Eduardo gavilán, Editor.- ¿Imaginas diseñar un traje espacial treinta años antes de que el hombre llegara a la Luna? ¿O inventar las palabras que hoy usamos para hablar del cielo? Esa fue la genialidad de Emilio Herrera e Irene Aguilera, dos figuras extraordinarias de la ciencia y la aviación española cuyas vidas y legados fueron rotos por la Guerra Civil y el exilio. Su historia no es solo la de un invento olvidado, sino la de una memoria quebrada que, gracias al amor de generaciones, por fin está siendo reparada.
Ayer, en una gélida jornada invernal, tuve la oportunidad de asistir personalmente, como editor de Aviación Digital, al emotivo acto celebrado en el Castillo de Villaviciosa de Odón, sede del Archivo Histórico del Ejército del Aire y del Espacio.
En este escenario cargado de historia, el archivo personal del ingeniero, científico, piloto e inventor, entre otros, de la escafandra estratonáutica ha quedado depositado y puesto bajo custodia del Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire y del Espacio (SHYCEA), donde a partir de ahora será preservado y estudiado como parte del legado aeronáutico español.
Este relato es, en el fondo, un acto de justicia. Un gesto que intenta reparar, aunque sea en parte, el inmenso vacío que su ausencia forzada dejó en la ciencia y en la conciencia de nuestro país.

Su biznieta, Selena Herrera, pone voz al sentir de una familia que ha luchado durante años por mantener viva esta llama: «Para nuestra familia, este reconocimiento supone un paso importante en la recuperación de la memoria de nuestros bisabuelos. Contribuye a preservar su legado y a situarlo en el lugar que merece».
Mentes Brillantes: Los Años de Invención y Vanguardia
Antes de que la guerra lo cambiara todo, Emilio Herrera fue uno de los grandes protagonistas de la vanguardia científica española. Ingeniero militar, aeronauta e inventor, fue además el primer director de la Escuela Superior de Aerotecnia (1932-1936), una institución clave en la formación de los ingenieros que, con el tiempo, acabarían liderando la aviación española.
Sus contribuciones más significativas son un testamento de un genio adelantado a su época:

- La escafandra estratonáutica (1935): traje presurizado con articulación semirrígida, sistema autónomo de oxígeno y control térmico, precursor técnico directo de los trajes Apollo. Documentos de la NASA de 1967 reconoce explícitamente su diseño como referencia histórica.
- Acuñación del término “espacio aéreo”: Herrera lo propuso en 1911 y fue adoptado internacionalmente, convirtiéndose en pilar del derecho aeronáutico moderno (Convención de París 1919 y Convenio de Chicago 1944).
- Colaboraciones de primer nivel: trabajó con Juan de la Cierva en el desarrollo del autogiro y con Leonardo Torres Quevedo en sistemas de control remoto.
- Diseño del túnel de viento del laboratorio aerodinámico de Cuatro Vientos, una instalación pionera en su tiempo que despertó la admiración de su amigo Albert Einstein.
A su lado, inseparable, se encontraba Irene Aguilera, una de las primeras mujeres españolas en pilotar un avión (biplano Farman, Cuatro Vientos, 1911). Más allá de su faceta de aviadora, Irene fue colaboradora científica esencial: sus dibujos técnicos y anotaciones acompañan prácticamente todos los proyectos de Herrera.

Dignidad en el Exilio: La Fortaleza de los Principios
Antes incluso de que la política marcara su destino, Emilio Herrera ya era una figura difícil de encasillar: monárquico y católico convencido, pero también profundamente republicano y del servicio al país por encima de cualquier sigla.

La Guerra Civil «troncaron sus vidas, sus planos y sus familias», según palabras de su biznieta Selena. El exilio les arrebató su país y su reconocimiento, pero jamás su integridad.
Una anécdota relatada por su biznieto Diego Emilio define su entereza: al llegar a París, rechazó la ayuda económica del gobierno francés para refugiados, argumentando que él se ganaría la vida y que ese dinero debía ir a los más necesitados. Esa decisión le salvó la vida: los nazis utilizaron después esas listas para deportar a campos de concentración. Vivió en un modesto quinto sin ascensor, en una «austeridad absoluta», pero en un hogar «inmenso en dignidad y en cariño».
Un Legado para el Mundo: La Memoria Regresa a Casa
La recuperación ha sido obra de generaciones. La Fundación Emilio Herrera, creada en 1996 por su hijo José Miguel, ha culminado en tres hitos irreversibles:
- El archivo personal (manuscritos, planos, cuadernos) ha sido donado al Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire y del Espacio (SHYCEA) y será digitalizado con patrocinio de la Fundación ENAIRE.
- El Gobierno de España ha entregado la Declaración de Reconocimiento y Reparación Personal a los bisnietos.
- Y, como anunció Ángel Luis Arias, representante permanente de España ante la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), se creará una exposición permanente dedicada a Emilio Herrera en el museo de la OACI en Montreal. El material divulgativo se publicará en los seis idiomas oficiales de la organización, reconociendo oficialmente a Herrera como «patrimonio de la humanidad» en el ámbito aeronáutico y espacial.

La Inspiración de un Vuelo Eterno
El epitafio que Emilio Herrera eligió para su tumba —«No lo lloréis, imitadlo»— resume mejor que nada su legado. No pidió lástima, sino ejemplo.
Hoy, cuando la industria aeroespacial europea busca referentes propios, la figura de Herrera y su escafandra de 1935 nos recuerda que España tuvo, hace casi un siglo, capacidad tecnológica puntera y una visión estratégica global.
La pregunta que queda en el aire es clara: ¿seremos capaces de imitarlo —en audacia técnica, en integridad ética y en visión de largo plazo— para que el próximo gran salto de la aviación y el espacio vuelva a llevar acento español? El vuelo de Herrera e Irene fue interrumpido, pero su ejemplo acaba de despegar de nuevo.






