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junio, sábado 15, 2024

Boeing vs. SpaceX: ¿quién ganará la carrera?

La última misión sin tripulación de Starliner a la ISS se completó con éxito en mayo del año pasado, pero aún no se ha producido un lanzamiento con tripulación

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Florencia Amat / Aviación Digital, Sp. – El intento de Boeing de llevar astronautas al espacio se ha vuelto a retrasar. Su alianza con NASA, representada en la misión Starliner, parece que va a tardar más de lo previsto en despegar. En principio, este año un astronauta debería haber llegado más allá de la órbita terrestre; planes que se retrasarán – como pronto – hasta marzo de 2024.

Estaba previsto que los cosmonautas viajarían a bordo de la cápsula con forma cónica rumbo a la Estación Espacial Internacional (ISS) el 21 de julio, como parte del programa de la NASA para vuelos tripulados comerciales. Sin embargo, la fecha transcurrió sin que se llevara a cabo ningún lanzamiento. En la actualidad, la compañía estadounidense ha asegurado que no habrá ningún vuelo tripulado hasta marzo de 2024 como muy temprano.

Esta información se hizo pública en la rueda de prensa que tanto Boeing como NASA dieron a principios de esta semana. En ella, Mark Nappi, vicepresidente de Boeing y director del programa Starliner, aseguró que «de acuerdo con los planes actuales, prevemos que la nave estará lista a principios de marzo«.

Añadió que la fecha real del lanzamiento dependería de las limitaciones del calendario espacial y se decidiría junto con la NASA y United Launch Alliance, que proporciona el cohete de lanzamiento Atlas V para Starliner.

Problemas de Boeing

En las pruebas más recientes, los expertos de Boeing identificaron nuevos inconvenientes vinculados a un sistema de paracaídas con fallas, así como a una banda de cables de arnés ampliamente empleada en la cápsula, que demostró ser inflamable bajo ciertas circunstancias.

De acuerdo con las declaraciones de Boeing, el paracaídas del Starliner requiere reparaciones críticas que no se completarán antes de finales de este año. Como resultado, el lanzamiento tendrá que ser pospuesto.

Según los informes a los que ha accedido The Daily Mail, Boeing se ha visto obligado a reservar casi 900 millones de dólares de sus ganancias para afrontar los gastos relacionados con el proyecto Starliner, incluyendo 410 millones de dólares durante el año 2020. Sin embargo, se estima que el costo total del proyecto ha aumentado a 1.400 millones de dólares.

SpaceX va a la cabeza

Parece que SpaceX, la empresa espacial de Elon Musk y la competencia de Boeing, va años luz por delante de esta última. En el mes de septiembre de 2014, la NASA eligió a Boeing y SpaceX para encargarse del transporte de astronautas de la agencia hacia y desde la ISS, otorgando a ambas compañías contratos de gran valor económico. Mientras que SpaceX ya ha hecho varias misiones tripuladas, Starliner solo ha llevado a cabo dos misiones de prueba sin tripulación hasta la fecha.

La primera de estas misiones, conocida como la Prueba de Vuelo Orbital (OFT por sus siglas en inglés), experimentó diversos problemas poco después de su lanzamiento en diciembre de 2019 y no logró llevar a cabo el encuentro programado con la ISS. La siguiente misión, OFT-2, también sin tripulación y llevada a cabo en mayo de 2022, tuvo una experiencia más favorable, ya que se acopló exitosamente con el laboratorio orbital y regresó sin inconvenientes a la Tierra.

Visto lo visto, desde Boeing van muy atrasados con el cumplimiento de sus responsabilidades contractuales con la NASA, que incluyen al menos siete vuelos tripulados hacia la ISS, incluyendo el CFT. Además, como adelantó la revista Forbes, SpaceX también superó a Boeing en su posición de largo tiempo como el segundo contratista más grande de la NASA en términos de gasto anual, recibiendo 2 mil millones de dólares de la agencia durante el año fiscal 2022.

En la industria aeroespacial, como vuelve a decir Forbes, se comenta que Boeing ha enfrentado dificultades para ajustarse a un nuevo panorama en el que emergen empresas como SpaceX, las cuales están produciendo satélites más compactos y económicos para su colocación en órbita baja terrestre. Esto ha reducido la demanda de los costosos satélites del tamaño de un autobús, que eran comunes para Boeing y otros fabricantes tradicionales.

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