spot_img
2.4 C
Madrid
noviembre, domingo 28, 2021

Lo que hay que saber sobre la destrucción de un satélite espía ruso… por Rusia

Nuestros monográficos

- Publicidad -spot_img

Atalayar / Juan Pons.- Moscú ha derribado uno de sus ingenios en órbita para demostrar al mundo que dispone de misiles antisatélite, al igual que Estados Unidos, China e India. Vladimir Putin sabe que el sentir mayoritario de la sociedad que capitanea es que Rusia sea respetada y reverenciada en la esfera geoestratégica como una gran potencia global, lo que incluye que así sea reconocida por la Administración Biden. 

Es consciente que ni Estados Unidos ni China se lo ponen fácil y por eso ha dado instrucciones de recuperar la enorme influencia y presencia internacional que sus antecesores no supieron administrar y que él heredó bajo mínimos. Pero, sobre todo de redoblar la presencia de Moscú en los escenarios operativos militares, de manera preferente en los de la ciberseguridad y el espacio ultraterrestre.

Por el momento, la pelea se plantea es la esfera verbal y económica. Pero si la lucha se traslada al espacio, Putin quiere hacer saber a Estados Unidos, China, India y sus aliados que es un contrincante duro de pelar. Y un ejemplo de que su apuesta va en serio lo acaba de dar su Fuerza de Misiles Estratégicos ¿Cómo lo ha hecho? Destruyendo con un misil propio uno de sus numerosos ingenios que orbitan alrededor de nuestro planeta, una misión de gran complejidad. 

El disparo que ha acabado con la vida vegetativa de una vieja plataforma en órbita partió desde el principal complejo militar ruso dedicado al lanzamiento de vectores estratégicos, que es el cosmódromo de Plesetsk, situado a unos 800 kilómetros al norte de Moscú. Desde allí ascendió al ocaso del 15 de noviembre un potente misil, cuya cabeza explosiva chocó a unos 500 kilómetros de altura con el anciano satélite espía ruso codificado Kosmos-1408, que desde hacía varias décadas estaba fuera de servicio. 

Dedicado a la inteligencia de señales y perteneciente a la caduca constelación Tselina, el Kosmos-1408 había sido puesto en órbita el 16 de septiembre de 1982, un par de meses antes del fallecimiento del líder soviético Leónidas Brezhnev y en plena decadencia económica de la Unión Soviética, que una década después llevaría al país a su desintegración.

Misil ASAT de ascenso directo 

El disparo y consecuente derribo del ingenio espacial ha sido la prueba final que Moscú necesitaba para confirmar a ojos del mundo que ya ha concluido el desarrollo de un sistema de arma anti satélite o ASAT, acrónimo del inglés Anti SATellite. En este caso se trata de un proyectil de los llamados de ascenso directo, que parten desde tierra, un buque o un avión para inmolar una infraestructura posicionada en órbita. 

¿De qué misil ruso se trata? Salvo que Moscú haya practicado la desinformación o cambiado su denominación, se trata del conocido como PL-19 Nudol. Es un vector montado en posición horizontal sobre un vehículo pesado de tracción a sus 12 ruedas, que también sirve de plataforma de despegue. Durante los últimos ocho años ha estado en continua evaluación con al menos una decena de ensayos reales, pero sin intención de hacer añicos ningún satélite.

El ministerio de Defensa ruso no confirmó el lanzamiento del misil ni la destrucción del Kosmos-1408 hasta el día después de haberse producido. Fue el propio ministro, el general Sergei Shoigu, quien informó del impacto “con precisión quirúrgica contra un viejo satélite”, pero que los fragmentos resultantes “no representan ninguna amenaza para las actividades espaciales”. Pero esa última afirmación es más que dudosa.  

La fractura del Kosmos-1408 ha producido “unos 1.500 fragmentos de más de 10 centímetros” y “cientos de miles mucho más pequeños”, según el general James Dickinson, jefe del Mando Espacial del Pentágono. El secretario de Estado, Anthony Blinken, ha calificado la prueba de “imprudente y devastadora”, mientras que el administrador de la NASA, Bill Nelson, la ha tachado de “irresponsable y peligrosa”. El profesor Hugh Lewis, de la Universidad británica de Southampton, afirma que “la mitad se quemarán en un año durante su reentrada en la atmosfera”. El resto permanecerá girando durante otros 10 o 15 años más. 

¿Son un peligro esos escombros? Pues si. Viajan alrededor de la Tierra a unos 27.000 kilómetros por hora y su impacto sobre una plataforma espacial puede llegar a ser letal. También pueden poner en peligro la supervivencia del nuevo complejo orbital chino, habitado por dos astronautas. Y de la gran Estación Espacial Internacional, que está a unos 400 kilómetros de altura y alberga siete astronautas, dos de ellos rusos. Por fortuna, existen redes de vigilancia que alertan de los peligros potenciales que se les vienen encima.

SourceAtalayar
- Publicidad -spot_img

Más artículos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

spot_img
- Publicidad -spot_img

Todos los canales

Últimos artículos

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies