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enero, domingo 23, 2022

Los 10.000 millones de dólares de un súper ojo electrónico llamado James Webb

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Atalayar / Juan Pons.- Un observatorio cósmico de diseño sin precedentes, ultra sensible y de gran alcance retrospectivo que va a ampliar y complementar los descubrimientos del Hubble. Por fin, el más sofisticado, grande, caro y disruptivo telescopio espacial de todos los tiempos está a punto levantar el vuelo para intentar descubrir el ciclo vital de las estrellas, desde su nacimiento hasta su muerte.

El 25 de diciembre, día de Navidad, a partir de la 01:20 de la madrugada, hora peninsular, un lanzador europeo Ariane 5 despegará desde la Guayana francesa con las ilusiones de miles de astrofísicos de todo el mundo depositadas en su valiosa carga. De conseguirlo, atrás quedarán años y años de retrasos, una seria tentativa del Congreso de Estados Unidos de cancelar el proyecto y un incesante goteo de miles de millones, que alcanza la astronómica cifra de cerca de 10.000 millones de dólares, en torno a 8.500 millones de euros.

Tal costoso coloso tecnológico de 6,2 toneladas ha sido bautizado con el nombre de James Webb, en memoria de quien fue entre 1961 y 1968 el todopoderoso jefe de la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA)impulsor del programa lunar Apolo auspiciado por el presidente John F. Kennedy y también el defensor de que el eje central de la Agencia fuese la investigación científica.

El telescopio espacial James Webb ‒JWST por su acrónimo en inglés‒, es un enorme, potente y ultra sensible observatorio que va a ampliar y complementar los descubrimientos del ya mítico Hubble, ‒en funcionamiento más de 30 años‒, del que es heredero, pero con el que no guarda ninguna semejanza externa ni tecnológica. 

Un centenar de veces más potente que su antecesor Hubble, el JWST funciona en las longitudes de onda del infrarrojo cercano y medio, y es “capaz de detectar la luz de una sola luciérnaga a un millón de kilómetros de distancia”, asegura la NASA. Pero su finalidad no es encontrar diminutos insectos en el Universo, sino “mirar hacia atrás más de 13.500 millones de años, penetrar en las nubes de polvo cósmico y observar objetos muy lejanos”, afirma Catarina Alves de Oliveira, científica de la Agencia Espacial Europea (ESA)

Hubble a 570 kilómetros de la Tierra, JWST a 1,5 millones

Iniciativa liderada por la NASA con la cooperación de la Agencia Espacial de Canadá (CSA) y la ESA, con aportaciones de la ciencia, la industria y de instituciones españolas ‒como el Instituto Nacional de Ciencia Aeroespacial (INTA) y el Centro de Astrobiología (CAB)‒, el James Webb pretende encontrar las primeras estrellas y galaxias que nacieron después del Big Bang.

También ha sido diseñado para estudiar los “elementos embrionarios que dieron lugar a la formación de sistemas planetarios y la evolución de los agujeros negros, al igual que para analizar las atmósferas de exoplanetas que puedan albergar carbono, nitrógeno, oxígeno, hierro o algún tipo de vida”, resalta Macarena García Marin, responsable de la calibración del instrumento euro-americano MIRI, uno de los cuatro a bordo del telescopio.

Pero, las investigaciones que va a ejecutar el JWST ¿podrían efectuarse con telescopios instalados en el suelo? Pues no. La atmósfera terrestre no es transparente a muchas de las bandas infrarrojas, que además son degradadas por compuestos químicos como el dióxido de carbono, el metano y el vapor de agua. Y ¿no lo puede hacer el veterano Hubble? Pues tampoco. Su óptica está adaptada a los espectros visible y ultravioleta, acumula más de 30 años de funcionamiento y está a punto de la jubilación.

El posicionamiento de ambos telescopios respecto a la Tierra es otra de sus diferencias. El Hubble se halla en órbita a 570 kilómetros de la superficie terrestre. Esa escasa distancia ha permitido que los transbordadores espaciales de la NASA hayan podido llegar hasta él para reparar su defectuosa óptica de origen y actualizar sus equipos y software, lo que resulta imposible de llevar a cabo con el JWST. 

¿Cuál es el motivo de esa imposibilidad de reparación en caso de graves anomalías? El JWST será posicionado y permanecerá un mínimo de 5 años a una distancia de 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Es el llamado punto L2 de Lagrange, un lugar estable del sistema Tierra-Sol desde el que orbitará alrededor del astro rey. Para darse una idea de la magnitud de la distancia a la que estará colocado el nuevo telescopio, baste decir que la Luna se encuentra de nosotros a unos 400.000 kilómetros.

SourceAtalayar
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