más importante) de las fichas.

Como grupo multidisciplinar que es la aviación se debe llevar a cabo un análisis global en el que se incluya toda la cadena de engranaje que hace posible que una operación sea llevada a cabo.

Me atrevería a afirmar, que uno de los factores a tener en cuenta, siendo además el más importante, a la hora de aplicar la nueva generación de CRM será tener una visión individualizada de cada compañía y sus empleados poniendo especial atención a la pluralidad de las tripulaciones y sus diversas culturas, procedencias y diferentes rangos de edades.

Asimismo, debemos centrarnos en encajar cada individuo, a pesar de sus diferentes circunstancias, en el equipo con el objetivo de obtener un buen entendimiento y coordinación para alcanzar de esta forma los objetivos de seguridad marcados al grupo evitando así posibles accidentes.

Se deberá tener en cuenta que dadas las circunstancias actuales de mercado, (con un incremento significativo de la competencia y recorte de los márgenes) las empresas optan, en muchos casos, por primar el beneficio empresarial sobre la seguridad en vuelo. Es esta situación actual el mayor enemigo del CRM.

Fijarse como objetivo único la obtención de beneficios supone, en muchas ocasiones, recortar inversión relacionada con seguridad y por consiguiente mayor probabilidad de producirse un accidente aéreo.

Las empresas deben ser conscientes que una baja inversión (que no gasto, como es entendido por muchos) en seguridad a largo o medio plazo puede salir muy costosa. Así, nunca mejor dicho, “si crees que la seguridad es cara espera a tener un accidente” o, entendiendo el recorte de inversión en seguridad como un error en el marco de una de las célebres frases de Confucio, “el hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”.

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