Pasajeros conflictivos

Rosalía Rodriguez/Directora de Formación de CTT

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Madrid, SP.- Todos estamos acostumbrados a escuchar diariamente, especialmente en estas fechas clave, noticias de conflictos a bordo de una aeronave donde no en pocas ocasiones y en el mejor de los casos se saldan con aterrizajes demorados y la visita incluida de nuestros compañeros de la Guardia Civil. 

Pero mi pregunta es la siguiente: cómo estos respetables ciudadanos han llegado a un estado tal de agresividad que hacen que corran ríos de tinta en los periódicos, anunciando sucesos nada satisfactorios para nuestra seguridad aeronáutica.

Podría decirse que un aeropuerto hoy en día es un lugar lúdico donde la oferta hace empalidecer a cualquier centro comercial de moda de cualquier capital del mundo, la oferta es amplia: comida internacional o, por ejemplo, innumerables locales de ocio donde se puede adquirir en la mayoría de ellos alcohol a buen precio y donde muchas veces el agua está a precio del alcohol o viceversa. Recordemos además que en un aeropuerto las horas de espera a veces son interminables y las alegrías o incluso las fobias muchas veces son disfrazadas con barbitúricos y, cómo no, alcohol para convertirlo en un coctel mortífero y con todos los ingredientes para que se produzcan incidentes.

Está claro que los aeropuertos tienen que ser rentables económicamente hablando, pero no a cualquiera precio. La línea que tensamos es muy fina y muchas veces se rompe en el peor sitio posible que es en el interior de un avión atentando y debilitando el bien más preciado que es la seguridad.

Intervención a bordo de la Guardia Civil

Pero comencemos por el principio, cómo frenar lo que ya muchos asiduos de los aviones tienen por costumbre. Evidentemente si yo tengo una oferta durante 24 horas de todo tipo de bebidas es más fácil que consuma. Si nos ponemos a pensar un aeropuerto tiene un horario non stop podría compararse como un gran Casino de las Vegas donde la referencia del tiempo entre el día y la noche se disipan.

También debemos recordar que mucha gente como he reflejado anteriormente tiene verdadera fobia a volar y lo disfraza con pastillas para la ansiedad y alguna copa que le envalentona para poder pasar lo que para ellos resulta un verdadero suplicio.

No tenemos que olvidar que un aeropuerto para los profanos es un sitio que saca lo peor del ser humano, controles, colas, retrasos …. Evidentemente no estoy disculpando al pasajero conflictivo, pero aquí lo que tratamos es de analizar las razones que causan este gran conflicto nunca mejor calificado y que en el mejor de los casos se queda en una simple llamada de atención por parte del personal, tanto de de tierra como de vuelo y, en el peor de los casos con episodios muy conocidos por todos; donde el pasajero hace que el avión tenga que aterrizar en un aeropuerto alternativo por la agresividad descontrolada en el interior de la aeronave que pone en serio riesgo la seguridad de todos los ocupantes y hace imposible mantener unos estándares de operativos idóneos.

Una de las preguntas frecuentes cuando sucede es siempre la misma, ¿quién corre con los gastos derivados de este trastorno? la respuesta es simple hoy en día todo está legislado por nuestra normativa aérea. El pasajero correrá con los gastos derivados que pudiera ocasionar a la aerolínea diferenciándose si es necesario aterrizar o solo queda en una amonestación.

Presentar durante el vuelo un comportamiento vejatorio hacía cualquier miembro de la tripulación, así como no seguir las indicaciones de la tripulación o presentar un estado de embriaguez considerable está multado hasta con 5000 euros. La cosa cambia si el avión tiene que desviarse, entonces será el pasajero quien asuma en su totalidad los costes derivados del cambio de ruta no programado del avión y por lo tanto la multa puede ascender hasta los 30000 euros.

Un dato que es para tomarse en serio, desgraciadamente muchos aeropuertos son más proclives que otros a sufrir con más asiduidad esta problemática son aquellos destinos vacacionales donde el primer punto de contacto lúdica se tiene en un aeropuerto, si además en fechas señaladas lo juntamos en muchas ocasiones con retrasos la suma de factores hace que nos dé un resultado nada positivo para ninguna de las partes.

Por todo lo anteriormente mencionado deberíamos impedir bajo cualquier circunstancia que cualquier pasajero que entrañe un riesgo o comprometa la seguridad de la aeronave embarque. Para ello el entrenamiento de nuestro personal aeroportuario debe ser determinante a la hora de detectar un futuro problema a bordo de una aeronave y ser la primera barrera que se encuentren. Nunca me cansaré de decir que en el mundo aeronáutico todos somos fichas necesarias para el buen funcionamiento de la seguridad, para ello un pilar primordial es la comunicación entre todos los intervinientes que hacen posible la operación aérea, la formación en factores humanos es la piedra angular del tratamiento con este tipo de pasajeros, al mismo tiempo que emplear medidas disuasorias, tanto en mostradores de facturación como en los locales donde se sirven bebidas, tiendas aeroportuarias o restaurantes con todas las multas que acarreará el consumo irresponsable de las bebidas alcohólicas o no seguir las instrucciones de seguridad de cualquier persona que trabaje tanto en las instalaciones aeroportuarias como en una aeronave. O incluso la posibilidad de establecer unos máximos de alcohol para poder volar tal y como establece el código de circulación.

Hace tiempo que como formación extra se da en muchas academias el uso de bridas llaves para bloquear a un pasajero… Mi creencia es mucho más simplista, al personal de vuelo hay que entrenarlo para hacer un embarque eficaz y detectar todo aquello que pueda contribuir a dar problemas una vez cerradas las puertas del avión, pues una vez dada esta circunstancia y en el mejor de los casos si el vuelo es de corta duración quedara en un conflicto, la cosa cambia cuando es vuelo de larga estancia pues es a veces muy difícil poder aterrizar el avión en cualquier punto los costes derivados y trastornos serán mucho más graves.

Siempre he creído que la contratación de tcps debe estar basada no solo en méritos profesionales: es de vital importancia que tengan cierta madurez, experiencia para poder lidiar con estas situaciones de manera firme y resolutiva, para ello el baremo de corte de edad utilizado por muchas aerolíneas donde el tope está en 25 años no ayuda a que se cumplan estos requisitos indispensables. Una tripulación mixta en edad siempre suma no resta.

Para terminar esta breve reflexión sobre pasajeros conflictivos me gustaría recapacitar sobre un hecho que verdaderamente resume todo el texto y que hace que el ser humano sea humano.

“Los hábitos son una segunda naturaleza que destruye la primera” Blaise Pasca.

No cabe más que decir en nuestras manos está el cambiar hábitos y lograr poco a poco que estas noticias se conviertan en anecdóticas.

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