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septiembre, jueves 16, 2021

“Mayday ¡Ryanair no carga suficiente combustible!”

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Con estas palabras, emitidas a través de la frecuencia común, el piloto de Ryanair alertaba a la torre de control de que su aeronave necesitaba tomar tierra a la mayor brevedad. En ese momento, el cielo de Barajas se encontraba saturado con decenas de aviones comerciales que esperaban turno tomar tierra. (ESTRATEGIAS DE INVERSION)

Desde una de esas aeronaves la voz de otro piloto (de Iberia) irrumpía en la frecuencia común:
-"Madrid, entiendo que el Ryanair declara emergencia por falta de combustible".

Una emergencia por falta de combustible supone máxima prioridad para el aterrizaje de ese avión, y el piloto está obligado a anunciar la misma a través de la famosa palabra: "mayday". Como consecuencia, el resto de las aeronaves deberán esperar y la torre de control está obligada a volcarse con el avión afectado. Una vez en tierra, las autoridades del aeropuerto abrirán una investigación con el fin de aclarar las situaciones que han provocado esa emergencia.

Pasados unos segundos, la torre de control se pronunció:
-"A ver, Ryanair. ¿Me confirma "emergencia por falta de combustible" para darle máxima prioridad"?
A lo que el piloto de Ryanair contestó:
-"Negativo, negativo. No declaro emergencia por falta de combustible".
El piloto de Iberia volvió a intervenir:
-"Torre, le informo de que si usted da ahora autorización para aterrizar a este Ryanair, haré una denuncia contra usted y contra esta compañía".
Acto seguido, el comandante de Ryanair pidió un aeropuerto alternativo y poco después se pudieron escuchar por esa frecuencia una serie de vivas y aplausos hacia el piloto de Iberia.
-"Bravo compañero. Eso es. Tolerancia cero. Se acabó. Ya era hora de pararle los pies a estos tipos"

Estos hechos, ya conocidos por la mayoría del público, tuvieron lugar hace 15 meses.

En estos momentos IAG, compañía resultante de la fusión entre Iberia y British Airways, vive un proceso de re-estructuración interno para la búsqueda de sinergias entre ambas empresas fusionadas con el fin de incrementar la eficiencia de la nueva compañía resultante. Uno de esos ajustes tiene como objetivo hacer frente a la llegada de nuevas aerolíneas low-cost a nuestro mercado nacional, que tanto éxito han tenido. Según datos de Aena, Ryanair fue la aerolínea líder en transporte de pasajeros en España durante el pasado verano con un 14% del total. Esta cifra supone un incremento del tráfico aéreo de la compañía irlandesa de un 37% respecto al verano anterior de 2009.

Durante los últimos días han sido muchas las noticias que han alertado sobre prácticas abusivas por parte de esta low-cost. Enumero tan sólo algunas de ellas:
– Obligación de pagar una tasa de 40 euros si se presenta en el aeropuerto sin la tarjeta de embarque
– Problemas de sobrepeso en algún equipaje que llevaron a un motín en Lanzarote
– Exigencia del DNI a un menor de 14 años en un vuelo nacional

A estas alturas todos los que hemos viajado con Ryanair en alguna ocasión, tenemos claro que los precios de sus vuelos suelen ser los más atractivos del mercado. Pero también somos muy conscientes de que cualquier pequeño error en la planificación de nuestro viaje nos puede salir muy caro. Básicamente, estos precios finales tan bajos se producen como consecuencia de un ahorro de costes que son el origen principal de los conflictos con los usuarios. Pero tampoco debemos olvidar que nadie nos obliga a volar con Ryanair.

Desde los comienzos de las low-cost he sido un gran defensor de estas compañías que han introducido una gran eficiencia en el modelo empresarial de este sector ¿Por qué pagar 250 euros si puedo hacer el mismo viaje por 50 comprando el billete con bastante antelación? (Condición esencial para el descuento). Ahora bien, considero que esta eficiencia vía ahorro de costes debe tener un límite.

Y ese límite no es otro que la propia seguridad de los pasajeros y la tripulación. El ejemplo con el que he arrancado estas líneas es bastante significativo. Las autoridades que regulan el tráfico aéreo tienen que exigir a todas las aerolíneas el cumplimiento de la ley vigente, que explica claramente que: "todo avión de pasajeros debe cargar combustible suficiente como para mantenerse en el aire entre 30 y 45 minutos más de lo que exige su trayecto. Concretamente, deben incluir carburante para llegar a uno de los denominados "aeropuertos alternativos", por si surge la eventualidad de que no pueda aterrizar en el destino por cualquier motivo".

Si se demuestra que Ryanair está cargando menos combustible del requerido con el fin de ahorrar costes, no se entiende que las autoridades no hayan hecho nada hasta el momento. Resulta sorprendente que éstas denuncias ya se realizaron por los propios pilotos de la compañía hace más de dos años.

La competencia entre las distintas empresas de un mismo sector sólo se puede entender desde el cumplimiento de las normas y leyes vigentes. Cualquier vulneración de las leyes debe ser castigado con dureza por parte de las autoridades correspondientes. Más aún cuando estamos hablando del trasporte aéreo. Sólo en este contexto IAG u otras compañías aéreas "tradicionales" podrán hacer frente a las nuevas low-cost y, sólo así, veremos una competencia que beneficiará a todos los usuarios, pero nunca a costa de poner en juego nuestras vidas.

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