
Aunque la fusión aún debe pasar por varias etapas, según afirma el diario The New York Times, la nueva compañía mantendrá el nombre de American Airlines y su sede en Fort Worth (Texas), y será dirigida por Doug Parker, presidente ejecutivo de US Arways, quien tendrá el mismo cargo en la aerolínea emergente. Tom Horton, consejero delegado de AMR -matriz de American Airlines- se convertirá en el presidente del consejo no ejecutivo, aunque su mandato podría ser limitado.
La nueva aerolínea resultante tendrá una plantilla 94.000 empleados, una flota de 950 aviones y operaría unos 6.500 vuelos diarios, con una facturación de casi 29.000 millones de euros. De esta manera, podría superar a United Continental y Delta.
Bajo los términos del acuerdo de todas las acciones, los acreedores de American poseerían el 72% de la compañía combinada, y US Airways se quedaría con el 28, según The Wall Street Journal.
La aerolínea probablemente tendrá una capitalización de mercado de más de 10 mil millones de dólares, y el valor podría acercarse a los 11 mil millones. La nueva junta directiva estará formada por 12 personas. Los acreedores podrían designar a cinco consejeros, American nombrará a tres y US Airways a cuatro, según el periódico estadounidense. El número de consejeros se reducirá a 11 cuando el Sr. Horton abandone la presidencia.
Los pasajeros en EE.UU. dispondrán de menos opciones, ya que esta fusión dejará a cuatro operadores con el control del 83% de los vuelos nacionales americanos, pero podrán beneficiarse de una mayor estabilidad y confiabilidad del sector. Además, el acuerdo tiene el visto bueno de los reguladores antimonopolio del Departamento de Justicia de los EE.UU.






