Buenos Aires, ARG.- Con la promesa de permitirle volar a personas que nunca pudieron costearlo, FlyBondi realiza una agresiva campaña de precios que puso en jaque lo balances del resto de las aerolíneas. Esto no la privó de decepcionar a sus pasajeros en cerca de 900 ocasiones durante escasos siete meses. En ese mismo período, cada uno de sus aviones participó en al menos un incidente grave que puso en peligro vidas y que son investigados por la autoridad de control.

Entre febrero y agosto, la compañía amarilla tuvo irregularidades en 887 de sus vuelos. Así deja constancia un documento firmado por el propio representante legal de la empresa, Agustín Ojea Quintana, como consigna el portal Aviación en Argentina. Este texto de 62 páginas que le remitió la firma a la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) el 10 de agosto detalla cada uno de los problemas, que se concentraron principalmente en mayo, cuando registró 220, seguido de junio con 184 y julio, con 177.

Las razones comerciales fueron las que primaron las cancelaciones, ya que 484 de las totales se debieron a ello. Los desperfectos técnicos se constituyeron como el segundo mayor inconveniente, ya la compañía levantó 121 de los vuelos, una cifra no menor acumuló durante el año sólo cinco aeronaves. De este tipo de eventualidades sufrió nueve en febrero, diez en marzo, ocho en abril, 52 en mayo, 13 en junio y 29 en julio.

Por restricciones de operación de El Palomar, aeropuerto base de esta aerolínea, canceló 105 recorridos, los que estuvieron concentrados mayoritariamente en marzo, cuando la “bajo costo” no previó modificaciones ante el amparo de la Justicia Federal de San Martín. Con el patrocinio del abogado Lucas Marisi, los vecinos reclaman por la habilitación irregular de la base aérea militar como un aeropuerto comercial.

La meteorología fue la determinante para que 93 recorridos no se realicen. Esto apoya el argumento jurídico de los habitantes de El Palomar, que explican que la empresa amarilla opera con una pista que carece de condiciones para afrontar devenires climáticos. Del resto de los problemas, 61 fueron reportados como “a determinar”, 22 por falta de tripulación y uno por una falla del proveedor en el aeropuerto de Bariloche.

Pese a la confidencialidad que lo rodea, el medio El Destape, logró reconstruir a través de diversas fuentes aéreas que la Junta de Investigación de Accidentes de Aviación Civil (JIAAC) investiga 16 incidentes generados por FlyBondi. Cada uno de sus aeronaves participó de al menos uno de ellos.

Entre los más graves, el matrícula LV-HFR sufrió una falla en el velocímetro, lo que generó una discrepancia de marcador, el 22 de enero en Córdoba. Este estaba mentado para que fuera el vuelo inaugural de la compañía, pero duró tan sólo 12 minutos.

Un evento de aún mayor riesgo se desarrolló en Puerto de Iguazú el 16 de julio, cuando la cola del LV-HQY tuvo un contacto con la pista, lo que pudo haber concluido en tragedia, a no ser por las maniobras de los pilotos. En El Palomar, el LV-HFQ tuvo una falla en el sistema de presurización el 24 de agosto.

Nuevamente en Córdoba, el LV-HKR sufrió una falla en la indicación de configuración de los flaps el 13 de septiembre. El más reciente se dio el 17 de noviembre, cuando el LV-HFR se despresurizó a 32.000 pies de altura y debió descender a 10.000 pies en menos de cinco minutos, como indica el protocolo para conseguir aire respirable. A esos cerca de 3.000 metros y con máscaras de oxígeno para los pasajeros debió completar más de la mitad del recorrido entre Puerto de Iguazú y El Palomar.

La junta que investiga estos incidentes y la propia ANAC dependen en última instancia del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, quien parece tener un interés genuino en el crecimiento de esta “bajo costo” y en el vaciamiento de Aerolíneas Argentinas, objetivos que se cruzan gracias al presunto dumping que realiza FlyBondi. Quizás por esa razón la aerolínea que ganó rutas sin tener aviones hasta ahora no haya sido sancionada y mantenga su licencia, pese a que en siete meses acopió cerca de 900 cancelaciones, una tasa inaceptable para cualquier país donde no se mezclan los negociados con el Estado.

