Aviación Digital, Sp.- Esta operación, calificada por el propio grupo como el mayor pedido de flota de su historia, no solo aumenta capacidad; desplaza el centro de gravedad de su modelo de negocio hacia un operador híbrido, con vocación de red global apoyada en una flota homogeneizada de fuselaje estrecho y una célula de largo radio con el 787‑10.
Alcance del pedido y calendario de entregas
Alaska Airlines ha firmado un pedido firme de 105 Boeing 737‑10 y 5 Boeing 787 adicionales, todos en la variante 787‑10, con opciones para 35 737‑10 adicionales, extendiendo la línea de entregas hasta 2035. De este modo, su cartera total de pedidos con Boeing asciende a 245 aeronaves, mientras que la flota actual del grupo (incluida la integración de Hawaiian) se sitúa en torno a 413 aviones con un objetivo de más de 475 aeronaves en 2030 y por encima de 550 en 2035.
El pedido complementa una flota de fuselaje estrecho basada ya en las variantes 737‑8 y 737‑9, manteniendo la flexibilidad contractual para reconvertir parte de los 737‑10 a otros modelos MAX si las necesidades operativas o regulatorias lo aconsejan. En cuanto al largo radio, la incorporación de estos cinco 787‑10 eleva el pedido firme de widebodies a 17 unidades, de las cuales cinco ya están en operación y el resto se escalonará hasta principios de la próxima década con el objetivo de operar al menos 12 destinos intercontinentales desde Seattle para 2030.
Implicaciones técnicas de la apuesta por 737‑10 y 787‑10
Desde el punto de vista técnico, el 737‑10 se posiciona como el mayor miembro de la familia MAX, con capacidad superior y mejoras de consumo por asiento frente a generaciones anteriores, lo que permite a Alaska aumentar densidad y reducir coste unitario en mercados troncales y de alta demanda. Su rango, aunque más limitado que el de versiones menores, resulta adecuado para la red doméstica extensa y para enlaces continentales de alta frecuencia, alineado con una estrategia de hub & spoke desde Seattle, Portland y otros nodos de la Costa Oeste.

El 787‑10, por su parte, ofrece una combinación de capacidad y eficiencia en rutas de hasta aproximadamente 6.000–6.500 millas náuticas, lo que sitúa en el radar de Alaska destinos europeos como Londres o Reikiavik y asiáticos como Tokio o Seúl, mencionados ya en el marco de su plan Alaska Accelerate. Para un operador históricamente centrado en el corto y medio radio, este salto supone gestionar complejidades añadidas: certificación ETOPS, gestión de fatiga, mantenimiento de compuestos, planificación de reservas de potencia y resiliencia en red ante incidencias en el largo radio.
Estandarización de flota y sinergias con la integración de Hawaiian
La culminación de la fusión entre Alaska Airlines y Hawaiian Airlines en 2024 genera un contexto particular para este pedido, al combinar una aerolínea predominantemente de fuselaje estrecho con un operador con experiencia consolidada en widebody y red transpacifica. Si bien la incorporación de 787‑10 incrementa la complejidad técnica, también permite capturar sinergias en entrenamiento, mantenimiento pesado y utilización de tripulaciones de largo radio procedentes de la estructura de Hawaiian, especialmente en segmentos hacia Asia y Oceanía.
A nivel de flota, la estrategia apunta hacia una racionalización progresiva alrededor de Boeing en fuselaje estrecho y del 787 en fuselaje ancho, lo que implica decisiones sobre la retirada gradual o reubicación de modelos anteriores de Hawaiian, como los A330, con impacto directo en la planificación de activos y en las relaciones con fabricantes alte






