
Ryanair es, sin duda, una de esas aerolíneas que han aplicado a rajatabla los conceptos del modelo low cost, hasta el punto de no parar de ampliar su flota y tener una perspectiva de crecimiento que para sí la quisieran las grandes compañías históricas de Norteamérica. Hablar de Ryanair es hacerlo de las últimas noticias, pues parte de su éxito se basa en un marketing extraordinario.
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Son expertos en estar en el candelero, pero éso no es suficiente para ganarse un puesto en un mercado tan competitivo como el del transporte aéreo, así que, con razón, nos podemos preguntar: ¿Qué hay detrás del modelo Low Cost?
Para explicar los secretos del low cost, vamos a viajar a sus inicios así que empecemos por llamar las cosas por su nombre. El «Modelo Low Cost», como tal, es una estructura empresarial en el que se reducen todos los costes reducibles, es decir, se deja la infraestructura económica en el esqueleto. Pese a que Pacific Southwest Airlines (PSA) fue la primera compañía en acercarse a los bajos costes en los años 50, no fue hasta entrados los 70 cuando Southwest Airlines comenzó unas políticas de verdadero bajo coste aplicando eso que artificiosamente llamamos «sentido común» pero que no es más que el menos común de los sentidos.

¿Cuál es el primer factor y el más necesario para aplicar el modelo Low Cost? Un líder, un capitán que guíe el barco en las aguas calmas y lo salve de la zozobra en las bravas. Esa cabeza visible en Soutwest era Herb Kelleher, un señor de un carisma y una visión empresarial increíbles. Michael O'Leary, consejero delegado de Ryanair, al que ya lo conocemos por sus excentricidades, ha conseguido poner a la compañía en lo más alto y que en los corrillos solo se hable sobre ella.
Las excentricidades nunca han sido patrimonio exclusivo de O'Leary. Kelleher ya tenía por costumbre disfrazarse. En la imagen, Kelleher, vestido de Elvis, y, O'Leary de torero.
Southwest empezó operando en Texas, por lo que las aerolíneas autóctonas hicieron todo lo posible para evitarlo, levantando barreras de entrada y mediante políticas federales (Enmienda Wright) para que no pudieran colocar su centro de operaciones en el antiguo aeropuerto de Dallas (se había recien construido Dallas-Fort Worth). ¿Qué hizo Southwest? Se amoldó a la situación y centró sus operaciones en ese antiguo aeropuerto, Dallas Love Field, logrando un éxito sin precedentes, en parte gracias al eslogan «Make Love, Not War» (no solo fue una consigna hippie) que acercó a los potenciales pasajeros a sus instalaciones. A partir de ese momento, Southwest comenzó a operar con otros aeropuertos pequeños en trayectos cortos. ¿Y Ryanair? Por su parte, la aerolínea irlandesa hace lo mismo. Así que, las aerolíneas de bajo coste sitúan sus centros de operaciones en aeropuertos relativamente pequeños, reduciendo costes de operación y de mantenimiento de las operaciones.
Lógicamente, las compañías han de colocar a las personas en el centro de sus objetivos, y cuando hablo de personas no solo me refiero a los viajeros sino a los propios trabajadores, dándoles garantías, formación, remuneración (no solo económica) y reconocimiento. Las campañas de marketing, aparecer en los medios en los momentos oportunos y saber estar siempre en boca de la gente es algo fundamental; sin una buena estrategia para darse a conocer sería imposible que nada de ello prosperase.

Hay un último secreto que hace de las low cost una apuesta rentable: Por regla general, solo utilizan un tipo de avión estándar. La explicación es que operando aviones muy comunes y utilizados se aseguran tener menores costes de mantenimiento, encontrar siempre repuestos y técnicos, poder aterrizar en la mayoría de aeropuertos y además, abaratar costes estructurales y de operación. Así, tanto Southwest como Ryanair utilizan, casi exclusivamente, B 737 en sus distintos modelos.
Actualmente, los aviones de la clase B 737 son los más utilizados para rutas low cost. Mientras que Soutwest utiliza principalmente B 737-700, Ryanair lo hace con B 737-800
Como habréis podido comprobar, la esencia de una compañía low cost es algo más que adelgazar la estructura económica de la aerolínea; se necesita un líder con valor que dirija, una idea clara del negocio y de los medios necesarios, y, sobre todo, magníficas campañas publicitarias que den a conocer las posibilidades de la compañía.