Personalmente, he tenido la desgracia de volar en tres ocasiones con ellos. Dos de las cuales, los vuelos fueron cancelados. Su práctica habitual, consiste en unificar vuelos si durante el mismo día, dos de los mismos no están completos. Al ser el único operador del aeropuerto “El Palomar” no pueden ser sancionados con pérdidas de slots. Después de volar durante 18 horas desde España a Buenos Aires con escala en Roma, me dirigía a Iguazú, cuando para mi sorpresa, el vuelo fue retrasado en dos ocasiones y después cancelado.

Pasajeros provenientes desde Salta con el mismo operador, el cual llegaba con retraso y debían coger el mismo avión que yo, fueron engañados asegurando que el avión había partido y no podían ayudarles. Otros pasajeros, tenían un billete para el mismo vuelo que el mío, con el mismo número de vuelo, pero sin embargo en su billete aparecía otra hora de salida, vaya día de sorpresas…

Intentaron darme todo tipo de excusas durante horas, sin embargo, tras una acalorada discusión, después de identificarme como experto y profesional de la aviación, y recordarles las obligaciones que han de asumir al obtener un AOC, Certificado de Operador Aéreo, incluyendo los derechos al pasajero, el Anexo 9 – Facilitación de la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), y la legislación Argentina en la que quedan recogidos estos derechos, 203/2015, accedieron a proporcionarnos un hotel, incluyendo taxi de ida y recogida al mismo, cena y un billete en el primer avión del día siguiente, para mí y para otros 6 pasajeros afectados, los cuales habría sido claramente estafados si no fuese por mi intervención. Esto ocurrió 12 horas después de la hora inicial de partida del vuelo. Un panorama absolutamente vergonzoso, acompañado de risas y burlas de su personal. Sin embargo, mi historia con Flybondi no acabó ahí.

Pasados 3 días en Iguazú, me disponía a volver a Buenos Aires a las 17:00 horas locales. Al llegar al aeropuerto, vaya, de nuevo retrasado… nada menos que 2.5 horas, para después cancelarse de nuevo. Un Boeing 737 MAX, con 189 pasajeros facturados y en la sala de embarque esperando noticias fueron notificados por megafonía de que debían regresar a facturación, sin motivo. Una vez allí, uno a uno, fuimos informados, de que “por motivos meteorológicos” el vuelo estaba cancelado. Esta información tardó en llegar a todos los pasajeros aproximadamente 2 horas más. Al alegar motivos meteorológicos, si se habían realizado labores de previsión y la empresa había puesto todos sus medios a disposición, según la norma, pueden eximir toda responsabilidad. Sin embargo, esta condición no se dio, ya que si hubiese salido en hora, no habría habido problemas meteorológicos. No obstante, no podemos demostrar que no fuesen retrasos arrastrados por esta causa.

De todos modos, lo que si que está recogido en la legislación, es la obligatoriedad de recolocarnos en el siguiente vuelo disponible. Los empleados de esta “aerolínea” nos aseguraron que no podrían ubicarnos en otro vuelo hasta al menos dos días después, debido a la desconfianza ya adquirida por la anterior ocasión, tuve la ocurrencia de acceder a su sitio web, y vaya, ¡esto es como una caja de bombones!, billetes disponibles para el día siguiente a las 8:00, apenas unas horas después… De nuevo incurriendo en otro delito, esta vez por abandono y desamparo. Nos aseguraron la devolución del precio del vuelo cancelado, aún estoy esperando, pero no he recibido ni un correo de disculpas si quiera…

De verdad, no había vivido una experiencia como esta jamás, y sinceramente, nunca hubiera imaginado que algo así fuese posible en el mundo de la aviación.

Mi tercer vuelo, transcurrió con normalidad, aunque fue un teatro bochornoso por parte de la tripulación, repleta de monólogos, aplausos y molestas bromas sin gracia alguna.

 

 

 

 

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